El golpe secreto de Jackie Chan

Jackie Chan, actor y propietario del equipo DC Racing. ROBERTO CÁRDENAS

En el box 21, justo enfrente de la carpa de Porsche, una deslumbrante bandera de China deja claro que en el paddock de Shanghai no se juega con los símbolos patrios. Es una de las cruzadas de Jackie Chan, que desde hace meses se ha propuesto poner a salvo la «dignidad nacional» de los insultos «de la escoria» que ataca a «nuestros héroes y mártires del pasado». El célebre actor tampoco va a perder esta vez la oportunidad que le brinda el Mundial de Resistencia. Su mensaje viaja a más de 300 km/h en dos coches decorados con inconfundibles resonancias orientales. Más tres banderas chinas, por supuesto, en los retrovisores y el frente delantero, que eliminan cualquier suspicacia.

«El señor Chan, desgraciadamente, no podrá acompañarnos durante la carrera, porque sus obligaciones profesionales en Pekín se lo impiden», relata Lisa Tu, directora general del DC Racing, propiedad de Chan desde 2016. «Sin embargo, durante todo el fin de semana, en pleno rodaje de su última película, no dudó contactar mediante una vídeo-llamada con nuestros pilotos y con el resto del equipo para ver cómo van las cosas. Es una gran inspiración para todos nosotros», continúa Tu desde la villa 17 del circuito de Shanghai, una pagoda sostenida entre canales y cañamo.

«Siempre ha utilizado sus recursos y su influencia, tanto con los aficionados chinos, como con sus amigos de Hollywood», añade Tu, con un deje de nostalgia. Desde luego, nadie en la escudería puede olvidar lo vivido aquí las dos últimas temporadas, cuando Chan dio la salida simbólica a estas Seis Horas ante el regocijo de los fans. Entonces los DC Racing no pudieron siquiera subir al podio. Ahora, desde la pole (1:48.888), las perspectivas en la pista son mucho mejores que entonces.

‘Gato de la suerte’

El DC Racing ocupa el segundo puesto del Mundial en la categoría LMP2, a sólo un punto del líder. Sus dos prototipos impresionaron con sus triunfos en Spa, Silverstone y Fuji. El #37, bautizado como Gato de la suerte, responde a otra de las obsesiones de Chan, empeñado en promocionar a pilotos asiáticos a la conquista de la cuota de mercado. Por eso confió ese coche a una terna (Jazeman Jaafar, Nabil Jeffri y Weiron Tan) completamente malaya. Capítulo aparte merece el #38, la joya de la corona, bautizada como Poderoso y protagonista en Le Mans de una formidable gesta. Durante las 24 Horas de 2017, lideró, por delante de los LMP1, durante un buen tramo del domingo antes de entregar el triunfo al Porsche 919.

«Visto con perspectiva, aquel segundo puesto final en Le Mans parece algo surrealista para un LMP2», subrayaba esta semana David Cheng, ex piloto y actual copropietario del DC Racing. El legado de aquel #38 lo han tomado Ho-Pin Tung, Gabriel Aubry y Stéphane Richelmi. Un chino, un francés y un monegasco. «Nunca pudimos brillar en casa, de modo que este fin de semana es esencial para nosotros. Sobre todo para comprobar cómo aumenta el entusiasmo de la afición», valoraba el viernes Ho-Pin, ex piloto de Formula E, cuyos idílicos presagios contrastaba con el desangelado aspecto de los graderíos.

Sin embargo, ningún obstáculo va a interponerse con los planes de Chan. «Su marca cuenta con un reconocimiento global y supone una extraordinaria plataforma para el programa de carreras y sus variantes comerciales», añade Sam Hignett, director de Jota Sport’s, principal socio inglés del equipo, en una alianza que recuerda a los viejos tiempos coloniales. Desde la pequeña sede, en la campiña de Kent, todos vibraron el sábado con sus dos bólidos, separados apenas por un par de décimas, al frente de la primera línea de la parrilla.

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