Crítica de 'Ralph rompe internet': De pareja pixelada a fenómeno viral

Tras recaudar más de 470 millones con la primera parte, Disney apuesta ahora con Ralph rompe internet por un viaje fulgurante al interior de la red, repleto de viejos conocidos, guiños a franquicias de gran actualidad y homenajes retro que ya causaron sensación en la primera parte. Entre los edificios de Amazon, Twitter, eBay, Snapchat, Facebook o Google que parecen estructuras sacadas del universo de Blade Runner (aunque mucho más brillante y luminoso), los intereses de Ralph y Vanellope comienzan a divergir y su amistad se pone a prueba ante los numerosos retos que afrontan.

Parece mentira, pero esta secuela es la primera que lanza Walt Disney Animation Studios desde Fantasia 2000, continuación del clásico Fantasía. La única otra segunda parte del estudio en sus 95 años de historia fue Los rescatadores en Cangurolandia (1990). “La primera parte se estrenó en 2012 y empezamos a valorar la idea de hacer otra entrega en 2013. Fue en 2014 cuando nos pusimos manos a la obra. La verdad es que pensábamos que el desenlace de la cinta original era perfecto, pero siempre nos quedó la sensación de que esos personajes tenían mucho más que decir“, explica Phil Johnson, codirector de la película junto a Rich Moore.

“Los protagonistas se conocieron pasada la primera media hora de ¡Rompe Ralph!, así que, técnicamente, apenas han estado una hora juntos”, añade Johnson entre risas. “Había mucho que explorar aún y nos atraía la idea de mostrar lo inabarcable que es internet“, afirma el cineasta, que también fue coguionista de Zootrópolis, ganadora del Oscar a la mejor película de animación.

De este modo, hace seis años Disney firmó con ¡Rompe Ralph! su película más pixariana hasta ese momento, una reflexión madura sobre los estereotipos (a través de ese Ralph que ansiaba dejar de ser el más odiado del videojuego) y la amistad, revestida de píxeles, colores flúor y toneladas de golosinas.

La secuela repite ahora la misma fórmula ganadora de su predecesora: la de convertir un instrumento muy presente en la cultura popular (entonces eran los videojuegos, ahora internet) en una cuna de gags a través de los que reflexionar sobre la necesidad de salir de nuestra zona de confort. Nos referimos a la pequeña Vanellope, que ahora trata de encontrar su lugar en el mundo entre aplicaciones, spam y más referencias al universo Disney de las que tu cerebro podrá procesar (estamos ante la Ready Player One de la animación).

Ralph rompe internet ha perdido inevitablemente el efecto sorpresa de la primera. Sin embargo, vuelve a tener el encanto de su joven princesa, nuevos personajes que piden a gritos más tiempo en pantalla como KnowsMore (¡Alan Tudyk es Google!) y Shank (la versión más cañera de Gal Gadot), y escenas brillantes como una en la que un Ralph gigante querrá acabar con todos los códigos HTML, o el cameo en el que las princesas Disney saldan cuentas tras años pasando la escoba. Y hablando de poder femenino, el filme esconde al final a modo de sabroso postre una de las mejores escenas postcréditos de la historia del cine. Avisado estás.

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