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Deporte

Entrevista | Quique Setién: «Yo no vendo humo»

Entrevista

El ex entrenador del Betis dice que él no promete ganar, que sólo promete lo que está en su mano: jugar bien

Quique Setién, durante un partido esta temporada. EFE

Quique Setién es una de esas personas a las que le importa bien poco lo que digan de él. Tiene una edad (Santander, 60 años) y una trayectoria (más de 1.000 partidos entre jugador y entrenador) que le otorgan esa capacidad tan escasa en el universo futbolístico: decir lo que piensa. «Ahora mismo me darían mate en tres movimientos», responde cuando se le pregunta cómo lleva su otra gran pasión, el ajedrez. Atiende a EL MUNDO sin prisa, pues hasta que no acabe el colegio no se moverá de Sevilla, y verá desde allí, como espectador, la final de la Copa del Rey. Una derrota azulgrana le abriría una opción, la del banquillo del Barça, que él no desdeña, aunque conviene dejar claro que no ha habido nada, a día de hoy, entre el Barça y Setién. De hecho, no ha habido nada entre Setién y nadie. «No tengo nada, aunque supongo que algún equipo juvenil me querrá». Setién, tal cual es.

¿Cómo está?
Triste, porque realmente creo que el del Betis no era un proyecto acabado, que hay muchas cosas que se pueden rescatar, y que íbamos por buen camino. Pero la situación estaba muy complicada.
Un estadio ha echado al entrenador. ¿Nos equivocamos?
Seguramente no. Es verdad que si te pones en el lugar del presidente y de la gente que tiene que tomar esta decisión, no es fácil. Yo sentía la presión, pero soy consciente de que ellos tenían la misma presión que yo. La gente me chillaba a mí, pero ellos eran quienes tenían que tomar la decisión, aunque sé que ellos estaban contentos con el proyecto. Me consta que era así.
¿Tiene la sensación de haberse quitado un peso de encima?
Por una parte sí, porque te pones a pensar y dices: ‘¿qué necesidad tengo yo de soportar esto?’. Pero he visto a la mayor parte del vestuario, al propio presidente y vicepresidente, a muchos aficionados… y estábamos todos muy ilusionados con cómo iban las cosas hasta febrero. Ha habido otra parte de la afición que es más exigente, que necesita resultados y que no tiene la paciencia de otros. El equipo se ha quedado a tres puntos de Europa. Lo del año pasado fue un milagro, porque no sé si realmente merecimos entrar en Europa. Nos apareció Loren, que nos hizo ocho goles en ese esprint final, y este año Jesé vino para eso y no ha podido ser. Ha tenido cinco mano a mano y no los ha metido, si nos llega a meter esos goles…
¿Cree que era reversible la situación a estas alturas?
Yo creo que sí. Este equipo, cambiando algunas cosas, creo que podría haber seguido creciendo, pero claro, también sé que, de haber seguido, dos derrotas al principio y ya empiezas con un clima irrespirable.
¿Ha sido mutuo acuerdo?
Digamos que yo también tenía dudas sobre continuar, porque a veces ya no eres tú solo, es la familia también, tienes un grupo de gente que trabaja, que sienten y padecen, y no es fácil aguantar así.
¿En qué ha fallado Quique?
Pues he fallado mucho, claro. Seguramente mis críticos tienen algo de razón, no es fácil convencerme de las cosas. Yo no vendo humo, vivo de realidades, tengo bastante sentido común y no voy a ir vendiendo algo que no sé si voy a conseguir. Yo sólo prometo trabajo, prometo que mi equipo va a jugar bien, no que vaya a ganar, y eso en algunas ocasiones no se entiende bien. Porque, si encima de no ganar juegas mal, no tienes nada que ofrecerle a tus jugadores. Hemos hecho muchas cosas bien en partidos que hemos perdido, y sí, ha habido partidos concretos que hemos sido un desastre, aunque creo que han sido los menos.
En su comunicado de adiós no se despide de Serra Ferrer.
No ha sido una relación difícil como se ha dicho. El criterio de Lorenzo y el mío son diferentes en cuanto a lo futbolístico, pero eso, a veces, es bueno. Hemos tenido nuestras diferencias respecto a algún jugador, pero ha habido una relación correcta. No ha sido una relación tortuosa.
Dice que usted no había entendido la idiosincrasia de la afición del Betis. ¿A qué se refiere?
Todos sabemos la pasión que hay aquí, y la gente, si no te ve a ti entusiasmado, piensa que no eres ambicioso. Y, la verdad, yo llevo ya más de 1.000 partidos como profesional, entre jugador y entrenador, y entiendo que no tengo que explicar que quiero ganar. Me ha costado empatizar con una parte de la afición, porque con otra me he entendido bien. A los que no les ha gustado mi trabajo han hecho más ruido.
También hizo alusión a eso de ser de Santander. ¿Tan diferentes somos de un sitio a otro de España?
A mí me han dicho que soy muy cabezón, y quizá tengan razón, pero soy cabezón para defender mi propuesta. Cuando digo que soy cabezón, creo que es hasta positivo, porque cuando las cosas vienen mal dadas necesitas un tío con determinación para defender la idea. Sí, soy una persona de convicciones firmes, o un cabezón, llámalo como quieras.
Hubo declaraciones suyas que no se han entendido. Por ejemplo, el día que pierde 3-0 en Leganés.
Cuando vas a una rueda de prensa tras perder 3-0, y las preguntas son reiterativas, rebuscadas y hechas con maldad, no es fácil. Es verdad que ese día yo digo algo que no tengo que decir, me equivoco. Pero cuando no se tiene respeto por mi manera de jugar o de entender las cosas, no es fácil mantener la calma.
Le acusan de ser prepotente.
Sí, y de tener cierta soberbia. Igual a alguien que está tan convencido de sus ideas se le puede catalogar así, sobre todo por la gente a la que no le gusta tu idea. No soy prepotente, y de hecho mi cuerpo técnico tiene una influencia enorme sobre mí, suelo rodearme de gente mucho más lista que yo porque es la manera de renovar, de avanzar.
Sus enemigos deportivos, ¿le alimentan o le molestan?
Soy el primero que he hablado siempre, por ejemplo, de Simeone, y se lo he dicho a él. Lo que ha hecho Simeone es espectacular, yo jamás lo hubiera podido hacer. Tiene un mérito tremendo competir con Barça y Madrid. Lo importante de las ideas es hacerlas bien. Cualquier fórmula es válida. Otra cosa es que te guste más o te guste menos.
Da la sensación de que su apuesta no admite matices. O se juega así o no se juega. ¿No cree que hay partidos para todo? Por ejemplo, ir ganando 2-0 al Valencia en la ida de Copa y seguir arriba.
Ese ejemplo te puede valer también para el partido del domingo en el Bernabéu. Marcamos a falta de media hora y lo normal es que el Madrid nos hubiera metido en nuestra área y en ese acoso, probablemente nos hubiera ganado. Nuestra manera de defender es tener el balón y hacer correr al contrario. Porque mis equipos sí defienden. Tú puedes defender con 10 tíos metidos en tu área y puedes defender como lo intentamos nosotros. Los equipos de Quique defienden, cómo no, pero lo hacen con el balón porque creo que esa fórmula es mejor. De hecho, en aquellos dos goles del Valencia tenemos más gente por detrás del balón que el Valencia, pero Rodrigo y Gameiro, con su velocidad, nos ganan.
Hablando un poco de fútbol para terminar. ¿Cómo explica estas cosas que han pasado este año? Para empezar, el mal año del Madrid.
Es difícil que un año tú te quedes fuera de todo con un equipo así, pero vienes de ganar cuatro Champions. Hay que darle un margen.
El KO del Barça en Anfield.
No hay explicación para esto. Lo primero es valorar a los rivales y saber que un mal día lo tiene cualquiera. Siempre le daría más mérito a una Liga que a una eliminatoria. Lo del Ajax, por ejemplo, fue injusto.
La caída del PSG otra vez en Champions League.
Eso tiene una explicación muy razonable. Todos se gastan cientos de millones en ganar y sólo puede ganar uno. El segundo ya no vale. A veces todo depende de 10 centímetros. Un poste te cambia todo.

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