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Baloncesto

Convivir con Michael Jordan – Manuel Povea

“The Last Dance” me ha enganchado. Conocíamos parte, pero aparecen, no obstante, detalles que sobrepasan esa información: la foto de Jordan, tirado en el suelo del vestuario y visiblemente emocionado, que la prensa nos hizo llegar, se queda muy lejos de la secuencia en vivo que muestra un Jordan absolutamente desgarrado por una tormenta de sensaciones, tras ganar su cuarto anillo y el recuerdo de su padre fallecido, a quien tan unido estaba. Emocionante por la escena en sí, pero también por ofrecer una imagen tan humana de alguien al que casi no se le suponían sentimientos.

Se dice que la valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad para avanzar a pesar de ese miedo. Igualmente se podría decir que ser competitivo no está en la voluntad de ganar, sino en la capacidad de convertir cada situación en un desafío personal al que dedicar toda tu energía y concentración. Pero en ambos casos, el ser humano que habita dentro del valiente, o del competidor, se obliga a superar inseguridades o dudas,  limitaciones o lesiones, mostrando que la clave no radica en nacer inmune al dolor o la crítica, sino en saber superarlo, relativizarlo o canalizarlo de manera que pase de obstáculo a virtud. Creo que eso exige un precio que sólo los valientes y los grandes competidores realmente conocen.

¿Cómo se convive con tipos así, dentro de un equipo? El documental me abrió dos reflexiones al respecto. La primera, que ese enorme nivel de autoexigencia inevitablemente eleva la exigencia hacia el resto del equipo, y eso no es agradable para muchos. La segunda, que ello no implica que haya que permitirlo todo. La anécdota que relata cómo Jordan y Steve Kerr llegaron a las manos muestra que saber estar en tu sitio ayuda a equilibrar y también suma. Me pareció un buen mensaje sobre entrenadores y dirección de grupo: poner límites no resta valor a ese papel importante, o estelar, sino que favorece su encaje en el grupo, principalmente porque ayuda a dignificar y apreciar el trabajo de cada miembro del equipo.

Creo que se da una interesante evolución desde el Jordan novato que comienza brillando individualmente en la NBA, que pasa a entender que necesita al resto para ganar, que más tarde convierte su exigencia y competitividad en un mal incómodo, aunque necesario para el equipo, y que finalmente es capaz de canalizar esa mentalidad hacia un mejor liderazgo.

Hace algún tiempo me encontré en facebook con una foto colgada por un exjugador, ya retirado. Probablemente uno de los mejores – si no el mejor – que he tenido la suerte de entrenar. En esa foto aparecíamos ambos, comentando algo durante un partido. El pie de foto rezaba algo así como: “Coach Povea exigiéndome para que yo consiguiera aquello que merecía.” Y es que no es posible ensanchar tus límites sin exigencia, la que uno se impone, pero también la que nos imponen desde el grupo. Pero no es cómodo, como no debía ser convivir con Michael Jordan.

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