Ancelotti y el Edén que un día fue Anfield

Carlo Ancelotti felicita a su defensa Faouzi Ghoulam, tras un partido. CIRO FUSCOEFE

El 2 de mayo de 2010, Carlo Ancelotti era entrenador. El 2 de mayo de 2010, Carlo Ancelotti se sentó en el banquillo visitante con mucho en juego. El 2 de mayo de 2010 salió victorioso del problema. «Tengo muchos recuerdos en Anfield. El último es muy bueno porque allí ganamos una Liga con el Chelsea», explicaba el técnico italiano (Reggiolo, 59 años) en una entrevista en la web de su actual club, el Nápoles. Le preguntaban, cómo no, por la visita que debe rendir con su equipo al campo del Liverpool en la última jornada de la fase de grupos de la Champions League.

Los recuerdos de Carletto no son del todo exactos. Aquel 2 de mayo de 2010 no es la última vez que estuvo en Anfield como técnico visitante (volvió con el Chelsea pocos meses después, en una intrascendente jornada de la Premier 2010-2011, y con el Real Madrid en octubre de 2014, victoria por 0-3). Tampoco ganó la Liga (cierto que la dejó sentenciada a falta de la última jornada, donde goleó al Fulham en Stamford Bridge por 8-0), pero sí tiene razón Ancelotti cuando rememora aquel partido para explicar lo que se juegan los suyos este martes a las 21.00 horas.

Carlo, tipo afable, educado, siempre con una sonrisa, es un hombre al que la Liga de Campeones quiere, y mucho. Es uno de los tres técnicos que han ganado el trofeo tres veces, pero sólo él lo ha conseguido con dos equipos diferentes. Levantó dos con el Milan (2003 y 2007) y una con el Real Madrid (2014). Bob Paisley con el Liverpool (1977, 1978 y 1981) y Zinedine Zidane (2016, 2017 y 2018) lo hicieron a los mandos de un color.

Se enfrenta pues al reto de seguir vivo en su competición fetiche, esa de la que no se esconde. «Si superamos el grupo será una satisfacción, y de ahí en adelante, todo puede pasar», reflexiona quien tiene más papeletas que nadie para salir vivo del grupo de la muerte de esta Champions. Es más, tiene ante sí la posibilidad de dejar en la cuneta a uno de sus múltiples ex equipos, ni más ni menos que el París Saint Germain. Las cuentas para él son sencillas. Le basta ganar, claro, y empatar, pero incluso le vale con perder por un gol frente al Liverpool de un Jürgen Kloop que también ve el abismo tras llegar a la final el año pasado. El megaproyecto del PSG es el que también está en la cuerda floja. Debe ganar en Belgrado al Estrella Roja. Y parece fácil. Pero no lo han hecho ni el Liverpool ni el Nápoles.

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