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Cultura | El musical LGTBI que reina en el Teatro Lara

Un momento del musical ‘Una corona para Claudia’ en el Teatro Lara. EL MUNDO

Sin hacer mucho ruido, el musical milenial ‘Una corona para Claudia’ ha logrado hacerse un hueco en la escena de teatro alternativo, logrando el hito de cumplir tres años sobre el escenario y más de 100 funciones. Instalado desde 2017 en el Teatro Lara, este montaje intimista ha logrado captar la atención del público joven dando voz a la frustración de una generación que como cuenta su creador, Iker Azkoitia (Artxabaleta, Guipúzcoa, 1987), ahora debe tomar las riendas de su futuro y enfrentarse con esperanza a tanta decepción.

«Cuando empecé a escribirlo yo tenía un conflicto con la queja constante. Es verdad que nos han venido mal dadas, pero no había un espíritu constructivo. No tenemos las oportunidades que nos habían prometido, pero tendremos que empezar a confiar en nosotros mismos y trabajar duro para encontrar lo que nos dejan hacer y lo que podemos hacer», explica el director, productor, autor del libreto, compositor e intérprete, que reconoce haber madurado de la mano de su espectáculo. «Yo lo he vivido como un proceso personal porque las posibilidades como actor siempre son bajísimas, siempre dependes de una llamada, de un factor externo y lo que he hecho ha sido confiar en mi capacidad para contar una historia nuestra», cuenta.

Una corona para Claudia cuenta cómo la vida de un grupo de amigos cambia cuando conocen al personaje del título, una joven florista que les empuja a aceptar la realidad sin dejar de perseguir sus sueños. Al tiempo, descubren el valor de la amistad y el amor, el miedo al compromiso, el paso del tiempo o la muerte. «Estamos en una sociedad en la que el consumo y la publicidad nos hacen creernos eternamente jóvenes. Vivimos en esta artificialidad de las redes sociales donde todo es felicidad y una vida ideal que no es real. La muerte ha desaparecido como tal y cuando llega es una catástrofe, nos pilla totalmente desprevenidos porque la hemos desterrado de nuestras vidas», explica Azkoitia. «En eso tiene mucho que ver el refugio de la ficción, consumir series constantemente y refugiarnos en una realidad virtual, no solo de las redes sociales, para no ser conscientes y no vivir nuestras vidas», añade sobre este musical, con referencias a Juego de Tronos o Penny Dreadful.

Así, entre viajes en coche compartido y acampadas, trabajos precarios y proyectos de emprendimiento, copas de más en una discoteca y relaciones que florecen y se marchitan, transcurre esta historia protagonizada por personas LGTBI. «No hay una intencionalidad de reivindicar o visibilizar, si la hubiese en todo caso sería de normalizar. Realmente el conflicto de los personajes no gira en torno a su sexualidad, que exploran y viven de una forma abierta. En esta historia todos los personajes podrían ser heterosexuales, bisexuales o pansexuales porque es lo que menos importa», asegura el autor. Y abunda en la cuestión diciendo: «De alguna forma inconsciente me nació la historia así porque forma parte de mi vida cotidiana. Y creo que también hay una cosa positiva en dar referentes. Cuando era adolescente yo echaba mucho en falta tener referentes en la televisión, los libros, la ficción y eso te aísla mucho. Cuando vives en un entorno social en el que aparentemente no hay ninguna persona LGTBI te sientes muy solo, no sabes con quien identificarte, no sabes cómo vivir tu sexualidad y la vives un poco con miedo por si te rechazan. Si esto ayuda a jóvenes o a otras personas a vivir otras experiencias vitales o empatizar con personas que se enamoran de otras personas del mismo sexo, pues bienvenido sea».

Muchas de las experiencias de sus personajes están inspiradas en la vida de Azkoitia. Quizá por esa cercanía Una corona para Claudia ha conseguido granjearse un devoto club de fans. «Hay mucho público adolescente y gente joven que ha venido a vernos más de 35 veces porque es su plan del domingo», comenta divertido. Y asegura que todos los grupos escolares que han ido a ver el musical, recomendado para mayores de 13 años, han quedado entusiasmados. «Necesitamos aprender como público desde pequeños a consumir teatro, empezando por propuestas que sean más cercanas a nosotros para que nos enganchen y nos creen afición. Ahí tenemos una tarea pendiente», añade.

A pesar del éxito de su propuesta, Azkoitia reconoce que este musical es la mitad de su vida laboral. La otra, igual que ocurre a su personaje, Pedro, es su trabajo en una zapatería. «Es una realidad impactante. Yo llevo nueve años en la tienda y me he ido reconciliando con ello porque en el fondo puedo compaginarlo. Pero la realidad es que hacer teatro alternativo no es rentable», asegura. «Obviamente tenemos amor y pasión por las artes escénicas, pero estamos haciendo una apuesta para poder vivir de ello, buscando la fórmula porque a nivel administrativo esto es muy complicado», concluye.

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