El Atlético vuelve a enredarse en Butarque

Antoine Griezmann se lleva la mano a la cara junto al árbitro. JAVIER BARBANCHOREUTERS

Carrillo neutraliza el zurdazo de falta directa de Griezmann y firma el tercer empate seguido del Atlético en el estadio del Leganés

Butarque es para el Atlético una suerte de Día de la Marmota. El autobús aparca a unos metros del estadio, el equipo sale a calentar (igual de día que de noche) y cuando el árbitro da inicio al asunto se encuentra con que la misma telaraña de siempre, la que se encontró en su primera visita en 2016, sigue ahí. Y el Atlético, claro, con el mismo dolor de cabeza para encontrar la salida. Porque Pellegrino, lejos de cambiar el certero método de Garitano, su antecesor, se agarró a él y a esos cinco defensas que tan a menudo sacan de sus casillas a los rojiblancos. Durante la mitad del duelo, se estrellaron una y otra vez contra ese abismo blanquiazul que, sorprendentemente, reside en puestos de descenso. Y cuando pareció que la zurda de Griezmann era el antídoto, y que el Atlético tomaría Leganés por primera vez, Carrillo encendió de nuevo Butarque y recuperó el clásico guión. El de un empate que amargó el aperitivo a Simeone y puede alejar la cabeza. [Narración y estadísticas]

Las circunstancias obligaron al Cholo a apostar por una pareja de ataque inédita hasta la fecha. Griezmann, en su estreno como capitán (fueron baja Godín y Koke), hizo un curso acelerado de compatibilidad con Gelson Martins. Porque las circunstancias, es decir, los problemas físicos de Diego Costa, el bueno partido de Gelson en Copa y la búsqueda de velocidad para agrietar al Leganés, fueron las que mandaron. Salvo Kalinic y Adán, el Atlético presentó en sociedad, bien juntitos, a todos sus fichajes veraniegos. Arias, voluntarioso, sin más, en su tercer duelo seguido como dueño del carril derecho. Rodrigo, algo más suelto, tratando de ahogar sin mucho éxito la salida del Leganés. Y Lemar, que ha estado en todos los partidos del Atlético esta temporada, sufriendo de nuevo para dejar sus gotas de calidad más cerca del área, como le exige su entrenador.

En ese primer acto fue el Leganés quien salió con más ímpetu. Y no es que Oblak sufriera en exceso (de hecho sólo intervino casi al final con un disparo lejano de El Zhar), pero sí que transmitió mayor sensación de riesgo. Lucas y Savic estuvieron bastante entretenidos durante todo ese tiempo porque entre El Zhar, En-Nesyri o cualquiera de los dos carrileros (Juanfran o Silva) agitaron permanentemente el muro del Atlético. En el lado opuesto, los endiablados movimientos de Gelson, que a veces parece bailar sobre el tapiz y no paró de currar en defensa. Por eso se estrenó como titular en Liga. Del resto de socios, apenas hubo noticias. Cuéllar, salvo en algún saque de esquina, apenas tuvo jaleo.

Y como ya ocurriera hace un par de semanas frente al Betis, otro de esos equipos que vuelven loco al Atlético con sus tres centrales, los rojiblancos cambiaron de aspecto tras el descanso. El balón le quemaba en los pies al rival, entre otras cosas, porque siempre aparecía alguna camiseta visitante con la red preparada. El área de Cuéllar empezó a congestionarse. Y Simeone devolvió a la vida a Vitolo, dos meses y medio después de sus 27 minutos ligueros (los únicos este curso) en Mestalla. Y en esas, tras un pequeño sofocón de Oblak con En Nesyri, apareció él. El capitán Griezmann y su zurda, escondida hasta ese momento, dejaron clavado a Cuéllar tras una falta forzada por su socio Gelson.

Pareció que con eso, que no era poco, al Atlético le bastaría para olvidarse de uno de los fantasmas de las dos últimas temporadas. Pero el Leganés nunca bajó los brazos. Al contrario. Y en esas Carrillo, que empujó con el alma el remate de Tarín escupido por el larguero, se empeñó en lo contrario. Fue otro Día de la Marmota, sólo que al mediodía.

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