Fiesta sin esteladas de Márquez en Cervera

Marc Márquez, durante la celebración de su séptimo Mundial en Cervera. Santi iglesias

Marc Márquez se siente catalán y español. Lo ha repetido una y otra vez. Pero, en su caso, no está dispuesto a dejar que la política le amargue la fiesta. Ni a él ni a sus seguidores. Por eso, la única bandera que lucían masivamente sus incondicionales en la plaza de la Universitat y en la de Pius XII, en Cervera, era la suya: la del 93.

Tal vez, su carácter tiene mucho que ver con la propia idiosincrasia de Cervera. Allí, en 1359, durante el reinado de Pedro IV el Ceremonioso, tuvieron lugar las cortes catalanas que constituyeron la Generalitat de Cataluña. Y allí también, el 5 de marzo de 1469, se celebraron las capitulaciones matrimoniales de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando.

A primera hora de la tarde, en la plaza de la Universitat,con el edificio luciendo lazos amarillos en muchas de sus ventanas, se multiplicaban las banderas con el 93 de Marc Márquez. No en vano, el FanClub, organizador del evento, ya se encargaba de que nadie se quedara sin la suya. No había esteladas ni en los balcones. Aunque, eso sí, también se leían algunas pintadas a favor de la liberación de Oriol Junqueras y en la sede de la Asamblea Nacional de Cervera, en un rinconcito, sí había proclamas como La Segarra per la independència, un par de esteladas, una con la estrella blanca en fondo azul y otra con la estrella roja con fondo amarillo, y una pancarta con la exclamación Democràcia!

Al lado, curiosamente, en un balcón, dos de los dorsales que ha lucido Marc Márquez a lo largo de su carrera, el 93 y el 73, flanqueaban una senyera y una bandera republicana colgadas una encima de la otra. Para encontrar más esteladas y lazos amarillos, hizo falta encaminarse hacia la plaza Major, lugar en el que se ubica la Paeria, el ayuntamiento de Cervera. Allí, se restituyó la pancarta con la proclama Llibertat presos polítics, descolgada en la madrugada anterior por tres autoproclamados seguidores del piloto y que fue restaurada en su sitio durante la mañana del sábado.

Para franquearla, dos balcones de la Paeria se tiñeron de amarillo, las columnas de los pórticos de la plaza fueron todas rodeadas por lazos y en los balcones se multiplicaban estos mismos símbolos y las esteladas. Entre todas, con todo, destacaba una pancarta: Vull un país on només els petons ens tapin la boca (Quiero un país donde solo los besos nos tapen la boca).

La plaza del ayuntamiento, cuando se calentaban motores, en algunos casos literalmente, para la rueda de prensa de Marc Márquez, estaba prácticamente desierta. Los aficionados ya se amontonaban en la plaza de la Universitat y en Pius XII, ubicada al lado del Gran Teatre de la Passió de Cervera. Un escenario que ni pintado. Porque pasión, aunque de otro tipo, es la que despierta el piloto de Cervera entre sus incondicionales. Hasta tal punto, que dos de ellos, padre e hijo, llevaban esculpido en su peinado el 93, su dorsal y enseña.

“Prefiero dar besos a que me vean lejos en el balcón”

Como ya ocurrió el año pasado, el gran protagonista de la fiesta tuvo que celebrar su triunfo, tras la correspondiente recepción en la Paeria, a pie de calle, sin salir al balcón. Algo a lo que el propio Marc Márquez trató de restarle importancia. “Prefiero emplear el tiempo firmando autógrafos o dar dos besos a quien me lo pide a que mis aficionados me vean de lejos en el balcón del Ayuntamiento. Esta fiesta es para la gente“, aseguró el piloto en su rueda de prensa, retransmitida en las dos plazas donde se reunían sus seguidores por medio de pantallas gigantes.

“No debemos mezclar temas porque estamos celebrando una gesta deportiva. Estamos viviendo un momento muy dulce y sólo quiero hacerlo rodeado con los míos en las calles de Cervera”, recalcó un Marc Márquez que no veía el momento de pisar de nuevo la calle y mezclarse con sus seguidores. “Estoy ansioso por poder llegar a la plaza y al escenario y estar el máximo tiempo posible con mis aficionados”, reiteró el piloto.

En el mapa, el punto de inicio y el del final de la rúa estaban al lado, pero el piloto no desaprovechó la oportunidad para darse un baño de masas en su ciduad antes de llegar al fin de fiesta. Allí, le esperaba un mar de banderas rojas, si bien una mezclaba su dorsal, el 93, con una estelada. No fue la única reivindicación. En un edificio, al lado del escenerario, colgaba un enorme lazo con la frase “It’s just about freedom” (“Solo se trata de libertad”) y, en la parte trasera de la Universitat, colgó una pancarta con la frase “llibertat presos polítics!”, la misma que el alcalde, Ramon Royes, quien fue recibido con tímidos pitos en el escenario al salir para felicitar al piloto, no quiso descolgar de la Paeria y que fue el foco de una polémica que los incondicionales de Marc se esforzaron por dejar en segundo plano.

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