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Perú

Ataque y defensa: 20 años de intensa lucha entre las FF.AA. y el terrorismo en el Vraem

En los últimos 20 años, desde la caída de Óscar Ramírez Durand, alias ‘Feliciano’ y la toma de mando de los hermanos Quispe Palomino en Sendero Luminoso, se han cometido una serie de ataques y contraataques entre las Fuerzas Armadas y las columnas terroristas que operan en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Este es un recuento de las acciones principales:

1. Los cautivos de Techint

Martes 9 de junio del 2003.  Todo ocurre en minutos. El grupo agazapado en las quebradas próximas al campamento de la empresa argentina Techint, en Toccate, La Mar (Ayacucho), recibe la orden y baja a la carrera con fusiles en ristre. Son 20 terroristas de Sendero Luminoso que irrumpen en el campamento y toman como rehenes a más de 70 trabajadores que duermen en carpas. Con el local bajo control, la columna armada obliga a los empleados peruanos, argentinos y colombianos a formar en filas y escuchar sus instrucciones. Antes del amanecer, todos parten en camionetas de la empresa hasta el último tramo de la vía que da acceso a la selva espesa de Ayacucho. Desde ese punto, donde espera otra tropa de senderistas, la caravana emprende una caminata de cinco horas hacia algún paraje tupido.

Los rehenes cargan cajas con alimentos, equipos de comunicación y explosivos. Algunos reconocerán entre la masa terrorista a mujeres, adolescentes o niños de expresión rígida. El primer contingente de las Fuerzas Armadas llega al campamento mientras la sede de Techint en Lima recibe una carta en que ‘Alipio’, mando militar de Sendero, hace dos requerimientos para mantener con vida a los cautivos: US$800 mil y alimentos. Entonces, empiezan las negociaciones por teléfono. “Exija, señor. Vamos a tomar otras medidas. Si quiera dame una parte de la economía”, le dice ‘Alipio’ al jefe de seguridad de la empresa. La mañana siguiente una cámara de video captará el sobrevuelo de un helicóptero llevando lo que parece ser el pedido del cabecilla. Los secuestrados tendrán que hacer columnas de humo para guiar al helicóptero a su posición. 

En Lima, el gobierno de Alejandro Toledo negará que se haya pagado alguna liberación. Pero en Ayacucho, la tercera conversación captada entre ‘Alipio’ y Techint da cuenta del arreglo alcanzado: “Más rato conseguir US$200, eso me puedes mandar”, replica ‘Alipio’. Los senderistas entregarán los alimentos recibidos y ordenarán que nadie se mueva mientras se apartan. Dirán que la empresa ha hecho llegar su pedido a otro punto y desaparecerán en la espesura de la selva. A las 3 p.m. de ese día (10 de junio) los primeros trabajadores secuestrados llegarán al campamento. Angustiados, pero sanos y salvos. 

2. La excelencia falló (*)

El 22 de febrero 2007, mediante el D.S. Nº 003-2007, las Fuerzas Armadas declararon de necesidad pública e interés nacional el esquema de intervención estratégica integral denominado “Una opción de paz y desarrollo en seguridad para el Valle de los ríos Apurímac y Ene – Plan VRAE”. En este plan, por primera vez, se reconoce la presencia de remanentes terroristas que no permitían el desarrollo de la zona.

Entonces, para pacificar toda esa cuenca se creó el Comando Especial de las Fuerzas Armadas, responsable del planeamiento y la conducción de las operaciones contra el terrorismo. Como respuesta a esta preocupación surgió la Operación Excelencia 777, cuyo objetivo expreso fue contrarrestar las acciones terroristas. Se inició el 30 de setiembre del 2007, a cargo del general EP Raymundo Flores Cárdenas, comando ‘Castor’. 

En las siguientes semanas, las patrullas de las fuerzas combinadas, según el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, lograron destruir nueve campamentos senderistas. Ocurrió en Bidón, en ese entonces considerado ‘santuario de Sendero Luminoso en el VRAE’, José Olaya, Río Seco, Mazángaro, Unión Mantaro, Sanabamba, Jerusalén, Toroccocha y Johnson. Todos estos eran puntos estratégicos donde los terroristas cobraban cupos por paso de insumos químicos y por trasiego de droga.

Algunos especialistas en temas de seguridad cuestionaron esta campaña debido al alto número de bajas entre las Fuerzas Armadas. Un sector de las Fuerzas Armadas también reconoció esto como “un costo trágico”. Sin embargo, se trató de la primera campaña de envergadura porque participaron, de manera conjunta, el Ejército, La Marina, la Fuerza Aérea, y la Policía Nacional. 

En esta primera operación conjunta, las patrullas se enfrentaron a un territorio agreste, lleno de trampas en tierra y entre los troncos de los árboles; al mismo tiempo decomisaron insumos químicos, hoja de coca, armamento, municiones, bibliografía senderista, y destruyeron decenas de pozas de maceración de hojas de coca.

Al mismo tiempo, esta operación reflejó muchas debilidades, según denuncias de pobladores y algunos familiares de reclutas. Ahí se detectó, por ejemplo que algunos soldados del Servicio Militar Voluntario no tenían la edad adulta, menos el entrenamiento debido, lo cual estaba mellando la moral de los soldados y acarreaba las bajas.

(*) Colaboración del especialista en temas de narcotráfico y terrorismo Pedro Yaranga.

3. Guerra avisada sí mata

Sábado 10 de octubre del 2008. Bajo la sombra de un árbol de molle, el sargento Amador Ichpas Taype es un retrato al espanto. Está en una esquina de la plaza de Tintay Punko, en la provincia de Tayacaja (Huancavelica), entre las correrías de otros soldados que lo protegen. A unos 50 metros, sobre el suelo arcilloso del viejo templo del distrito, los cadáveres de 13 militares yacen cubiertos con bolsas verdes. Son los compañeros de Ichpas, y parte de la patrulla contraterrorista del centro poblado Cochabamba Grande que el día anterior ha sido atacada por más de 60 terroristas. 

Ichpas debe declarar ante el fiscal huancaíno Juan Pacheco Gallupe y por eso lo espera. Ha sido el único sobreviviente ileso del atentado. Otros 14 de sus compañeros están graves. Uno de ellos morirá dentro de poco, casi cuando estén por iniciarse en Tintay Punko los velorios del chofer Ulises Pichardo y de su copiloto, Alicia García, ambos civiles. El saldo final será de 16 muertos. 

El sargento Ichpas recuerda que su regimiento había sido invitado al izamiento de bandera por el aniversario de Tintay Punko, en la plaza donde ahora está. Cierra los ojos para hurgar en su memoria. De vuelta al cuartel de Cochabamba Grande, militares y algunos civiles se habían repartido en cuatro camiones. No sabe qué hora era, pero sí que el convoy atravesaba el sector Curva Sajona cuando una carga de dinamita hizo volar en pedazos al primer camión. Él cayó a un barranco al volcar el segundo, donde iba. La última que imagen que recuerda es al chofer Pichardo rogando por su vida a los terroristas que remataban militares en la pendiente. Ichpas dice que los comuneros sabían de una columna armada que la semana anterior merodeaba la zona y preparaba una venganza. Se pregunta si todo ha sido por la operación Excelencia 777 en Vizcatán. Y puede que con eso ya sepa la cruda verdad. 

4. Tragedia en Jueves Santo

Jueves 9 de abril del 2009. 10:20 a.m. Treinta y un agentes salen de la Base Contraterrorista de Sanabamba, en el distrito de Ayahuanco (Huanta, Ayacucho), con dirección al puente Supichipampa. Son dos patrullas con similar cantidad de hombres que avanzan separadas a unos 100 metros y deben recorrer, al menos, 10 kilómetros. La intención es sorprender en las inmediaciones del puente a la columna terrorista que custodiará el traslado de un cargamento de insumos químicos hacia algún punto del Vraem. Sanabamba es uno de los accesos a Vizcatán, zona de campamentos de Sendero Luminoso y laboratorios para el procesamiento de clorhidrato de cocaína. 

El camino al que han llegado las tropas luego de cuatro horas de trayecto bordea el cerro Ccompata. Ya es la tarde del Jueves Santo. Una sucesión de estallidos brota desde el suelo y las laderas del cerro al paso de los militares. Sobre la maleza y las piedras, a donde han caído, llega una descarga incesante de municiones. Los soldados buscan sobreponerse pero varios irán muriendo en el intento. Hombres y mujeres, que lanzan gritos en quechua, surcan la pendiente e inician el remate de los moribundos. El primer grupo de asesinos con machetes en mano va directo hacia el capitán EP Fernando Suárez Pichilingue, que está a cargo de todo el contingente. 

Los heridos, como el cabo Julio Fernández Vargas y el soldado Luis Pérez Shuña, inician un débil contraataque que permite a los terroristas cargar con fusiles Galil, ametralladoras y lanzagranadas, antes de huir. Trece agentes muertos quedarán esparcidos en aquel remoto paraje de Sanabamba. Los cuerpos recién podrán ser recuperados 48 horas después por comandos que sortean el mal tiempo y llegan a la zona en tres helicópteros MI-17.

En los diarios habrá una alerta en torno a la masacre de Sanabamba. Se trata de la desaparición del cabo Ney Mozombite Arimuya en medio de la reyerta. En dos días más, su nombre alargará la lista de militares fallecidos que ha dejado el ataque (14 en total). Para entonces lo habrán hallado muerto a ocho kilómetros del Ccompata. 

5. Enfrentamiento abierto en Secce

Sábado 1 de agosto del 2009. Es casi medianoche y la plaza de San José de Secce, en el distrito de Santillana (Huanta, Ayacucho) está vacía. Los campesinos duermen en sus casas o, como cada 1 de agosto, festejan en las chacras la tradicional herranza de su ganado. De tres combis que frenan en seco y cortan la calma, diez hombres con fusiles corren al cerro que se levanta a un extremo del pueblo. En menos de cinco minutos habrán entrado al colegio José Santos Figueroa y quedan a tiro de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes). Dos grupos más se parapetan en las esquinas de la plaza que están frente a la base policial. Los últimos ocho hombres que saltan de las combis van con una escalera hacia la Municipalidad de Santillana, a un lado de la Dinoes. No hay todavía movimiento extraño evidente.  

Del local de la policía salen Meylina Tineo Acero, novia del suboficial Giussepe Carlotto Soto, y Milagros Acero Zubiate, madre de la joven. Han llegado de visita, horas antes, desde Lima. Aun en el frío que adormece, las dos se sientan en una banca y conversan. El bombardeo empieza desde las esquinas de la plaza hacia la puerta de la base. Los 10 agentes que están dentro contraatacan como pueden, pero huyen pronto de la incesante embestida de granadas. Algunos saltan a la parte alta del municipio y allí cruzan otra balacera con los terroristas que habían penetrado los adobes para tomar el local. Otros, que salen por el colegio, se enfrentan al grupo de subversivos que aguardaba con bombas caseras. Allí morirán los suboficiales Javier Fernández y Giusepe Carlotto. En la base queda el cadáver del agente Prudencio Luorico Mamani. 

En más de una hora de tiroteo ningún terrorista ha podido ingresar a la Dinoes. En la plaza, Milagros Acero cae baleada mientras Meylina Tineo llega, malherida, hasta un rincón del municipio. Las dos mueren en medio de la refriega. Ya de madrugada, los comuneros aseguran que fueron 50 los terroristas y que a tres de estos se los llevaron ensangrentados en las combis. Señalan hacia las alturas de Purus o a Tircos, dicen que desde allí los terroristas bajan cada mes al resguardo de cargamentos de droga. La comunidad vive bajo terror y ahora los vecinos solo quieren irse. 

6. El secuestro en Kepashiato
Por Ralph Zapata

Lunes 9 de abril de 2012. El alcalde de Kepashiato, Rosalío Sánchez, despierta sobresaltado, luego de escuchar gritos, a los perros ladrar furiosos, y toques violentos en su puerta. Son las cuatro de la madrugada. Un grupo de hombres, con fusiles y vestidos con chalecos y botas de hule, le exige a Sánchez que despierte a todo el pueblo y lo reúna en la plaza principal. Ahí, entre caras de desconcierto, identifica a 39 trabajadores del proyecto Camisea que han sido retenidos por terroristas de Sendero Luminoso. ‘Gabriel’ -alias de Marco Antonio Quispe Palomino- encabeza el secuestro. Antes de marcharse con los cautivos, el sanguinario cabecilla y sus secuaces reparten propaganda subversiva y amenazas. En el camino, en medio de la espesa selva del distrito de Echarate, en La Convención (Cusco), ‘Gabriel’ ordena liberar a una doctora, una enfermera y a un trabajador con quien envía una carta con sus peticiones: una millonaria suma de dinero a cambio del rescate, además de explosivos y alimentos.  

La noticia del secuestro de 36 trabajadores de Camisea remece las altas esferas del gobierno de Ollanta Humala. De inmediato Kepashiato -ubicado a 10 horas de Cusco- y las zonas aledañas a este pueblo se llenan de militares, policías y periodistas. Tres días después, el jueves 12 de abril, los terroristas atacan el helicóptero que copilotaba la capitana PNP Nancy Flores Paúcar. Su cuerpo inerte vuelve a Kiteni (la base de operaciones de las Fuerzas Armadas, ubicada a una hora de Kepashiato) en la tolva de una camioneta, custodiada por una patrulla militar. Otros tres soldados y un civil también resultan heridos en ese enfrentamiento. Más tarde, otro helicóptero con un grupo de policías también será baleado por los subversivos. Los agentes Lánder Tamani y César Vilca quedan heridos y después mueren; mientras que el suboficial Luis Astuquilca evade al enemigo y retorna a casa tras sobrevivir durante 17 días en el medio de la selva. Todos lo creían muerto. 

Los enfrentamientos seguirán entre ambos bandos. La madrugada del sábado 14 de abril los rehenes son liberados en Alto Lagunas. Ese día, al mediodía, un equipo de El Comercio los encuentra, en el bosque, cuando abordaban un bus que los llevaría hasta una zona segura. No hay militares ni policías en ese momento, solo periodistas. El presidente Humala declara después que lanzará una ofensiva contra la columna terrorista de ‘Gabriel’. En Lima, todos creen que las fuerzas armadas cercan a los subversivos, pero esa teoría se desvanece cuando los periodistas Ralph Zapata y Sebastián Castañeda, además de otros reporteros de televisión, se encuentran con el camarada ‘Gabriel’ y otros terroristas el martes 17 de abril, en medio de la selva de Alto Lagunas. 

Los periodistas caminaron cinco horas hasta hallar a los subversivos pero no vieron ningún cerco militar. Solo bosque, el río, el cantar de los pájaros y ‘Gabriel’ con sus cómplices, quienes se ufanaban de su poderío militar. La Operación Libertad -como fue bautizado este episodio- dejó ocho integrantes de las Fuerzas Armadas muertos, así como dos ministros (Alberto Otárola, de Defensa; y Daniel Lozada, del Interior) obligados a renunciar debido a la desastrosa gestión del rescate de los obreros de Camisea.

7. En las fauces de Sendero

Miércoles 4 de julio del 2012. Es el quinto día de caminata y desde la quebrada más próxima a la comunidad nativa de Shora, el comandante PNP Jhonel Castillo Mendieta cree haber divisado la primera señal. Son cinco cabañas juntas aunque sin aparente movimiento alrededor, en el Sector 5, en Satipo (Junín). Castillo está al mando de 35 hombres, entre agentes antidrogas y senderistas arrepentidos que ahora colaboran como guías de la policía. Todos visten una indumentaria para mimetizarse con los terroristas que mantienen bajo cautiverio e instrucción a un grupo de niños que llaman ‘pioneritos’. Visten polos hechos jirones, pantalones de buzo, botas de jebe.  

En las cabañas solo hay una mujer al cuidado de 11 niños. El comandante Castillo repara en que ella ha creído que son comuneros de la zona. La mujer le indica las chacras a donde han ido los hombres del campamento y la hora en que deben regresar. Los niños le cuentan el tipo de armamento que los hombres han llevado mientras, con disciplina militar, cantan de memoria consignas senderistas y entierran los desperdicios. Saben bien que todo allí puede ser una pista. 

Agazapados a ambos lados de la trocha que conduce al campamento, los agentes irán atrapando a cada terrorista que haya emprendido el camino de regreso. Uno a uno será desarmado y llevado a la cabaña más amplia. Los niños, y las mujeres que han ido llegando, ya están agrupados en otra. No será necesario un solo disparo hasta que aparece el terrorista encargado del lugar. Lo conocen como el ‘Tío Jorge’ y es el más peligroso. Un tiro al hombro lo dejará indefenso.

El punto de retorno será el caserío de Sanal, a tres horas de trayecto a pie. El comandante Castillo encabeza ahora una caravana de 11 niños que a ratos se llaman ‘camarada’ o ‘compañero’. Hay 11 detenidos que marchan más atrás a paso lento. Desde Sanal todos serán llevados en tres helicópteros hacia Mazamari. Allí se concretará la Operación Albergue, el golpe más duro al corazón del terrorismo hasta este día.  

8. El cazador ha sido cazado

Miércoles 5 de setiembre del 2012. Cazador experto, instructor de asesinatos, despiadado ejecutor de emboscadas y contraataques, le dicen ‘William’, a veces ‘Gato’, y va camino a algún punto en la selva espesa de Llochegua (Ayacucho). Son las 7:34 a.m. Los 27 agentes que siguen al francotirador más letal de Sendero Luminoso, han cumplido casi 120 horas de labor paciente. Ahora están cerca. Saben que ‘William’ ha dedicado 22 de sus 43 años al terrorismo, al combate militar a larga distancia, a convertir ‘pioneritos’ en sanguinarios disparadores. Avanzan ocultos sobre riachuelos para no dejar huellas; no hablan, susurran. Lo tienen a menos de 50 metros. 

A paso lento, solo y sin armas, ‘William’ deja atrás a su guardia: diez muchachos que deben haber sido sus mejores pupilos. Va a llegar a una cabaña pero un campesino de gorra y camiseta ceñida sale a su encuentro. Desde su posición, el comandante Jhonel Mendieta se ha percatado que frente a ellos, casi al pie de una pendiente, hay un laboratorio de cocaína. El campesino conversa con ‘William’; se saca la gorra y se la vuelve a poner. Y como un ritual compulsivo se saca la gorra y se la vuelve a poner. Correrán menos de diez segundos desde esta señal para que los agentes lleguen hasta el francotirador. 

‘William’ arroja de un jalón al primero que lo obliga a rendirse. Corre por la pendiente y ocho balazos lo fulminan. El traqueteo de armas se confunde con la carrera de los custodios del terrorista. Han reaccionado tarde pero inician una breve refriega antes de huir a la quebrada boscosa. Lo único cierto de ‘William’ era su jerarquía y su salvaje legado criminal. Ahora, además, lo es su muerte. Cuarto hombre al mando de Sendero Luminoso y el segundo en la estructura militar. Le atribuyen el asesinato de la mayor PNP Nancy Flores en Kepashiato, y un nombre y apellido que de la borrasca de dudas también pasará a ser cierto: Rolando Cabezas Figueroa.  

9. Golpe certero a los Quispe Palomino

Domingo 11 de agosto de 2013.
Mochilas al hombro, Alejandro Borda Casafranca, ‘Alipio’, y Marco Antonio Quispe Palomino, ‘Gabriel’, entran a la comunidad de Pampas Vista Alegre, en Llochegua (Ayacucho). Con ellos está ‘Alfonso’, un terrorista de menor rango y cuya identidad nunca será confirmada. Cada uno carga una cantidad similar de armas y municiones. Son casi las 10 p.m. Conocen bien el pueblo, saludan a los comuneros, van a la misma roída casa de dos pisos que suelen visitar. Allí, hace un mes, ‘Alipio’ encargó a un viejo campesino conseguirle explosivos para iniciar una serie de acciones subversivas. Hoy va a recogerlos.  

Pero el tiempo que ‘Alipio’ estimó para su vuelta a Pampas Vista Alegre, fue el mismo que cambió para siempre la vida del campesino. El Grupo Especial de Inteligencia que sigue los pasos de ‘Alipio’ y ‘Gabriel’ ya había detectado que era un proveedor de insumos para el terrorismo, y lo exhortó a colaborar a cambio de no acusarlo penalmente. El mismo grupo especial le ha entregado los explosivos que ‘Alipio’ le pidió y, desde entonces, también interceptó todas las comunicaciones a su teléfono. El sábado 10 de agosto, ‘Alipio’ llamó al campesino para asegurarse si ya tenía su encargo y le anunció que lo visitaría al día siguiente.

Como un acto reflejo, ‘Alipio’, ‘Gabriel’ y ‘Alfonso’ entran a la casa del campesino cuando la tropa del Grupo Especial de Inteligencia toma posición de tiro a unos 150 metros. La guardia terrorista aguarda en las cercanías pero no está alerta. Ni siquiera cuando el campesino escapa a carrera despavorida y, desde adentro, un grito corta la calma del caserío: ¡Enemigos! Los agentes abren fuego y una explosión destroza la casa. La columna subversiva reacciona y dispara. El telón de fondo al fuego cruzado serán las enormes lenguas de fuego que van a carbonizar la casa y a los tres cadáveres. En nueve minutos, dos patrullas combinadas llegarán en cuatro helicópteros para recuperar los cuerpos.  

10. Trágica fiesta electoral

Sábado 9 de abril del 2016. A 18 kilómetros de la comunidad de Matichacra (Junín), el chofer Fidel Aguirre Gamarra ingresa a otra curva cerrada del cerro Jatun Asha. Conduce una camioneta de doble cabina que ha partido antes del amanecer de la Municipalidad Distrital de Santo Domingo de Acobamba. En la tolva, seis militares llevan ánforas, cédulas y padrones al colegio de la comunidad. Tres vehículos con la misma disposición de soldados y similar carga electoral marchan detrás, a manera de convoy. Es el día previo a los comicios generales que pondrán en posición expectante a Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori. Fidel no ha terminado de dar el giro cuando dos encapuchados que emergen de los ramales pegados a la vía lo acribillan y vuelven a agazaparse. En el veloz traqueteo de armas que precede a su reacción, los soldados de la camioneta de Fidel vuelan al estallido de una carga de dinamita. También los que van en el pequeño camión que atrás maneja el huancaíno Moisés Torres Aguirre. El resto inicia una balacera a ciegas con la columna terrorista que los ha atacado, que conocía bien la hora de su desplazamiento, que había enterrado un fajo de explosivos en la carretera y solo esperaba.

Los periodistas Ricardo León y Dante Piaggio de El Comercio alistan la cobertura de la votación en las escuelas del distrito de Pichari (Cusco), centro logístico militar del Vraem. Son casi las 4 p.m. y se ha redoblado la tropa que custodia la base contraterrorista. Patrullas entran y salen mientras dos helicópteros empiezan a sobrevolar la zona. A tres cuadras, un grupo de militares ingresa en la funeraria Vrae Pichari y otro, armas en ristre, permanece cubriendo el frontis. Las primeras noticias de la emboscada en el cerro Jatun Asha dan cuenta de tres fallecidos. El gobierno anuncia a nivel nacional que son cuatro. Pero un representante del local informará a León y Piaggio que hay un pedido de ocho ataúdes para la base de Pichari. Allí deben ser llevados los muertos y heridos. Los periodistas permanecerán cerca de la entrada. Al final de la tarde, dos camionetas pick up con varios féretros llegan a la base contraterrorista. No hay todavía una versión oficial pero en Pichari soldados, comuneros y el equipo de El Comercio ya saben que son 10 los caídos: ocho militares y dos choferes civiles. 

Pronto, la autoría del salvaje atentado tendrá nombre propio: Eleachín Huamán León, alias ‘Julio Pucañahui’, un veterano mando militar de Sendero Luminoso experto en el uso de armamento pesado. Las sospechas surgen a partir de los lugares donde el terrorista se moviliza y ataca: las alturas de Huancavelica y Junín. En medio de la llegada de los cadáveres a Pichari y el inicio de los funerales, se revela una nota de inteligencia policial que un mes antes alertaba sobre movimiento senderista en la zona del atentado. El máximo jefe militar del Vraem, general EP Fernando Acosta, reconoce que Sendero impulsaba el boicot de los comicios y deja una frase que más suena a vaticinio fatal: “Con o sin notas de inteligencia había que ir a ese lugar”. 

11. Muerte en corredor de la droga

Miércoles 6 de setiembre del 2017. Han iniciado el tramo final de su último patrullaje del día, de sus vidas, pero no lo saben. Los suboficiales PNP Ciro Ibarra Inga, Carlos Fernández Muñoz y Dennis Mendoza Condori, reportan que ya salieron del centro poblado Tucuccasa cuando todavía no ha oscurecido. Van en dos camionetas de la Policía de Carreteras a Huachuapampa, en Churcampa (Huancavelica). La vía terrosa corta una pendiente de piedras y vegetación seca. Desde ahí surge una serie de balazos que ladea el vehículo donde están Ibarra y Fernández. Los dos mueren acribillados en sus asientos. Mendoza deja la camioneta que conduce al centro de la carretera, trata de escapar pero cae fulminado a tiros. En segundos, los asesinos esparcen panfletos de Sendero Luminoso e incendian la camioneta del último agente baleado. 

Catorce días antes, cerca del lugar de la emboscada, Ibarra, Fernández y Mendoza, habían detenido al chofer y al copiloto de un camión donde eran llevados 34 bidones con acetona (insumo para la preparación de clorhidrato de cocaína). También atraparon al sujeto que había contratado a los camioneros. El único que logró huir fue el dueño del cargamento, Nouer Carhuallanqui Torres. El asesinato de los tres agentes ocurrió el mismo día en que la fiscalía iba a sustentar su pedido de prisión preventiva contra los detenidos y en que se iba a ordenar la búsqueda de Nouer Carhuallanqui. La hipótesis de una venganza perpetrada por el propietario de la mercadería decomisada tomó fuerza. 

Pero las investigaciones no siguieron precisamente el rastro de Carhuallanqui, sino el lugar de Churcampa donde los cargamentos de droga procedentes del Vraem eran almacenados. Era una construcción rústica del caserío de Paccay, propiedad de Gregorio Murillo Delgadillo, antiguo colaborador de Sendero Luminoso que controlaba el corredor de droga Vizcatán del Ene (Junín)–Churcampa (Huancavelica)–Huanta (Ayacucho). Murillo destinaba columnas de terroristas para proteger los cargamentos que eran traslados por esa ruta hasta su casa. Allí acopiaba la droga y luego alquilaba armas a los narcotraficantes para que estos siguieran solos su recorrido. Las pesquisas concluyeron en que Murillo dirigió el atentado a los policías por encargo de los dueños de la mercadería incautada en Tucuccasa. Por su conocimiento de la zona, él habría sido el hombre clave de Víctor Quispe Palomino ‘José’ en esa parte del Vraem. El 29 de marzo del 2019, cuando dormía la resaca de la fiesta por el aniversario de Paccay, fue capturado. 

12. ‘Basilio’ aparece en acción

Jueves 7 de junio del 2018. La camioneta se acerca al centro poblado de Palca, en Churcampa (Huancavelica). Todavía restan unos 40 minutos de viaje para que los suboficiales PNP Humberto Matencio Gutiérrez, Marco Cisneros Candia, Felimón Manuelo Landeo y Adolfo Casas Llanco lleguen a la nueva sede de la comisaría distrital de Anco, su puesto de trabajo. Tres meses atrás la sede policial fue trasladada casi al borde de la carretera que ahora recorren. Desde ahí, los cuatro policías en camino, y otros que han quedado al cuidado de la base, realizan inspecciones diarias a personas y vehículos con carga. Su último golpe contra el terrorismo ha sido el 31 de mayo, hace seis días, en una casa cercana a la nueva comisaría. Ahí incautaron cartuchos de dinamita, fulminantes y banderolas con la hoz y el martillo. 

Los suboficiales Matencio, Cisneros, Manuelo y Casas van de regreso a Anco luego de participar en una ceremonia por el 138 aniversario de la Batalla de Arica, en el distrito de Cosme. Por la noche, el ministro del Interior, Mauro Medina, calificará lo que está por ocurrir con los agentes como una respuesta brutal al gran decomiso de mayo. La camioneta ha ingresado al sector conocido como cerro Cosme. Son las 5:17 p.m. y una carga de explosivos activada desde las montañas colindantes a la vía hace estallar el vehículo. Solo Cisneros consigue salir a rastras mientras cientos de balazos perforan el chasis partido. No muere ahí porque los terroristas paran la balacera y huyen. Cisneros fallece en una patrulla de Anco que había llegado como refuerzo y lo llevaba a una posta. 

Como otras, la masacre del cerro Cosme también adquirirá un rostro y un nombre: ‘Basilio’, hijo de ‘Olga’ (tercera en el escalafón de Sendero Luminoso), y lugarteniente de ‘Antonio’ (jefe de la Fuerza de Avanzada Militar de la organización terrorista). Las señales de ‘Basilio’ posteriores a la emboscada que perpetró contra los cuatro policías en Anco, serán el hostigamiento a la Base Militar de Mazángaro y la emboscada en Monopata donde caerá abatido un suboficial FAP. El rastro que llevará a las autoridades hacia él culminará con su muerte, a fines de setiembre del 2018, en Ayacucho.

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