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Alemania

Cómo se modificaron las opiniones de los alemanes del Este y el Oeste en los 30 años desde la caída del muro

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Todos parecen más felices. O eso manifestaron los alemanes que ya eran adultos en 1989 y fueron encuestados en 2019 por el Pew Research Center: a 30 años de la gran transformación, “la gente en las ex Alemania Occidental y Alemania Oriental dice mayoritariamente que la reunificación del país fue un hecho positivo”, valoró el análisis de la encuesta.

Aunque mantienen perspectivas “diferentes de maneras notables”, la mayoría de los alemanes que conocieron la división entre capitalismo y socialismo creen que los cambios “tuvieron una buena influencia en el nivel de vida, el cuidado de la salud y el orgullo nacional, y la mayoría también ve mejoras en áreas que incluyen los valores familiares, espirituales y del estado de derecho”.

Si la vida fuera una escalera de 10 peldaños, hoy la mayoría de los ex alemanes occidentales y alemanes orientales se encontrarían en los tres superiores. Pero en 1991, cuando se les formuló la pregunta por primera vez, a sólo dos años de la caída del muro de Berlín, no más de la mitad se veía tan arriba. En 2009, cuando se repitió la encuesta, los valores también eran medios. El incremento es visible, “especialmente en el ex Este, donde la proporción de los que ubican sus vidas en el nivel 7 o superior se ha cuadruplicado desde el 15% en 1991 al 59% este año”, según el Pew.

Las diferencias —nada curiosamente en una época de cambios políticos globales— comienzan por la perspectiva sobre la democracia a ambos lados de la cortina de hierro desvanecida. El 61% de los occidentales se muestran satisfechos con el modo en que están las cosas en el país, y el 37%, insatisfechos, mientras que los ex habitantes de la República Democrática Alemana (RDA) se manifiestan satisfechos en menor medida, 50%, e insatisfecho en mayor media, 47 por ciento. La democracia cuenta con la aprobación del 66% de los ex occidentales, y sólo el 55% de los ex orientales.

Otra encuesta, de Die Zeit, arrojó cifras similares: una insatisfacción con la democracia en el 52% de los ex ciudadanos de la RDA, de los cuales el 70% consideró que las tomas de decisiones políticas los excluyen. Un dato llamativo de la encuesta es que el 59% dijo que la libertad de expresión está igual de limitada que en los años del socialismo. “Son cifras difíciles de comprender en una primera mirada», interpretó el artículo del periódico alemán. “La represión, la Stasi, el Muro, ¿se ha olvidado todo eso? ¿Tanto se ha desvanecido el recuerdo de las injusticias de la dictadura?”.

Pero una lectura más a fondo señala que no se trata de eso sino de un sentimiento de desigualdad: “El 70% dijo que les molesta la escasa consideración que se da a la opinión de la gente del este”, completó el Zeit. De ellos, 8 de cada 10 están a favor de una “cuota oriental” para la política.

El optimismo y el pesimismo parecen responder a la historia del país. De los que vivían en la antigua república federal, el 57% se siente optimistas al pensar en la educación (el 44% entre los ex orientales), el 53% ve bien el funcionamiento del sistema politico (contra 43%) y el 50% cree que la próxima generación tendrá una situación económica mejor (contra el 42%, y además el 48% de los ex ciudadanos de la RDA cree que estarán peor en realidad).

“Algo va mal», coincidió el Zeit. “30 años después de la caída del muro de Berlín, la desilusión y la decepción prevalecen en el este del país”. El 80% de los encuestados por el periódico dijo que el oeste no había apreciado de manera suficiente los logros del este desde la reunificación; el 61% opinó que es raro ver a un ex oriental en las posiciones de liderazgo en las empresas y el 56% que hay pocas autoridades federales con sede en el territorio de la ex RDA.

Lo único sobre lo cual los orientales tienen una visión positiva es el aumento del nivel de vida: el 54%, en la encuesta del Zeit, considera que ha mejorado. Casi ocho de cada 10, en la ex RDA, según el sondeo de Pew Research Center, cree eso: el 17% le otorgó a la reunificación una “muy buena influencia” sobre el nivel de vida y el 61% por ciento una buena. En conjunto, la evaluación supera las expectativas que tenían en 1991, cuando menos del 70% lo esperaba.

Y en la ex república federal parecen haberse evaporado los temores de que la economía se vería muy dañada por el fin de la separación entre Alemania capitalista y Alemania comunista: en 1991 casi la mitad de los alemanes occidentales creían que la reunificación sería perjudicial (36% veían una “mala influencia” y 10% una muy mala), pero hoy el porcentaje de aprobación es similar al de los ex vecinos integrados: 73% en total.

La infraestructura y los ingresos han mejorado, reconocieron los encuestados de Die Zeit que vivieron en la ex RDA, pero existe una importante desigualdad salarial que sigue la misma frontera eliminada: el 67% dijo que estaba insatisfecho por eso y el 68% por el valor de las pensiones.

Según cifras oficiales del gobierno alemán, en efecto, sólo pocas ciudades del este —como Jena y Leipzig— han logrado tener el mismo poder económico que las occidentales. Debido a la economía departamentalizada del socialismo y a la falta de empresas grandes, todavía hoy las centrales de las compañías más importantes están en el área occidental.

Hubo grandes inversiones de dinero público: el Pacto de Solidaridad II (Solidarpakt), previsto hasta 2004 pero prorrogado hasta este 30 aniversario de la caída del muro, organizó la inversión en el Este de unos €156.500 millones. Sin embargo — escribió John Torpey en Forbes— los científicos sociales alemanes hablan de una Mezzogiornización del área: comparan el este con el sur de Italia, siempre pobre. “Las dos regiones comparten similitudes notables: ambas tienen cada vez menos población y de más edad, y sufren un estancamiento económico”.

Otra diferencia se advirtió en las actitudes ante la Unión Europea. “Los alemanes son generalmente pro-UE”, señaló el análisis de Pew, pero la proporción de adultos que tiene una visión favorable de la UE es mayor en el ex occidente que en el ex oriente (72% contra 59%). Las tres cuartas partes de aquellos ex occidentales creen que la pertenencia de Alemania a la UE es algo bueno, contra 62% ex orientales.

Una interpretación posible es la memoria de haber sido parte del llamado Bloque del Este, cuya sede estaba en otra parte: Bruselas no es Moscú, pero en todo caso crea una unidad más allá de la nacional. Eso mismo explicaría la valoración mayor en el ex oriente del populismo nacionalista: el 24% de los ex ciudadanos de la RDA tienen una opinión favorable de la derechista Alternativa para Alemania (AfD), mientras que en el territorio occidental sólo el 12% la valora.

Así en Sajonia, por ejemplo, la extrema derecha obtuvo el 28% en las elecciones en septiembre, y a finales de octubre la filial regional del AfD ganó por el 23,4% en Turingia.

En cambio, las perspectivas sobre los partidos centristas como la Unión Cristiana Democrática y el Partido Socialdemócrata son las mismas, entre el 42% y el 45% en las dos áreas. Curiosamente, el heredero del partido comunista, Die Linke, merece una opinión favorable entre el 44% de los ex ciudadanos de la RDA.

El ensayista Wolfgang Engler ofreció una interpretación: “En el mismo momento en que lograron aquello por lo que lucharon, es decir los derechos politicos y civiles, sufrieron una pérdida de seguridad social incalculable. Eso significa que una parte del sueño se hizo realidad, pero sobre una base muy frágil”.

Por último, el Pew midió opiniones sobre las minorías y la religión. “Las mayorías en las dos áreas ve favorablemente a los musulmanes y los judíos”, pero en el detalle las diferencias se manifestaron. Aquellos que viven en el ex este tienden a ver negativamente a los árabes en un 36%, contra el 22% de los del lado occidental y el 12% (contra el 5%) tiene una opinión mala sobre los judíos. En ambos sectores es muy alto el rechazo de los romaníes: 48% y 35% respectivamente.

La religión es acaso la división más destacada entre el ex territorio federal que en el ex socialista. Seis de cada 10 occidentales dicen que la religión es importante en sus vidas, mientras que al otro lado de la antigua frontera la misma cantidad dice lo contrario: que que religión no es muy importante o no es en absoluto importante. También así de profunda es la diferencia a la hora de hablar de Dios: 72% de los ex ciudadanos de la RDA no le otorga un papel importante en su vida y el 56% de los occidentales dijeron que sí.

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