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Elecciones en España: Un impulso a la izquierda y una advertencia a la extrema derecha


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Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español, con simpatizantes el domingo 28 de abril

Andrea Comas/Associated Press

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MADRID — Antes de las elecciones generales del 28 de abril en España, los políticos habían formulado fuertes advertencias acerca de que el país se desmoronaría si triunfaba la izquierda o si regresaría a los días del autoritarismo franquista si ganaba la derecha.

Los electores respondieron a esa campaña para generar miedo con una alta participación electoral, de 76 por ciento que es una de las mayores desde que España regresó a la democracia, y gran parte de esa votación fue para confirmar su respaldo a una agenda social de izquierda y a la diversidad regional del país.

El voto también le dio a Vox, partido antiinmigrante, sus primeros escaños parlamentarios; un hito significativo en España, un país donde el nacionalismo tiene un estigma por el legado de la dictadura de Francisco Franco.

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El debut nacional de Vox demuestra que España no es inmune al avance de los partidos de ultraderecha que triunfan en otras zonas de Europa. Pero el surgimiento de ese partido también tuvo un efecto de movilización igual o mayor entre los opositores de la izquierda moderada.

El resultado es alentador para quienes defienden las soluciones del centro e izquierda ante los retos de esta era incierta a nivel global. No es necesariamente un rechazo total a la derecha populista, pero el resultado sí parece fortalecer las defensas en contra de esos movimientos.

Sin embargo, eso no significa que la fragmentación política que ha afectado al sistema español, así como al estadounidense o de otras partes de Europa, esté terminada. Si acaso, la política quedó aún más dividida apenas cuatro años después del colapso del bipartidismo en el país.

Pero incluso ese resultado polarizado confirmó que España es uno de los últimos bastiones del socialismo en Europa, en momentos en los que muchos partidos de centroizquierda se han desplomado en países como Francia, Alemania e Italia.

“En una Europa dominada por gobiernos de centroderecha que parece vivir en temor de la derecha extrema o de caer en manos ultraderechistas, España se destaca más bien como bastión de la socialdemocracia”, dijo José Ignacio Torreblanca, dirigente de la oficina en Madrid del grupo de investigación Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

“Todo en la campaña parecía impulsar a los votantes españoles hacia los extremos, pero en buena medida respondieron moviéndose al centro moderado”, añadió Torreblanca.

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Santiago Abascal, presidente de Vox, votó en Madrid.

Susana Vera/Reuters

Las propuestas de Vox, que incluyen abolir la administración autónoma de las regiones españolas, movilizaron a los votantes de izquierda, pero también parecen haber impulsado a los partidos regionales y nacionalistas que lograron avances el domingo.

El miedo a Vox, así como las preocupaciones acerca de que el Partido Popular —conservador y tradicional— pudiese formar una coalición con esa agrupación, “ha llenado las urnas de votos contra el racismo, contra el machismo, contra el fascismo y contra esa visión de España en la que solo caben unos pocos”, escribió Ignacio Escolar, editor jefe de eldiario.es.

En los resultados finales, los socialistas obtuvieron 123 de los 350 escaños parlamentarios. Aunque no lograron la mayoría absoluta sí obtuvieron casi el doble de diputados que sus principales rivales, el Partido Popular, cuyo respaldo se redujo a la mitad. Fue el peor resultado en la historia del partido de centroderecha.

El presidente de gobierno Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español, ahora tiene varias opciones para formar un gobierno de coalición, probablemente con Unidas Podemos, de izquierda y cuyo líder, Pablo Iglesias, celebró que la votación “puso freno a la extrema derecha”.

Sánchez convocó las elecciones anticipadas en febrero, después de una derrota parlamentaria en la que fue rechazada su propuesta presupuestaria.

Pero la elección también sucedió en medio de un conflicto territorial constante con Cataluña y del juicio a los políticos independentistas de esa región que están acusados de rebelión y otros delitos por un intento frustrado en 2017 para separarse unilateralmente.

El domingo, el independentista Esquerra Republicana resultó el partido con más representantes por Cataluña en el parlamento español, con quince escaños, más que los nueve obtenidos en 2016. El líder de Esquerra, Oriol Junqueras, está entre los políticos encarcelados y que están siendo enjuiciados en la Corte Suprema.

Se cree que Sánchez intentará evitar una alianza incómoda con los catalanes en las negociaciones futuras para formar coalición. Pero pocos analistas creen que España quede sumida en otro periodo de punto muerto político parecido al de 2016, cuando los dirigentes casi no pudieron ponerse de acuerdo sobre quién gobernaría después de dos votaciones.

Muchos piensan que las elecciones reforzaron la legitimidad de Sánchez, diez meses después de que llegó al cargo en el que ha sufrido grandes presiones por parte de sus socios de coalición. También tuvo que enfrentar las acusaciones de sus opositores que lo calificaban como un usurpador porque llegó al poder en junio, después de una moción de censura en vez de por las urnas.

Algo que podría profundizar el auge de la izquierda es la elección de octubre en la vecina Portugal, donde otro líder socialista, António Costa, espera ser refrendado en el cargo.

“Las buenas noticias para la Unión Europea, particularmente en medio del brexit, es que España ahora tiene un líder socialista reforzado que puede crear un eje en el continente —de Lisboa a Madrid, por París y hacia Berlín— de gobiernos comprometidos con una mayor integración europea”, dijo Pablo Simón, politólogo de la Universidad Carlos III en Madrid.

“La contraparte es que esta elección demuestra la excepcionalidad de la península ibérica, donde los socialistas aún pueden movilizar a los votantes de manera más efectiva que en otros países”, añadió.

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Simpatizantes de Esquerra Republicana, partido independentista de Cataluña, celebraron en Barcelona los resultados anunciados, la noche del domingo.

Emilio Morenatti/Associated Press

Se prevé que Sánchez espere al 26 de mayo antes de formar su gobierno. En esa fecha los españoles votarán otra vez en elecciones municipales y regionales así como para el Europarlamento.

El resultado ayudaría a Sánchez a decidir si quedarse con un gobierno de minoría o incluso si convocar otra elección en busca de una mayoría socialista.

En caso de que los resultados de mayo refuercen a Sánchez y el socialismo, al igual que a sus exaliados catalanes, “estaría cómodo con la idea de hacer nuevas elecciones”, escribió el analista Federico Santi, de Eurasia Group, en un informe el lunes.

La vicepresidenta Carmen Calvo declaró a la estación radial Cadena Ser que el PSOE posiblemente intentará gobernar por sí solo con el respaldo tácito de Unidas Podemos.

Y descartó posibles negociaciones con Ciudadanos, partido que en la campaña se inclinó a la derecha para intentar protegerse de la influencia de Vox y que encabezó el rechazo al independentismo catalán. Ciudadanos respondió a las declaraciones de Calvo al afirmar que no respaldará de ninguna manera a Sánchez.

Antes de la elección, el líder recién electo del PP, Pablo Casado, buscó sin éxito persuadir a Vox de que no postulara candidatos en regiones poco pobladas para evitar que ahí obtuvieran más escaños los socialistas.

La derecha entonces quedó más dividida.

Después de la votación, Casado y Santiago Abascal, líder de Vox, se culparon mutuamente de no poder desbancar a los socialistas. Vox ganó 10,3 por ciento de los votos, un poco debajo de su resultado en las elecciones regionales andaluzas de diciembre.

“Nadie debe subestimar la importancia de Vox”, dijo Torreblanca, el analista. “Pero, por ahora, no tendrá la influencia en el gobierno que tienen otros partidos de ultraderecha en Europa”.

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