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Economía

Cuatro años en campaña electoral

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta, Carmen Calvo, ayer. ALBERTO DI LOLLI

Los analistas de Moody’s dicen que lo mejor para España sería un gobierno con mayoría estable. Es el sueño del Pibe, que diría un bonaerense. Lo que todos añoramos. Nuestra carta a los Reyes Magos.

Es cierto, España no puede seguir perdiendo el tiempo, mirándose su ombligo separatista, el laboral o el de las pensiones. El mundo sigue girando y nos estamos perdiendo las grandes discusiones sobre la ética y la inteligencia artificial, la desglobalización, el futuro de la cuarta edad, el fin del populismo y el retorno del gobierno fuerte.

La incertidumbre política lastra la economía. Hay una literatura creciente sobre cómo la elevada incertidumbre lastra la inversión y el empleo (Baker, Bloom y Davis, 2015). Las reglas claras y estables contribuyen al crecimiento económico sostenido. Las reformas, además, son imprescindibles en un mundo cambiante. Pero, desde las elecciones de diciembre de 2015, cuando el bipartidismo quedó pulverizado, España entró en una fase de fragmentación política. Es imposible predecir la estabilidad de las reglas económicas. ¿Quién podía vaticinar en junio de 2018 que el salario mínimo iba a subir un 22,3% tan sólo seis meses después?

Hay diversos medidores de la incertidumbre. El IE3 del IESE, por ejemplo, es un sencillo y fiable indicador de incertidumbre económica, pero no es muy sensible al ambiente político en general. El de Economic Policy Uncertainty (EPU) que elabora Nick Bloom y su equipo, es muy seguro a nivel europeo pero el indicador español resulta menos fiable porque se basa en una muestra muy escueta de periódicos que, a mi juicio, no recogen con exactitud el ethos español.

España lleva cuatro años instalada en una permanente campaña electoral, interrumpida por tres brotes de cooperación (el fallido intento de gobierno de Sánchez con Ciudadanos, el de Rajoy con Ciudadanos y el de Sánchez con Podemos). El fracaso de los Presupuestos confirma que seguimos en esa fase. El problema no es sólo la ausencia de un gobierno estable, sino que llevamos sin reformas un lapso que supera lo razonable ya que los dos últimos años de Mariano Rajoy fueron de contrarreforma. Al final sólo han perdurado las reformas laboral y financiera, esta última impuesta por Bruselas.

Siempre que se inicia una campaña electoral, todo el mundo pide mayorías claras. Pero no es obligación del ciudadano crear esas mayorías. El ciudadano debe expresar sus preferencias, el político forjar gobiernos. El problema es que nuestros políticos no consiguen sustraerse al escenario competitivo que crean las elecciones y pasar a uno de cooperación que supone formar gobierno. No toda la culpa es de ellos. Nadie gana las elecciones prometiendo negociar sus ideas.

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