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España

De «no poder dormir», al acuerdo: historia del desencuentro entre Sánchez e Iglesias… que acaba en un abrazo

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han rubricado este martes con una firma y un abrazo lo que fue imposible lograr durante meses de negociaciones: un acuerdo para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. 

Iglesias le ha robado a un Albert Rivera ya retirado de la política lo que fuera, hace ya tres lejanísimos años, el símbolo de la unión de los naranjas con los socialistas: un abrazo con Sánchez. 

Lo imposible esta vez ha tardado tan solo dos días en materializarse. Pero no fue hace tanto tiempo cuando la idea de una coalición con la formación morada le quitaba el sueño a Sánchez.

Un comienzo prometedor que se torció en verano

El 28 de abril dejó un escenario esperanzador para los partidarios de un Gobierno de izquierdas a dos colores. Apenas una semana después de que hablaran las urnas comenzaban las negociaciones. Sánchez e Iglesias se mostraban «de acuerdo» en que trabajarían para ponerse de acuerdo en lo que parecía un guiño a los Hemanos Marx.

Ya en junio, con las municipales y autonómicas resueltas, el PSOE bautizaba a ese hipotético Ejecutivo como «Gobierno de cooperación» en el que Podemos soñaba con incluir a ministros de su partido, pero el sueño no tardaría en demostrarse una ensoñación.

Los encuentros entre ambos líderes y equipos negociadores se sucedían pero las posiciones no se acercaban. Iglesias lo quería dejar cerrado antes de verano pero no pudo ser.

Y cuantos más encuentros se producían, más desencuentros, valga la redundancia. 

El 18 de julio se producía el primero, de lo que serían una serie de desencuentros que tendrían de morros a los dos líderes durante meses. «No se dan las condiciones para que el señor Iglesias sea miembro del Gobierno», dijo Sánchez. Al día siguiente, el líder de Podemos ya era el «único escollo» para formar un Ejecutivo, en palabras de Sánchez. Iglesias captó el mensaje y reculó con una condición: no «más vetos».

Una investidura que no fue

La falta de acuerdo llevó a ambos líderes a una votación de investidura que nunca tuvo futuro. Solo sirvió para que los dos se bajaran al barro desde la tribuna del Congreso. «No nos vamos a dejar humillar por nadie», le espetaba Iglesias a Sánchez. «El mundo no empieza y acaba con usted», le replicaba Sánchez. «Usted no quiere un acuerdo de Gobierno con nosotros, solo lo hace porque no le queda más remedio», sentenció Iglesias.

A las dos votaciones de investiduras fallidas en una semana le sucedieron filtraciones cruzadas e interesadas entre las dos formaciones. «No podéis tener Trabajo, sois inquietantes para la CEOE», aseguraban los morados que les había dicho el PSOE.

Propuestas que caducan

La propuesta del PSOE a Podemos que estos habían rechazado en julio ya no valía cuando llegó septiembre, o de eso se quejaban desde Podemos. Las negociaciones, que habían sufrido un parón estival, volvieron a romperse y hubo que disolver las Cortes. Otra vez a elecciones.

«Yo sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche», le contó Sánchez a Ferreras en una entrevista, refiriéndose a la idea de tener a ministros de Podemos en el Gobierno. «Pedro Sánchez quiere tener todo el poder para dormir bien», le contestaba Iglesias en otra al día siguiente. «Si cometí un error fue confiar en la palabra de Pedro, que me dijo que haríamos un Gobierno de coalición», completó Iglesias. El divorcio parecía total.

Un mes más tarde llegarían la precampaña, la sentencia del procés y los disturbios que la siguieron, y el foco se volvió a Cataluña. Las encuestas comenzaban a anticipar el subidón de Vox y ambos líderes bajaron el tono, reservándose algún recado.

«Sanchez le está diciendo a la derecha ‘Cataluña puede ser una excusa para que gobernemos juntos’», decía Iglesias a los congregados en un mítin en Barcelona, ya en campaña.

«¿Continuará bloqueando la formación del único Gobierno posible junto con la derecha y la ultraderecha?, ¿sí o no?. Responda a esa pregunta. ¿Lo va a volver a hacer una quinta vez?», le había interrogado Sánchez a Iglesias días antes desde Vitoria.

La reconciliación

Cuando el domingo salió el resultado de las urnas, PSOE y Podemos se encontraron con que sumaban diez escaños menos y Vox era tercera fuerza.

“Queremos dejar atrás los reproches para tender la mano al PSOE y poder formar Gobierno”, valoró Iglesias nada más conocerse los resultados. «Ahora sí o sí vamos a conseguir un Gobierno progresista», comentó Sánchez.

Solo dos días después se había obrado el milagro.

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