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Baloncesto

El Barcelona recupera la fe y mantiene viva la final

Barcelona 78 – 77 Real Madrid

Los de Pesic salvan el primer ‘match ball’ en otro final de infarto. Remontaron siete puntos en los últimos dos minutos

Thompkins lanza al final un balón que no entró. D. Grau ACB Photo

No admite corazones débiles la final de la ACB, tan en el límite de la igualdad que eleva la temperatura a niveles irrespirables. Salvó el Barcelona el primer match ball, devolviendo la moneda del orgullo, levantando la cabeza tras el mazazo del lunes de Carroll. Alargó la lucha por el título, que tiene cita el viernes, de nuevo en el Palau, gracias a un desenlace de fe. Gracias también a que el palmeo de Trey Thompkins se quedó esta vez a centímetros del objetivo, pues dos derrotas sobre la bocina hubieran sido demasiado crueles. [Narración y estadísticas]

La noche fue como esa pelota de tenis que golpea la red, pudo caer para cualquier lado. Tuvo entre sus manos el título el Real Madrid cuando Campazzo, el mejor, clavó un triple a falta de dos minutos y medio (71-77). Pero el Barça no desesperó, aunque motivos tendría para ello. Sacó la casta, para demostrar que también la tiene. Con todo perdido, resucitó con un parcial de 7-0 y los errores de todos en los últimos 30 segundos dejaron así la partida, tan tensa como emocionante. Una oda a la rivalidad.

No perdía el Madrid en ACB desde marzo, precisamente en el Palau, cuando sumaba seis derrotas ante los de Pesic en ocho partidos. Y realmente fue suya la batalla en muchos momentos, aunque nunca la pudo romper del todo. Procuró desarbolar el gran argumento azulgrana, que es la defensa al límite, con el acierto por respuesta (lo iba a mantener hasta los últimos minutos). Que las muñecas estuvieran sueltas bien pronto, sin complejos ni miedos. Cuatro triples de cinco intentos para empezar, que fueron como dagas al corazón del Palau, decibelios al máximo. Exhaustos tras la acumulación de batallas, los púgiles se tomaron cinco minutos de tanteo antes de entrar realmente en faena. La primera falta del Barça llegó en el minuto 8. El rebote bien temprano también fue suyo.

No tardó el partido en devenir en ciénaga, en asemejarse al segundo envite, trabado, angustioso, apenas los chispazos de Heurtel en una canasta; en la otra, el Madrid se enredaba por momentos en la telaraña culé, con poca fluidez en el estático, sin rastro de su temida transición. Ese era el plan de Pesic. Pero ante las cadenas, el talento. En la primera alerta roja (27-21), contestaron dos tipos con el genio por bandera. En frasco pequeño Campazzo, desde las alturas y la calma Trey Thompkins, el invitado sorpresa, 11 puntos de pura clase en el segundo cuarto.

Tres triples de Thompkins

Se recompuso el Madrid con tres triples del estadounidense, imparable y desesperante, poniendo en valor el trabajo en el otro aro. Porque los blancos apretaron de lo lindo en defensa con un quinteto inusual, Thompkins y Randolph de falso cinco en la pintura y Carroll y Causeur en el perímetro. El rebote dejó por un pequeño instante de ser un problema. Es el mérito de Laso, tener a todas sus piezas listas para el baile. Ahí (29-37), fue la primera duda azulgrana: sólo Heurtel, como siempre, tenía algún argumento entonces.

Más se estiró la cuerda a la vuelta, cuando los nervios empezaban también a entrar en juego. Un triple de Taylor, una antideportiva a Heurtel -por un feo codazo a Rudy– y otro de Randolph pusieron el +11. Pero no todo era reluciente. Rudy y Tavares se cargaron de faltas y el Barça tardó un pestañeo en regresar, con un parcial (12-0) que fue un resorte. Había salvado algo más que una vida.

El duelo siguió caminado por el filo hasta la mismísima recta de meta. Ahí pareció temblar el Barça, consciente de que ya no tenía red. Un triple de Rudy, un robo del listísimo Campazzo cuando iba a machacar Claver y un triple del argentino parecieron la sentencia. Pero así es el baloncesto, así es esta bella final. La suerte que le faltó el lunes apareció. O la templanza. También le ayudó a los de Pesic no estar cargados de faltas en ese final (lanzaron 14 tiros libres más). Llull penetró pensando en que Claver le pararía ilegalmente, pero la defensa del valenciano fue de manual. La perdió Hanga y tuvo una última oportunidad el Madrid. Resbaló Campazzo y a Thompkins, brillante toda la noche, le faltó un golpe de fe en el rebote ofensivo. Sólo cuando el balón salió despedido, empezó la fiesta del Palau.

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