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Motor

Fernando Alonso y Tony Parker, dos ídolos de masas en Le Mans

Alonso, durante el desfile de pilotos del viernes en Le Mans.

La primera aclaración, nada más aterrizar hace unos días, no dejaba margen al equívoco: «Esto no es un adiós, sino un hasta luego». La última, esta misma mañana, abundaba en la misma idea: «Aquí seguro que vuelvo, aunque no sé en qué año». La historia de Fernando Alonso en Le Mans no se cerrará este fin de semana. Ni siquiera si el domingo se proclama campeón del Mundial de Resistencia o repite la victoria de 2018 con Toyota en las 24 Horas. Su vínculo con esta legendaria carrera se antoja mucho más perdurable.

Alonso, de 37 años, vibra con el hechizo de Le Mans incluso en esos días en los que el cuerpo le pide otra cosa. Este sábado, por ejemplo, se dio la tradicional zambullida por las calles de la ciudad en la Driver’s Parade. Dos horas de desfile ante 150.0000 aficionados que coreaban su nombre por cada esquina. Acompañado de Kazuki Nakajima y Sebastian Buemi, el español disfrutó de un baño de masas que, a su juicio y pese a las apariencias, «quita bastante energía».

Un recorrido a lomos de un Mercedes SLC blanco, cuyo ritmo de galápago podía seguirse cómodamente a pie desde la rampa de salida. Alonso fue de nuevo el gran foco de atención de la tarde, el único capaz de competir con Tony Parker, cuyo nombre retumbaba una y otra vez por los altavoces de la Place de la Republique. El gran ídolo del baloncesto francés, apasionado de la velocidad y vestido de riguroso negro, ejercía de padrino del equipo IDEC Sports, que participa en la categoría LMP2.

Pistola de agua

Bruno Vandestick, el eterno ‘speaker’ de las 24 Horas, repartía por tanto sus esfuerzos entre los nombres de Alonso y Parker. Desde la rampa de salida, a la sombra de la Catedral de Saint Julien, arreció la lluvia de caramelos, banderitas y tarjetas del Gazoo Racing. Los aficionados saludaban móvil en alto y Fernando replicaba con un chorro de su pistola de agua.

Le Mans, una ciudad donde sólo el baloncesto puede competir con el motorsport, ofrecía también su homenaje al ganador de cuatro anillos de la NBA, a lomos de un precioso vehículo de casi un año de antigüedad. El capitán de los ‘bleus’, recién retirado, completará próximamente una sesión privada, lejos de las cámaras, en el circuito de Le Sarthe. El primer paso, quizá, para una nueva aventura. «Nunca me cierro una puerta», avisa.

De momento, sobre el asfalto sigue mandando Alonso, que no dudaba en poner pie a tierra para atender a un simpático grupo de hinchas con atuendos medievales. Unos metros más adelante, también en la Avenue Rostov-sur-le-Don, otra pequeña parada ante las banderas asturianas y un vídeo para inmortarlizarlo todo en las redes sociales. Quizá no fuera tan errada la advertencia de que este desfile podía agotar a cualquiera.

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