El VAR le da al Valencia el empujón que buscaba

El delantero del Valencia Dani Parejo festeja su gol contra el Getafe, de penalti, en el Coliseum Alfonso Pérez. RODRIGO JIMÉNEZEFE

Vence al Getafe gracias a un claro penalti de Bruno sobre Gameiro transfomado por Parejo, que reaparece

Los dos equipos se mostraron negados de cara a puerta pese a disfrutar de clarísimas ocasiones, sobre todo las de Rodrigo Moreno

En el mismo escenario donde el Valencia vio truncada su gran racha el año pasado, donde llegaba invicto al Coliseum con 9 victorias y 4 empates, resucitó el equipo de Marceino. Lo hizo gracias al VAR, que le sirvió un penalti claro por agarrón de Bruno a Gameiro en el 78, que a la vez supuso la expulsión del central azulón por doble amarilla. Una pena máxima que hizo buena Parejo en su reaparición. [Narración y estadística]

Marcelino suele repetir casi de carrerilla, semana tras semana, los partidos que debería haber ganado su equipo de los que acabaron en tablas, y algún que otro perdido. Quizá el de este sábado, de no haber sido por el VAR, lo podría haber añadido a esa relación, pero de no haber sido por esa claro penalti el duelo podría haber caído para uno u otro lado. O no. Porque hasta ese momento, Getafe y Valencia estaban empatando a fallos.

El conjunto madrileño dominó, puso mayor intensidad en la primera parte, llegó más y acumuló más oportunidades. Sucedió que en los metros finales o no encontró rematador o los postes, uno de Cabrera y otro de Jorge Molina, le privaron de adelantarse en el marcador.

También el Valencia, por escribirlo de alguna manera y generalizar, estuvo torpe. Jugó a rachas y acumuló menos pero mejores ocasiones. Clarísimas, con los mismos protagonistas. Guedes como excelente asistente -no hizo más- y Rodrigo Moreno como delantero incisivo y negado en el Coliseum.

Fue para echarse las manos a la cabeza. En los albores del duelo, no supo aprovechar un gran desajuste defensivo del Getafe. Guedes cayó al centro y vio el desmarque para filtrar un pase exquisito. Rodrigo, solo ante Soria, cruzó en exceso con el exterior de su bota. Ocasión de esas que luego se pueden echar de menos.

El Getafe, bloque aguerrido, empezó poco a poco a subir de revoluciones. Su idea de juego tiene al portero contrario entre ceja y ceja. No tardó en asustar a Neto, que sacó una mano para despejar el disparo de Jorge Molina a córner. En esa acción, muy mal defendida, pudo adelantarse de nuevo. El remate de cabeza de Cabrera, tras varios toques en el área, se estrelló en el palo y Molina se empachó de balón al cazar el rechace.

Había asumido ya el control el Getafe, mucho más fresco y dinámico que el Valencia, que repitió el once de Champions, excepto Parejo, que regresaba tras su lesión en detrimento de Kondogbia.

Su presencia como director de juego no se notó en exceso, tampoco la de Maksimovic en los azulones porque el juego, trepidante, de toma y daca, se concentró por los costados. Los dos presumían de puñales: Amath-Portillo-Antunes y Gayá-Soler. Quien más brilló fue Antunes, que hizo estragos en la desguarnecida banda del accidental lateral derecho Wass. Ninguno de los centros envenenados del portugués encontró rematador.

El Valencia, asediado, se estiraba en contadas ocasiones. Siempre para sembrar el peligro. Rodrigo Moreno volvió a retar cara a cara a Soria, que le ganó la partida. El hispano brasileño tenía la mirilla desviada mientras Marcelino y el resto del banquillo se echaban las manos a la cabeza.

Pareció cambiar el guión en el segundo acto. El Getafe saltó enchufado y decidido. El Valencia, dormido por momentos. Respiró cuando a los 15 segundos, apenas sacar de centro, Jorge Molina se incorporó desde atrás para mandar el balón a la misma cruceta. Luego probó Amath, que chutó desde la frontal; más tarde N’Diaye… Todo en apenas cuatro minutos. El meta Neto sostuvo el coladero hasta que el Valencia retomó el pulso para calmar el duelo y empezar a sobar el balón. Equilibra así el choque para bajar la revoluciones y el ímpetu del Getafe. Pudo, de hecho, desnivelar la balanza. Patente quedó que no era la tarde de Rodrigo, que no supo definir un centro de Carlos Soler.

Cuando el partido enfilaba la recta final, con olor a empate, se produjo la jugada que abrió el cielo al Valencia. Penalti claro de Bruno a Gameiro. De Burgos consultó el monitor y el VAR aplicó justicia. Parejo, un un momento de gran tensión, con la grada pitándole y los rivales tratando de ponerle nervioso, no falló. Lo celebró con efusividad. Como Marcelino, que se toma un respiro después de reencontrarse con la victoria después de hacerlo por última vez en la séptima jornada, en Anoeta.

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