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Economía

El Eurogrupo a Italia: «Hemos tenido la mano, sería inteligente que el Gobierno la aceptara»

Hay países dentro de la Unión Europea que juegan con reglas diferentes. No es justo, no es bueno pero tampoco ningún secreto. Alemania, Francia, Italia. Las más grandes tienen más peso, más recursos, más tablas y más peones en los lugares clave. Cuando hace unos meses París volvió a salir indemne de la enésima desviación de sus cuentas públicas, la prensa preguntó a Jean-Claude Juncker por qué se permitían estas cosas. La respuesta fue la más sincera y sangrante de su mandato: «Porque es Francia». Se puede protestar e intentar cambiar, pero para comprender el día a día hay que tenerlo muy presente. Dicho eso, hay momentos en que incluso los más privilegiados se ven debilitados, acorralados y aislados. Y es lo que le ocurre ahora al gobierno de Giuseppe Conte.

«La Comisión Europa le ha tendido la mano a Italia. Creo que sería inteligente por parte del Gobierno aceptarla y adoptar las medidas apropiadas para resolver el problema. Lo que nos hace más fuertes, lo que garantiza la estabilidad y la eficacia de la Eurozona, es el respeto colectivo de las reglas», ha avisado desde Luxemburgo el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, expresando perfectamente el sentir mayoritario en el continente.

El presidente y portavoz del Eurogrupo, Mario Centeno, es una persona tranquila y muy moderada. Probablemente exista alguna ley física que establezca la imposibilidad de generar o derivar polémicas de sus intervenciones, siempre discretas y conciliadoras. Ya sea hablando del Presupuesto del euro, de mecanismos de estabilización o de crisis políticas tan fuertes como la italiana, que estos últimos meses amenaza la armonía del euro. Por eso han sido otros los que, colmada su paciencia, decidieron subir algunos decibelios sus protestas.

Por desgracia, navegamos en aguas muy conocidas. Italia no estaba oficialmente en el menú, pero a la llegada de los ministros de los 28 se convirtió en uno de los platos principales. Una vez dentro de la sala, los titulares de Finanzas se centraron en otras cosas mucho más técnicas, desde la reforma del Mede, el mecanismo de rescate, hasta el diseño de un instrumento estabilizador para actuar con rapidez ante shocks asimétricos en la Eurozona. Pero antes de sentarse, en los corrillos y en los márgenes, la cuestión italiana era la candente. Porque notan el pulso, la belicosidad de los Salvini, Borghi o Bagnai, crecidos por los resultados electorales y la falta de una respuesta equivalente en radicalidad de sus socios comunitarios.

Por eso los rejones llegaron el jueves de todas partes. Desde Irlanda a Lituania pasando por Alemania. E incluso desde Washington, pues la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, aseguró en el Gran Ducado que Italia «debería encontrar con las instituciones la vía fiscal y tener el valor político para hacer las reformas estructurales que liberarían al genio italiano».

«Sería una batalla muy dañina»

La cuestión está en impasse. La Comisión consideró hace una semana que había condiciones objetivas para abrir un procedimiento por déficit excesivo contra Roma por los desequilibrios de su deuda. Las capitales, tras estudiarlo, coinciden y ven a años luz el cumplimiento del esfuerzo estructural del 0,6% que se pide este año al país. Si el Gobierno de Conte y Salvini no autoriza al ministro Giovanni Tria a hacer promesas realistas, presentar nuevos números y aprobar medidas concretas en cuestión de días, se antoja difícil que el procedimiento se frene.

«Nadie quiere que ocurra, sería una batalla muy dañina, pero si no enmiendan su desvío, no habrá alternativa«, explican fuentes europeas. «Estamos listos para avanzar hacia un procedimiento por exceso de déficit por la deuda, hoy es otro paso (…), pero todavía es evitable y todos queremos evitarlo», aseguró Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos, a su llegada a la reunión. «Hacen falta correcciones sustanciales» de los números, se sumó el vicepresidente Valdis Dombrovskis, otras cifras». «Las reglas no lo son simplemente porque están escritas en un papel, tienen su justificación», lamentó el germano Olaf Scholz.

La tesis de Tria es que todo está bajo control. En público sostuvo lo de siempre, que no hace falta ninguna medida adicional porque su plan económico es fabuloso y dará resultado a largo plazo. Lo mismo que han ducho todos y cada uno de los gobiernos en apuros desde hace décadas en la UE. «No las necesitamos porque sabemos que llegaremos«, afirmó el ministro poco después de verse con Dombrovskis a puerta cerrada. En privado, el mensaje de su equipo es mucho más matizado. Fuentes italianas reconocen las tensiones, los puntos de divergencia y la dificultad de lograr un acuerdo. Explican que las conversaciones empezaron la semana pasada en la reunión del G20 en Japón y siguen ahora. «Estamos en los primeros compases, no hay números en la mesa», sostienen.

Su propuesta es que las instituciones esperen hasta julio, y que comprueben con las cifras de ejecución de los seis primeros meses del año, hasta el 30 de junio, que en efecto la economía va como Roma sostiene. Pero nadie se fía y no quieren esperar porque las previsiones hablan de deuda desbocada y un déficit estructural que se iría en dos años por encima del 3,5% si no se pone freno al gasto. Y si el debate se retoma en septiembre, será demasiado tarde y el ejercicio se podría dar por perdido.

Holanda, en particular, está muy furiosa. En noviembre ya arremetió contra la Comisión Europea por la decisión de no arrancar un procedimiento cuando las violaciones eran claras, flagrantes. Entonces Juncker y Moscovici quisieron evitar un choque directo y más munición para los escépticos. Por eso retorcieron las normas hasta el límite, sin ninguna justificación técnica o económica, para desesperación de Ámsterdam y la Liga Hanseática. Ahora, con el tiempo dándoles una vez más la razón, piden más mano dura. Porque ciertas medidas de castigo se tienen que tomar como mucho cuatro meses después de que Eurostat ratificara las cifras de cierre de 2018 en abril. Eso llevaría a agosto, pero el último Eurogrupo y Ecofin previsto es el 9 de julio. Y allí es donde se decidirá todo.

Tria les ha pedido paciencia hasta entonces, pero la Comisión es más partidaria de decantarse antes de finales de mes, a pesar de que hay un Consejo Europeo el 21 de junio, vital para la distribución de cargos de la próxima legislatura europea, y se corre el riesgo de que Roma ponga palos en las ruedas. En terreno enfangado nadie juega mejor que los italianos.

La maquinaria italiana

La maquinaria diplomática de Roma es muy potente en la UE. Sus nacionales ocupan puestos clave, desde la presidencia del Parlamento Europeo (Tajani), la vicepresidencia de la Comisión en calidad de alta representante para la Política Exterior (Mogherini), la presidencia del BCE o al jefe de supervisión bancaria de la Eurozona (Andrea Enria). Por no hablar de la dirección general de Asuntos Económicos, con Marco Buti, la persona que ha enviado las cartas de advertencia precisamente a Italia por sus desviados proyectos presupuestarios. Ha funcionado históricamente como un reloj, por encima de partidos e ideología cuando afectaba a sus bancos, empresas, a dosieres de Competencia o a desviaciones en las cuentas. Pero ahora hay más dudas y menos ganas de salvar el pellejo de La Lega y Cinque Stelle.

Centeno, en sus declaraciones públicas, insistió en que si Roma hace lo que debe, una serie de esfuerzos reales, «la solidaridad llegará del lado de Europa». Seguramente no conoce aquella célebre máxima de Indro Montanelli: «Entre los italianos no existe la solidaridad, lo que hay es complicidad«. Y que hasta la fecha, incluso en momentos en que parecía imposible mantener el equilibrio y el caos era absoluto, Italia nunca ha caído.

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