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Bottas sorprende a todos y el motor del McLaren arruina a Carlos Sainz

GP Australia

Bottas recibe la bandera a cuadros en Albert Park. WILLIAM WEST AFP

Ni siquiera él encontraba un discurso coherente para explicar lo sucedido. “No sé muy bien qué pasó. Sólo que fue la mejor carrera de mi vida”, relataba Valtteri Bottas nada más bajarse del coche en Melbourne. Era su primera victoria tras 21 intentos fallidos. Algo totalmente inesperado para Mercedes, donde siempre tuvieron muy en cuenta las jerarquías. La sorpresa, en verdad, irritó bastante a Lewis Hamilton, segundo en la meta por delante de Max Verstappen, impulsado por su motor Honda. Sin embargo, si hay una frase donde encaje este inicio de Mundial 2019, escuchen la radio de Sebastian Vettel en Ferrari: “¿Por qué vamos tan despacio?”. [Clasificación y tiempos del GP de Australia]

Nadie había invitado a la fiesta a un tipo tan raro, nada habituado a molestar a nadie, ni a levantar la voz. Ni un solo triunfo en todo 2018. Casi ni una sola queja, tampoco. “Todo bajo control”, cantaba el Bottas tras su soberbia salida. La primera genialidad de una actuación soberbia, redondeada además con el punto extra de la vuelta rápida.

Cómo imaginar ese escenario inicial para Hamilton, sorprendido por la zona sucia por su fiel lacayo. Tras 10 giros, casi cuatro segundos de déficit. El plan de los ingenieros había cambiado tanto y tan pronto que su líder no daba crédito. De la perplejidad no salió en todo el domingo. “Estoy feliz por el equipo. Fue un gran día para nosotros, pero ahora tengo que preguntar dónde estuvo la clave de todo esto”, revelaba el pentacampeón.

Dramas para Binotto

Desde luego, pese a la sorpresa, Mercedes tiene razones para sentirse feliz. Su ritmo de carrera, la variable que lo decide todo, la que tanto nos han querido hurtar durante la pretemporada, dejó en evidencia a Ferrari. Mattia Binotto, el nuevo capo en Maranello, no encontró ni un solo recurso a la mano ante el doblete de las Flechas de Plata. Y luego se quedó petrificado cuando Charles Leclerc amenazaba de veras la posición de su jefe de filas al que habían detenido antes que nadie, en la vuelta 15.

El gran premio, divertido y con muchos alicientes, también se iba a dilucidar entre bambalinas. Los ingenieros de Mercedes calcularon cada detalle sin distingos. Especialmente cuando Verstappen, con neumáticos más frescos, se quitaba de encima a Vettel en la curva tres. El holandés se colocaba tercero y suponía una amenaza real para Bottas. Era la prueba del algodón para Red Bull, sin un triste podio en este circuito desde 2013. El motor Honda rugía tan fuerte que Hamilton debió sacrificarse por el bien común.

Había que sujetar de alguna manera a un desbocado Verstappen, que en las tres últimas carreras de 2018 ya se había mostrado irrespetuoso ante el británico. Había que frenarlo aunque el tapón costase más que la propia botella. Un ligero error del chico malo de Red Bull truncó finalmente cualquier expectativa. Pero su tercer puesto supone el primer podio para Honda desde 2008.

Espesa humareda

En cuestión de motores, todos los traumas correspondieron a McLaren y Carlos Sainz. El madrileño, que partía antepenúltimo, ganó de inicio cuatro posiciones, para colocarse justo detrás de Lance Stroll y mantener a raya a Daniel Kvyat y Pierre Gasly. Pero las buenas perspectivas se truncaron de pronto en la vuelta 10. Por culpa del motor Renault.

Ni en los peores años de Honda en Woking habíamos visto esa espesa humareda. Si no llegan tan prestos los comisarios con los estintores, la faena se hubiera derivado, inevitablemente, al cuerpo de bomberos. Todo el invierno de la gente de Woking y todos los buenos propósitos, covertidos en ceniza. Al menos Lando Norris pudo batirse el cobre con los Haas y los Alfa Romeo, presumibles rivales a corto y medio plazo. El novato, de apenas 19 años, tiene madera.

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