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Baloncesto

Coach, ¿qué haces con tu tiempo? – Manuel Povea

Un cibercateto, como dice un buen amigo mío; así me he sentido descubriendo plataformas de comunicación que en estos días tan largos se están usando para compartir ideas y conocimientos de baloncesto. Seguramente algo positivo que nos quedará, cuando este momento pase –  que pasará – será una manera diferente de interactuar en el trabajo, en los negocios o en la comunicación. Por mi parte, estoy entendiendo este tiempo como una obligada pero interesante oportunidad para reciclarse, y por eso ando a la caza de cuantas conversaciones, debates, entrevistas o charlas se me pongan a tiro. He participado en alguna, pero egoístamente admito que me gusta mucho más escuchar, que es siempre útil para abrir las ventanas y permitir que entre el aire fresco.

Una de las cuestiones que han llamado mi atención, además de los temas expuestos, ha sido el tipo de preguntas que los entrenadores oyentes planteaban, algunas veces de forma directa a los ponentes, otras como parte de un debate. Por pura lógica porcentual, la mayoría de estas preguntas son formuladas por entrenadores que se dedican a la formación – lógica porque simplemente hay más – y los temas son de lo más variado, desde consideraciones colectivas o tácticas hasta detalles individuales de técnica, táctica u organización del entreno. Afán por aprender y pasión por este oficio, compartidas a borbotones por las redes. Me está encantando.

Bajo ese aluvión de preguntas e ideas, sin embargo, me he estado preguntando algo que siempre me ha interesado: ¿realmente se puede – o se debe – entrenar todo? O de otra manera, ¿escogemos bien; sabemos lo que realmente es importante? ¿Hasta qué punto nuestro afán por competir mejor, o por sentirnos entrenadores de mejor nivel, nos hace abarcar demasiados contenidos? ¿Es por eso que solemos sentir que nos falta tiempo?

“No temo al hombre que ha lanzado 10.000 patadas diferentes, yo temo al hombre que ha lanzado una patada 10.000 veces”, nos dejó dicho el maestro Bruce Lee. La repetición es el camino hacia la excelencia, y por eso acaba por resultar estéril no centrarse en menos, a fin de repetir más. Los fundamentos del baloncesto no pueden quedársenos en el tintero en la creencia de que necesitamos estrategias para ganar. ¿Qué estrategia da mejor resultado que contar con jugadores del mejor nivel técnico posible? ¿Cuántas veces dedicamos enorme tiempo a conceptos o ejercicios que luego no resultan demasiado rentables? En conclusión, cabría hacernos esta pregunta: entrenador, ¿qué haces con tu tiempo de entrenamiento?

Albert Einstein decía que “si no puedes explicar algo de manera simple, es que no lo has entendido lo suficiente”. A veces me pregunto si detrás del deseo de avanzar en los contenidos, no se esconde cierta falta de dominio de eso que vamos dando por entrenado. Debemos saber qué nos hace mejores y conocer los detalles que facilitan el aprendizaje. En definitiva saber qué enseñar y cómo.

Normalmente, los mejores jugadores no lo son porque hagan muchas cosas, sino porque son muy buenos haciendo lo que saben. Hace poco tiempo tuve la oportunidad de entrenar con un equipo junior. Planteamos tres objetivos sobre los que construir nuestra identidad: defensa individual, rebote ofensivo y capacidad de tiro exterior. Claro que trabajamos sobre otros aspectos, pero a estos tres les dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo. Honestamente, fue una temporada muy enriquecedora para mí, pero eso forma parte de otra historia. Cualquier día nos hacemos un Zoom y lo cuento.

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