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España

Candidatos con carácter | Vuelve el PCE con el abogado mediático

Candidatos con carácter (VI)

Enrique Santiago

Es el secretario general del Partido Comunista de España (PCE) y, como parte sustancial de Izquierda Unida, tiene un puesto destacado en la candidatura de Unidas Podemos al Congreso

El secretario general del PCE, Enrique Santiago ÁNGEL NAVARRETE

Hay una leyenda en Ceuta que cuenta que el abuelo de Enrique Santiago (Madrid, 1964), fusilado por las fuerzas franquistas, se aparece por las noches y cura enfermos. Murió con 26 años cuando trabajaba de médico en una clínica de accidentes laborales. Su mito ha seguido entre los más mayores. «Hay una especie de cofradía de ancianitas que lo venera y lleva flores a su tumba». Lo que pudo comprobar con sorpresa la primera vez que fue al cementerio y vio las flores frescas.

Más allá de la anécdota, la figura de este abuelo paterno articula una parte importante del despertar ideológico de Enrique Santiago y explica el inicio de su politización en sus años de juventud. Ahora es el secretario general del Partido Comunista de España (PCE) y, como parte sustancial de Izquierda Unida, tiene un puesto destacado en la candidatura de Unidas Podemos al Congreso. Es el número tres de la lista por Madrid, detrás de Pablo Iglesias e Irene Montero. El mismo lugar que ocupó Íñigo Errejón en 2015 y 2016. «No me había dado cuenta», dice. Pero es un cambio que simboliza esta nueva etapa.

El PCE regresa a la primera línea. De donde desapareció parlamentariamente con la marcha de José Luis Centella en 2015. Cuatro años que -confiesa- han sido «un siglo», por el vertiginoso ritmo que ha alcanzado la política española.

«Sí, hay una voluntad en este momento de jugar un papel que quizá no se ha jugado mucho en los últimos años. En un momento en el que el mundo está desideologizado, sí es necesaria una determinada visión ideologizada de la realidad», explica el candidato.

Es un convencido de que el camino para alcanzar el éxito es la «unidad popular» y ha sido dentro de IU quien ha empujado con más fuerza por la coalición con Podemos y por «fraguar amplias alianzas». Es el camino que ya intentó impulsar en tiempos de Cayo Lara, cuando como encargado de la «refundación» colaboró -entre otras personas- con un tal Pablo Iglesias -al que conocía mucho por su relación con IU- para reinventar la organización y abrirla. Lamenta que entonces tumbaran su proyecto y se optara por «vivir en el status quo«, aunque fuera uno «mediocre». «Podemos surge ante esa frustración. Si IU hubiera hecho los deberes Podemos no existiría», asegura. Con cinco años retraso, las piezas han terminado por encajar.

La perseverancia y el carácter son rasgos que le definen. A riesgo de ser, en ocasiones «un poco inaguantable» por su afán desmedido por no quedarse quieto. Eso le ha llevado a dar múltiples batallas, especialmente relacionadas con los derechos humanos, en muchos frentes que están en el imaginario colectivo de los españoles pero que muy pocos sabrían identificar con él. Por ejemplo, impulsó el proceso judicial que llevó al juez Baltasar Garzón a ordenar la detención del dictador chileno Augusto Pinochet en 1998. También ha estado en otras causas como la de los vuelos de la CIA, la de la muerte de Couso en Irak o la que acabó con Adolfo Scilingo en la cárcel por los vuelos de la muerte en Argentina. También ha participado en los procesos del caso Bárcenas y de la flotilla de Gaza o, recientemente, presentando una querella contra Juan Carlos I.

Con una extensa formación en Derecho y algunas de sus ramas, el dirigente comunista formó parte de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC. Es, a su juicio, de lo que más «orgulloso» está porque ayudó a «acabar con una guerra de más de 50 años». En esas conversaciones comenzó como asesor jurídico de la guerrilla y acabó negociando directamente la conversión de los acuerdos políticos en textos legales. Lo que se trasladó en cuatro reformas constitucionales y en la Ley de Amnistía, que sacó de la cárcel a 4.000 presos vinculados con la actividad de la guerrilla.

En aquel proceso de paz se encontró con el recelo de los militares colombianos a la hora de tratar con un activista comunista. En una reunión, para rebajar la tensión, les mostró que, al igual que ellos, también sabía cantar canciones militares españolas, como el himno de la Legión, entre otras. Y es que, el padre de Santiago era un militar franquista. El hijo del hombre que se aparece en Ceuta. «Era hijo de un republicano fusilado pero fue secuestrado por el régimen y acabó con síndrome de Estocolmo. Y cuando murió Franco se le fue la cabeza… Fue la liberación y empezó una vida distinta».

Santiago siempre confrontó con ese franquismo pero fue a través de grupos cristianos de base cuando abrazó el comunismo. De aquel chaval de 15 años, politizado por las protestas universitarias contra la UCD, no queda un ápice de católico pero sí la fe en Marx. «Ser comunista es luchar por una sociedad sin clases, que todo el mundo sea igual, defender los derechos de los trabajadores». Batallas que, dice, están hoy vivas.

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