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Gastronomía

'Fanta', el refresco que Coca Cola inventó en la Alemania nazi

Edición especial de Fanta Klassik por su 75 aniversario en 2015 COCA COLA COMPANY

Últimamente, la imagen de los refrescos no pasa por su mejor momento. Aunque las ventas siguen yendo estupendamente, son uno de los productos más afectados por todos esos titulares que han situado el azúcar como uno de los principales problemas para la salud pública de muchos países.

Claro que una cosa es que te relacionen con el azúcar, las caries y la diabetes -para intentar contrarrestar eso está el marketing y las versiones sin azúcar-, y otra que vinculen tu historia al nazismo. Y eso es precisamente lo que ocurre con Fanta, la bebida de naranja de Coca Cola, que fue invetada en 1940 en Alemania y en plena II Guerra Mundial.

Una historia que, en realidad, no es ningún secretola propia compañía tuvo problemas con un vídeo promocional del 75 aniversario de la marca-, pero que sorprende cada vez que se recuerda. Y es que, frente a la idílica imagen de los soldados estadounidenses bebiendo Coca Cola durante la guerra, la idea de Hitler con una Fanta cuesta más de encajar en la historia oficial de esta multinacional.

Pero fue así como se inventó la Fanta que, de hecho, debe su nombre a la palabra alemana fantasie (fantasía). Su creador fue Max Keith, responsable de la subsidiaria de Coca Cola en Alemania, y cuyo lazos y afectos con el Partido Nazi y el III Reich varían según quién cuente la historia pero que, en cualquier caso, está claro que era uno más de los adeptos al regimen que aprovechó la ocasión.

Más curioso resulta que, hasta que Estados Unidos entró en la guerra, en Alemania no faltaron los suministos de Coca Cola. Pero claro, tras Pearl Harbor, quedaba feo que los aliados y los nazis bebieran lo mismo, así que se cortó el suministro del jarabe secreto de Coca Cola a la división de Keith.

Es entonces cuando Coca Cola Alemania -aperentemente ya de forma autónoma y desligada de la central de Atlanta- decide crear un nuevo refresco con sabor a naranja. Pero las restricciones de la guerra condicionaron la fórmula original, creada básicamente a partir de deshechos de otras industrias alimentarias.

Al parecer, la lista de ingredientes incluía restos de frutas, fibras y pulpa de manzana, azúcar de remolacha y suero que sobraba de la producción de queso. ¿Estaba rica? Según cuantan los libros de historia, que repasan este episodio más como una anécdota que como una mancha en el expediente de Coca Cola, era tan dulce y sabía tanto a queso que se usaba muchas veces para cocinar.

Pero lo cierto es que fue un éxito de ventas. Entre otras cosas porque tampoco había muchas más opciones, y porque la Fanta se convirtió en el refresco nacional de aquella Alemania Nazi en declive que ya veía próximo el fin de la guerra.

Pese a estos lazos y las relaciones de Keith con el nazismo, contra todo pronóstico -en realidad no, ocurrió en muchos otros ámbitos-, tras el fin de la guerra Coca Cola le recibió con los brazos abiertos y casi como un héroe que había mantenido la compañía a flote pese a las dificultades.

Por supuesto, la idea de la Fanta también voló de Alemania a Estados Unidos donde, ya con una fórmula sin restos de comida, ni queso y ese color naranja tan caracterítico, se relanzó al mercado en 1955.

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