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Economía

El Banco de España destina a cajas rurales al inspector que denunció en vano la salida a Bolsa de Bankia

El inspector del Banco de España, José Antonio Casaus, abandona la Audiencia Nacional tras declarar por el caso Bankia. JAVIER BARBANCHO

No fue el único, pero el inspector del Banco de España, José Antonio Casaus, simboliza que lo que falló en la supervisión del sistema financiero español no fue la Inspección, sino sus superiores. Los famosos correos que remitió a sus jefes avisando a tiempo, pero increíblemente en vano, de «las graves debilidades» del grupo BFA-Bankia y que, de producirse la salida a Bolsa, habría «quebranto para el contribuyente» estremecen en el sumario del proceso judicial. Fueron desoídos y la huida hacia adelante de la salida a Bolsa terminó en monstruoso rescate del Estado.

¿Qué fue de Casaus? Acaba de empezar en su nuevo destino. Pasa de ser el jefe de grupo inspector de una entidad que, sin ser de las más grandes, sí se considera significativa como es Ibercaja, a ocuparse de inspeccionar cajas rurales, para estupor de sus compañeros. Son entidades consideradas la morralla de la Inspección e incluso denominadas oficialmente «no significativas».

«Casaus ha sido relegado. El mensaje que nos da el Banco de España es que el que avisa y da una opinión contraria a lo que quieren los jefes, es castigado», aseguran en la directiva de la Asociación de Inspectores.

Agregan que, para más inri, Casaus queda a las órdenes de algunos de los que fueron sus superiores en el control de las cajas en esos años fatídicos como son Javier del Río, director del Departamento de Inspección III y, sobre todo, Francisco Monzón, director general adjunto de Supervisión.

La nueva jefa de todo el área, Mercedes Olano, está explicando estos días la reorganización a, entre otros, el propio Casaus y su visión es opuesta. Sostiene que dedicarse a cajas rurales es como una ascenso, porque al quedar fuera de la autoridad europea son de especial responsabilidad para el Banco de España y deben ser más escrutadas. Además, los jóvenes inspectores se destinan a estas entidades y Olano cree que Casaus puede ser un buen formador.

Es posible, pero los fallos del pasado han sido tan terribles que el banco debe extremar los mensajes de regeneración que envía al exterior y Casaus es un símbolo indudable. Este inspector mantiene al menos rango de jefe de grupo, pero lejos de su departamento II y, sobre todo, del que ambiciona todo inspector: el I, el de la gran banca.

Justamente el escándalo de estos días del BBVA tras haber encargado trabajos de «inteligencia» al nauseabundo José Villarejo, demuestran que una vigilancia seria del supervisor es fundamental incluso en las más saneadas entidades. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, hizo bien en pedir públicamente en el Spain Investors Day -y ante inversores extranjeros-, que «el sector financiero debe realizar un particular esfuerzo para mejorar su reputación e introducir medidas que mitiguen el riesgo de comisión de conductas inapropiadas». Es una forma de pedir al presidente del BBVA, Carlos Torres, que agilice la lenta investigación interna. En el supervisor recuerdan que no pueden actuar, porque los superiores de Julio Corrochano, el jefe de seguridad que contrató a Villarejo, carecen ya de poder ejecutivo. Francisco González, es «presidente de honor» y Ángel Cano -director general en la época al que reportaba Corrochano, según el BBVA- salió en 2015.

Salvando las distancias también es preocupante la pifia de gobernanza en el Banco Santander tras anunciar en septiembre a Andrea Orcel consejero delegado y anular ahora el fichaje por su «coste inaceptable». Acierta Ana Botín en renunciar a pagar 55 millones de prima de fichaje mientras lanza un ERE del Popular, pero este diario no ha logrado aún dar con ningún relevante banquero, financiero o incluso supervisor que se crea la versión oficial de que el Santander ignoraba el coste. Tampoco en UBS -el banco suizo al que pertenecía Orcel- y que dice que avisó del precio antes del anuncio de la contratación. En UBS no ven seria la exigencia del Santander de que, como es buen cliente, se le debía rebajar el bonus de salida de Orcel. Lo indudable es que Botín no ha querido finalmente un ejecutivo tan peligrosamente ambicioso.

Si a esto se une estos días la detención de un directivo de la Bankia ya rescatada por colaborar en 2014 con iDental, el difícil reto del Sabadell para ampliar capital como le exige Guindos, o el duro ERElanzado por CaixaBank muestran que ni la gran banca, como si fuera Sísifo, ha terminado aún sus deberes. Tampoco el supervisor.

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