1998: Hito y complejo de Francia

Deschamps, en su etapa como seleccionador y como jugador, campeón en el 98. GABRIEL BOUYSAFP

La nueva generación tiene la oportunidad de superar el peso de la herencia

Aquellos héroes, conocidos como el ‘lobby’, fueron técnicos o comentaristas

Francia tuvo su propio 98, aunque nada tuvo que ver con el 98 español, un siglo atrás, marcado por las pérdidas de un imperio colonial. El 98 del siglo XX fue el jour de gloire, el año en que la selección de fútbol levantó su única Copa del mundo, en París. Un hito y una losa, convertidos sus jugadores en héroes y en creadores de opinión, técnicos y hasta seleccionadores. Se les conoce como el ‘lobby Francia 98’. Crecer bajo su juicio ha sido difícil para los futbolistas de generaciones posteriores. En Moscú tienen la oportunidad de superar para siempre un complejo.

Didier Deschamps era el capitán del 98. Es el segundo de los campeones que alcanza el puesto de seleccionador, después de Laurent Blanc. Conocedor del peso que supone la herencia, no habla nunca de la experiencia vivida hace 20 años con sus hombres, ni siquiera intenta establecer analogías que parecen evidentes. «Sería injusto hacerlo. Ellos tienen que vivir su tiempo. Yo no les hablo jamás, jamás, jamás de mi historia», reitera el técnico.

«Ellos saben lo que significó -continúa-. Algunos no habían nacido, pero han visto las imágenes. Yo estoy aquí con ellos para escribir una nueva historia, lo más bella posible. Estoy orgulloso de lo que pasó hace 20 años, claro, pero lo más importante es hoy y mañana. Yo no soy de los que mira en el pasado. Quizás un día diré basta y aprovecharé para hacerlo, pero ese momento no ha llegado todavía». Deschamps, en realidad, hace lo contrario que todo el entorno de la selección y de un país que no ha dejado de analizar su fútbol desde los ojos del 98.

Sólo tres excepciones

La opinión la han marcado sus voces, dedicados la mayoría a colaborar con medios de comunicación, cuando no están implicados en trabajos en el fútbol profesional. El propio Zidane lo hizo para Canal Plus durante un tiempo. Henry ha compatibilizado su labor como ayudante de Roberto Martínez en Bélgica como comentarista de Sky Sports, donde llegó a cobrar 4,5 millones de euros, aunque no una vez en la fase final del Mundial, en Rusia. Lizarazu dicta su opinión en las páginas de L’Equipe. No son los únicos que lo han hecho.

Apenas tres de los miembros de la campeona del 98 están separados del fútbol, ya sea en cargos técnicos o como comentaristas. Son Thuram, dedicado a causas sociales; Barthez, ligado al mundo del automovilismo, y Guivarc’h, que se dedica a vender piscinas en Bretaña. Lo mismo sucede con quien ocupó el puesto de Deschamps, Aime Jacquet, en su retiro de Aventin. La presión que soportó le hizo estallar contra los medios tras levantar el título.

Epitafio definitivo

La generación del 98 ganó la Eurocopa siguiente, en 2000, pero cayó en la primera fase del siguiente Mundial, en Corea y Japón. Sin embargo, los supervivientes volvieron a tener una segunda oportunidad, en Alemania. Perdieron frente a Italia en una final en la que jugaron Barthez, Thuram, Vieira, Zidane y Henry, como titulares, más Trezeguet y Wiltord. Fue el epitafio definitivo. Enfrentados entonces a su seleccionador, el irreverente Raymond Domenech era ya consciente de la situación en la que se encontraba el fútbol francés. «No dejamos de hablar de Kopa hasta 1984, de Platini hasta 1998 y sucederá lo mismo con Zidane hasta que Francia gané otro título», dijo, meses después de aquella final, a este periodista, en París.

Esa oportunidad llegó hace dos años, en la Eurocopa que el país galo organizó, pero la derrota llegó en la final y en el escenario más cruel: Saint-Denis, el santuario del 98. El estadio Luzhniki de Moscú, a casi 3.000 kilómetros de París, puede provocar, en cambio, un efecto liberador sobre los miembros de la nueva generación. Francia llegó a formar con el once más joven del Mundial (24,7 años). «Recuerdo a mi padre gritando los goles aquella tarde. Tenía cinco años, no comprendía bien el significado, pero aquella emoción me marcó para siempre», recuerda Varane. Por ello Deschamps no quiere hablarles de aquello. Una final ya es bastante peso en sus piernas.

Deporte Internacional - Fuente Original

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