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Así operaba el cártel de los Aranda que corrompió el fútbol español

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Carlos Aranda tiene un récord como futbolista: jugó en ocho equipos de Primera. Unidos a los de Segunda fueron 12. Casi dos décadas, desde que Vicente del Bosque lo acogió en la cantera del Madrid, un tiempo en que el fútbol aparecía como ese espacio impoluto que podía apartarlo de la delincuencia en la que había crecido. Vana esperanza para quienes lo intentaron, porque el jugador nunca dejó de ser una pieza del clan de los Aranda, que habrían utilizado su condición de futbolista para blanquear dinero procedente del narcotráfico, actividad en la que operarían como un verdadero cártel, mediante la adquisición de inmuebles, según una gran investigación realizada por la policía durante 13 años, a la que ha tenido acceso EL MUNDO. Como era futbolista y rico, nadie sospecharía de sus compras. La operación Oikos, que investiga los amaños del Huesca-Nàstic y el Valladolid-Valencia, vuelve a señalar al blanqueo del narcotráfico como gran objetivo, ahora a través de las apuestas.

El futbolista acabó su carrera en el equipo de El Palo, en 2016, el barrio de Málaga convertido en epicentro de la actividad de los Aranda relacionada con las drogas, que estaría dirigida por Salvador Aranda, tío de Carlos. Toda su operativa fue investigada por el Grupo de Estupefacientes de la UDYCO-Costa del Sol de la Comisaría de Málaga y dio como fruto un gran sumario pleno de detalles. A pesar de las innumerables evidencias acumuladas por la investigación durante años, todos los miembros del cártel fueron absueltos tras declararse nula la escucha telefónica con la que se inició el caso.

Por un defecto de forma y la pericia de sus abogados, Carlos Aranda se libró de una acusación de dos años y nueve meses de prisión por blanqueo y del pago de una multa de 1,2 millones de euros. Su tío, de una pena de casi 15 años de prisión y una multa de más de siete millones. La Audiencia Provincial de Málaga absolvió al clan no sin antes «dejar constar su pesar porque un trabajo tan denodado como el que han desarrollado las fuerzas policiales no hayan producido fruto alguno».

Parte de esa información ha servido a la policía para contextualizar en el crimen organizado al ex futbolista. «La pertenencia a una organización criminal dedicada al amaño de partidos no es el negocio principal de Aranda», subrayan los investigadores de Oikos, «sino que podría considerarse como una inversión para el posterior blanqueo de capitales procedente del tráfico de drogas». En su gran operación, la UDYCO acreditó que los Aranda se dedicarían al «tráfico de hachís y cocaína». Responderían con «la extorsión, agresiones y palizas a personas que intentaban introducirse en dicho mercado ilícito».

Junto al núcleo familiar, los investigadores sitúan a «terceras personas no pertenecientes a la familia Aranda» que llevarían a cabo «labores ejecutivas en actos ilícitos». La dirección del cártel correría a cargo de los Aranda Ortega, tíos de Carlos Aranda. Éstos tienen establecido su cuartel general en su residencia familiar, un domicilio «caracterizado por su estrechez y ausencia de puntos de vigilancia». Al frente, la policía sitúa a Salvador Aranda Ortega, alías Chava, que oficialmente ha estado inscrito en las listas del paro, a pesar de disfrutar de un elevadísimo tren de vida, así como a su hermano Rafael, apodado Falu.

Ambos se habrían dedicado durante los últimos años al «transporte de grandes cantidades de hachís y polen de hachís desde Marruecos a las costas malagueñas» que custodiaban en una nave industrial a las afueras de la ciudad. Para facilitar el trasiego de la mercancía habrían adquirido varias motos de agua para transportar los fardos de hachís desde la embarcación nodriza hasta la playa y se asociaron con el propietario de un club de buceo de la zona.

Golpe policial en 2007

Sin embargo, uno de los grandes golpes policiales contra esta organización criminal tuvo lugar tras detectarse una gran compra de droga por parte del cártel en Senegal en enero de 2007. Chava habría acudido en persona como capo de la banda a Dakar a bordo de un Mitsubishi 4×4 gris y habría cerrado en el Hotel Le Meridien de Dakar la adquisición de un gran cargamento de cocaína. Previamente habrían pagado la droga enviando dinero desde España a Costa de Marfil a través de un intermediario, Marijam Jaagatic, conocido con el pseudónimo de Marco, que se encuentra en paradero desconocido y sobre el que pesa una orden de busca y captura por parte de la justicia española.

Aranda persigue a Messi durante un Barcelona – Zaragoza en 2012.

El cártel habría llevado la droga a España por carretera. Embalada en un chalé de Mijas, cuando se disponía a trasladar la mercancía empaquetada a su cuartel general en una comitiva repleta de medidas de seguridad, fue interceptado por la policía. Uno de sus integrantes opuso resistencia, llegó a estrellar su vehículo contra el de los agentes y tuvo que ser reducido por la fuerza. En el interior de un Mercedes que integraba el grupo se intervinieron varias bolsas de deporte con 39 paquetes de color negro que contenían casi 40 kilos de cocaína con una pureza de entre el 40,6% y el 51,1% listas «para el corte» y su inmediata distribución.

Esta interceptación desató una oleada de registros en los domicilios de los integrantes del cártel en los que, además que confiscarse más droga, se desmanteló un laboratorio en el que disponían de «rollos de papel film transparente, tres balanzas, un colador, mascarillas, guantes de látex y máscaras anti polvo».

La primera pista que conectó a Carlos Aranda con el cártel adoptaría la forma de un préstamo simulado de 55.000 euros que realizó a su tío en 2005 para comprar unas fincas en el municipio malagueño de Rincón de la Victoria. Pero también fue detectada su intervención en la «ayuda» a su tío para blanquear dinero con la compra de varios inmuebles de la promoción Residencial Almenara del referido municipio y en un bungalow ubicado en el término municipal valenciano de Oliva.

La policía considera que su tío, el Chava, «se sirvió de la solvencia económica» de su sobrino «como jugador profesional de fútbol con unos ingresos importantes». Por lo que mediante su intervención «pudiera justificar operaciones cuando en realidad eran pagadas y llevadas a cabo» por él «con dinero de procedencia ilícita».

Todavía con la satisfacción de su absolución en el gran proceso contra el clan, por un defecto de forma, y con una abultada hoja de antecedentes penales por otros casos, varios de ellos relacionados con las mismas actividades, Aranda afronta ahora su partido judicial más importante en la operación Oikos, que le señala como el gran corruptor del fútbol español en colaboración con algunos otros jugadores, como el ex madridista Raúl Bravo. «Aquí hemos pagado los que menos culpa tenemos», aseguró, enigmático, a su salida de la prisión de Zuera tras ser detenido, dejando entrever quizás que, como asegura la policía, él siempre ha sido una pieza utilizada por una organización criminal mayor, pero no su cabecilla.

Armas de guerra, drogas y diamantes

Los diversos registros realizados por los agentes de la UDYCO en los inmuebles controlados por el clan Aranda, en Málaga, durante la gran operación policial al que fue sometido durante más de 10 años, no sólo revelaron la posesión de todo tipo de estupefacientes, sino de armas y dinero en efectivo, además de joyas y piedras preciosas.
En una de las intervenciones, como puede leerse en la documentación judicial, a la organización le fue intervenido abundante armamento empleado para garantizar su seguridad. Su arsenal albergaba incluso «armas de guerra», en palabras de la policía, como un subfusil sin número de serie, del calibre 9 milímetros parabellum, con silenciador, y varias pistolas semiautomáticas.

Al jefe del clan, Salvador Aranda, tío del futbolista Carlos Aranda, y a sus lugartenientes se les confiscaron, en otro de los registros, estupefacientes que sumaban en total un valor de 2,3 millones de euros en el mercado. Además, en el mismo lugar los agentes encontraron numerosos diamantes y esmeraldas, monedas de plata y oro, y espectaculares anillos de oro con incrustaciones de piedras preciosas. Asimismo, unos medallones de oro macizo que tenían la siguiente inscripción: «Patria y libertad».

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