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España

28-A | Los dilemas del segundo asalto

Debate Atresmedia

Nuevo enfrentamiento a cuatro

Un combate político en televisión a doble vuelta con 24 horas de intervalo obliga a los aspirantes a un gran esfuerzo de concentración mental y a un notable desgaste psicológico

Pablo Casado, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias, ayer, durante el debate en TVE. REUTERS

Un combate político en televisión a doble vuelta con 24 horas de intervalo obliga a los aspirantes a un gran esfuerzo de concentración mental y a un notable desgaste psicológico. El primer asalto se puede preparar en la intimidad de las sedes de los partidos, con el equipo de confianza de los candidatos. Pero el asalto definitivo, no. Para el combate final, los aspirantes deben realizar el entrenamiento bajo la influencia del escaparate mediático. Prensa, radio, televisión, diarios digitales, y redes sociales. El relato de los medios -sobre todo de los afines- sobre el papel de los candidatos pesa como una losa en la preparación del debate de Atresmedia. Y el riesgo para ellos es que el reflejo mediático del programa del lunes por la noche condicione el programa del martes por la noche. Todos los contendientes han podido leer, escuchar y analizar lo que se ha dicho de su papel en el debate de RTVE y bajo ese influjo se situarán detrás de los atriles preparados por Atresmedia. Con la particularidad de que el formato permite a los moderadores hacer preguntas y repreguntas.

Pedro Sánchez, en tanto que aspirante a revalidar el título de presidente, es quien tiene más que ganar y también más que perder. Por eso no quería él más que un debate, como mucho. Hay coincidencia en los análisis sobre su actuación en el primer asalto. Salvó la posición sin arriesgar mucho. Su campaña, de hecho, no ha sido de alto riesgo. Si en este segundo asalto quiere variar su posición tendrá que hacerlo con cuidado, no vaya a ser que resbale en algún momento. Y ya sabe que tendrá que prepararse con más tino las respuestas sobre los indultos y los pactos poselectorales, las dos cuestiones sobre las que percutirán los ataques a su derecha -por partida doble, Casado y Rivera, y a su izquierda, donde se asienta Pablo Iglesias. Desde el punto de vista formal, Sánchez tiene el reto de presentarse ante la Cámara más relajado y menos envarado. Una cosa es cultivar la imagen presidencial y otra relajar los músculos. Ambas cosas son necesarias.

El peligro al que se enfrenta Rivera

Pablo Casado ha escuchado y ha leído los análisis y opiniones en los que se ha decretado en la mañana del martes que Albert Rivera le ganó la batalla interna del centro-derecha el lunes por la noche. El candidato del PP quiso hacer caso a quienes le dicen que además de un líder aguerrido en la descalificación tiene que parecer un presidente del Gobierno, que es lo que aspira a ser. Acostumbrados a sus mítines sin complejos ni medida, Casado hizo un importante ejercicio de contención en el primer debate. El líder del PP dio satisfacción a ese sector de su partido que pide moderación y centrismo. Pero seguramente no a esos otros que demandan más, y más, y más. Su dilema, que seguramente habrá consumido muchas energías dentro de su equipo, es si en horas 24 puede volver al Casado de los mítines o continuar en modo presidenciable. Se admiten apuestas.

Albert Rivera es quizá quien encara este último debate con más peligro. Son tantos y tan exagerados los elogios que ha recibido en algunos medios sobre su actuación, que le han puesto el listón muy alto. No puede defraudar a su público. Las performances que se le puedan ocurrir para llamar la atención en la noche del martes tienen que ser, al menos, igual de buenas que las de la noche del lunes. No tiene fácil mejorar lo de la foto con el marco ni lo del silencio. Los creativos de Ciudadanos tendrán que trabajar contra el reloj.

El caso de Pablo Iglesias es aparte. El líder de Podemos está irreconocible. El político revolucionario que ganó el debate de hace cuatro años en el mismo sitio a base de retórica rupturista es ahora el candidato más tranquilo de los cuatro. Ha cambiado la revolución por la Constitución y la cal viva por la colaboración con el PSOE. Gasta un tono profesoral muy agradable al oído del espectador. Si no fuera porque es imposible, diríase que Pablo Iglesias está siguiendo los consejos de Íñigo Errejón para dotar de amabilidad al relato de Podemos. Habrá que estar atentos para saber cuál de los Iglesias se aparecerá en Atresmedia.

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