Crónica: Eels en Barcelona, Sala Barts (11-07-2018)

Crónica: Eels en Barcelona, Sala Barts (11-07-2018)

Valora esta noticia

Redacción: Andrea Genovart

Una modesta sala Barts de no más de 1.500 de aforo fue la encargada de recoger a Eels en la ciudad condal, en su paso previo por uno de los festivales y fenómenos del año, el Mad Cool. Que la cita de ayer fuese sold out desde hacía meses tampoco era de extrañar para este artist de culto, más aún teniendo en cuenta lo poco que Mark O. Everett se deja ver, algo inversamente proporcional a la simpatía que genera.

Con casi veinte minutos de retraso, pero perdonables por su ilusión rebosantes en él y su banda, el estadounidense irrumpió en el escenario con Out in the street, una cover de The Who, a la que le siguió Raspberry Beet de Prince y con bailes incluidos. Con un acordado atuendo de vaqueros y gafas de sol opacas – pero que no conseguían marcar ninguna fría distancia -, la banda estuvo casi dos horas entregados a un repertorio más que generoso y que tocó apenas sin descanso. Y sin descanso no es sin pausa instrumental, sino básicamente sin pausa de ningún tipo, pues los parlamentos frenéticos de Mr. E entre canción y canción fueron algo constante y que buscaban reforzar la cercanía con el público mediante la risa fácil. Mero gesto de cuidado: en la música suele ser olvidado, pero ser agradable cuesta bien poco. Cercanía que, por otro lado, ya estaba a priori en un público de una media de edad de cuarenta años aproximadamente que actuaba como una comunidad respetuosa y silenciosa pero, sobre todo, admiradora de la música del compositor, indisociable de su personaje de biografía hollywoodiense archiconocida y enternecedora.

La noche transcurrió de la mano de un setlist más que agradecido para los fans de Eels, donde no faltaron I Like The Way This Is Going, Rusty Pipes, Bone Dry, Today Is The Day y Novocaine For Soul, aún haber publicado recientemente su último disco The Deconstruction.

Hubieron dos bises – ¡dos! – con performance incluida, consistente en un Everett que llamaba a escena al resto de unos músicos, que se hacían de rogar, con diferentes instrumentos – esos de los suyos, tan pequeños pero ruidosos. Éstos fueron protagonizados por una versión rockera de Mr. E’s Beautiful Blues y por una intimista y espeluznante de Love And Mercy de Brian Wilson. Guiños y referencias que no solamente daban cuenta de las coordenadas compositivas del protagonista sino de las constelaciones musicales en las que se movía un público que despidió a la banda entre aplausos largos y una gran sensación de satisfacción por un concierto que cumplió sus expectativas. Y no porque los que estuviésemos allí lo hubiésemos imaginado de un modo concreto; precisamente, si algo caracteriza la relación con el autor de Cosas que los nietos deberían saber, es la confianza en su magnitud y capacidad para nunca decepcionar. Confianza plenamente ciega, pero siempre acertada.

Música indie relacionada

También puede interesar

Dejar un comentario