Bruselas: en el plan de Sánchez hay 'esfuerzo cero' en reducir el déficit crónico de España

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, abraza a Pedro Sánchez en Bruselas. FERNANDO CALVO / MONCLOA

Moncloa no lo incluyó en la nota de prensa, pero por supuesto que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de Google Europa Mathew John Brittin, hablaron del impuesto digital que planea el líder socialista. Brittin está radicalmente en contra, aunque la llamada Tasa Google castiga a muchos más actores del sector que a su multinacional, pero Sánchez se reafirmó en que lo implantará, aunque sea de forma unilateral ya que la UE está dividida.

Sánchez necesita aumentar los ingresos por las vías menos impopulares que puede, pero no para sanear las cuentas, sino para poder subir también los gastos de cara a la campaña electoral. Sin embargo, el diagnóstico de la Comisión Europea y de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) en sus informes de los tres últimos días es inquietante y auguran un futuro a medio plazo de nuevos recortes y más impuestos, si no se aprovecha más la recta final de la bonanza para atacar el virus. Según Bruselas, España padece ya de un déficit crónico [estructural] anual de ¡35.000 millones!, el peor de la Eurozona, que hay que ir eliminando para garantizar un futuro sostenible. Sin embargo, el esfuerzo en el plan presupuestario de Sánchez es cero, según la Comisión Europea, o muy cercano a cero, según la AIReF.

El Gobierno aseguró el pasado día 19 que su plan es «el mayor esfuerzo desde 2013», pero el equipo del comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, no se lo traga ni jarto de impuestos y aseguró el jueves que espera que «el déficit estructural de España se deteriore un 0,25% en 2018 hasta alcanzar en torno al 3%del PIB y se estabilizará en ese nivel en 2019 y 2020». Es decir, que en 2018, el déficit estructural no sólo no bajará, sino que subirá en 3.000 millones para después permanecer constante. Gracias a la bonanza, el déficit nominal será inferior, del 2,2% del PIB, según la Comisión Europea, pero el que se va perpetuando de verdad es del 3,1% desde 2018. Es el peor resultado desde el deterioro registrado en 2016 con el Gobierno en funciones del PP.

El esfuerzo cero contrasta con el 0,65% de ajuste estructural (7.800 millones) reclamado por la UE para el próximo año e incluso con el 0,4% (4.800 millones) prometido por la ministra de Economía, Nadia Calviño. Aunque ella sabe que la evaluación final de si se ha cumplido será en abril de 2020 cuando no se sabe aún qué Gobierno habrá en España entonces y qué comisario europeo estará al frente. Quién sabe si será ella misma.

También el presidente de la AIReF, José Luis Escrivá, estima que el déficit crónico ronda los 30.000 millones y que España necesitaría año tras año hasta 2025 nada menos que un superávit primario de al menos 25.000 millones para cumplir el requisito de Maastricht y rebajar el muy peligroso nivel de endeudamiento, que deja a España muy vulnerable ante una nueva crisis financiera. Los motivos del déficit crónico son, según la conferencia de Escrivá este viernes en Alicante, la resistencia secular a reducir el gasto y a aumentar bases imponibles; y los riesgos que se van acumulando por compromisos de deuda o seísmos que sacuden de pronto las arcas públicas como las autopistas o, estos días, los impuestos hipotecarios. Mientras deliberaban los jueces del Supremo, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, dramatizó asegurando que había en juego otros 5.000 millones en el déficit si endosaba el pago con retroactividad a los bancos en vez de los clientes como hasta ahora. El fallo evitó ese riesgo.

¿Y esto no pasa en otros socios del euro? «Todos los países europeos han estado sometidos a las mismas reglas fiscales pero lo que diferencia a aquéllos con mejor comportamiento es la calidad de su marco institucional fiscal», señala Escrivá, hastiado del compadreo habitual en España en que los propios ministros se saltan la regla de gasto y hacen la vista gorda con las comunidades.

Todo ello pese a que hay una noticia positiva para Sánchez y es que la desaceleración económica se está tomando un respiro. Los datos de afiliación a la Seguridad Social de octubre son favorables y la AIReF prevé incluso una ligera aceleración en el cuarto trimestre. La paradoja para el Gobierno es que los indicadores de confianza empresarial irán a mejor cuanto menos factible se vea la aprobación de los Presupuestos de Gobierno y Podemos. El riesgo ahora es la ensalada que se avecina de prórroga de los ya nada austeros Presupuestos de Rajoy aderezada con decretos de gasto de Sánchez&Iglesias sin garantía de que logren el necesario objetivo de un crecimiento más inclusivo, porque la subida del Salario Mínimo costará 80,000 empleos a los más vulnerables, según Bruselas. Mientras tanto, eso sí, más déficit crónico.

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