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Deporte

Fórmula 1 | El humor ácido de Niki Lauda

Fórmula 1

Opinión

Niki Lauda y Arturo Merzario años después del accidente en Nurburgring J.M. RUBIO

Niki Lauda se ha ido dejando tras de sí un hueco importante en la F1 y en el corazón de los aficionados. Como muchos pilotos de su época, fue un guerrero del asfalto, aunque al margen de sus logros deportivos Niki marcó su época por su carácter bromista, parecido al de su compatriota Berger, pero combinado con un humor ácido que a mucha gente no le caía nada bien.

Sin duda su historia estuvo marcada por su accidente en el G.P. de Alemania de 1976, cuando su coche fue chocado por el Hesketh de Lunger y el austríaco estuvo a punto de perecer en las llamas que se ocasionaron. Una de las curiosidades de aquel accidente es que el Hesketh que se lo llevó por delante cuando Lauda estaba detenido en medio de la pista, es actualmente propiedad del fotógrafo catalán Miquel Liso y está en proceso de restauración en Manresa.

Pero quien tuvo mucho protagonismo en aquel episodio fue el italiano Arturo Merzario, un piloto de poco más de 1,60, delgado y que en su época se caracterizó por llevar siempre un sombrero texano en honor al tabaco de los vaqueros que fumaba constantemente, muchas veces en compañía de Niki. Merzario no dudó en parar su coche junto al Ferrari que estaba ardiendo, y sacó de aquel brasero a Lauda que en el golpe recibido por el coche de Lunger perdió el casco y de ahí a las lesiones de la cabeza. Aun nadie se explica cómo Merzario pudo con el cuerpo de Lauda para extraerlo del habitáculo. Al piloto italiano se le pudo ver, como de costumbre, en el G.P. de Italia el año pasado, con el sombrero y el cigarrillo, como toda la vida. Aunque parezca lo contrario, los dos pilotos nunca mantuvieron una relación muy estrecha sino más bien todo lo contrario, y ambos tomaban con naturalidad esa distancia.

Cualquiera de los pilotos de la parrilla de aquella carrera hubiera hecho lo mismo, tanto Lauda por otro piloto, como Merzario lo hizo por él. El riesgo lo palpaban en cada curva desde los entrenamientos a la carrera y eso les hacía ser muy solidarios. La falta de asistencias rápidas también era otra carencia de la época y el primer y definitivo auxilio podía provenir siempre de otro piloto. Bernie Ecclestone, que tuvo a Lauda en sus filas en la época de Brabham siempre se ha caracterizado por el respeto a la historia de la F1, de la que él forma parte y en el año 2006 fue el impulsor del encuentro entre los dos pilotos, pero no un encuentro cualquiera, había que hacerlo en el mismo lugar del accidente y Lauda se llevó a su hijo para que viera el lugar de cerca y recibiera las explicaciones de cómo fue aquello que pudo terminar en tragedia. Ecclestone, que siempre se ha caracterizado por sacar dinero de cualquier cosa, monto el acto casi sin prensa, pero con televisión y es que los protagonistas debían estar bebiendo cerveza Veltins.

El reencuentro en el 30 aniversario del accidente y en el mismo lugar era algo muy apetecible y Bernie lo quiso hacer en exclusiva para la televisión, vendiendo de esta forma el «producto» más caro, de ahí que fuéramos muy pocos los que presenciamos la escena, que duró bastante más de lo previsto. Arturo Merzario, que ganaba a bromista a Lauda, se llevó una oreja de cerdo y mientras preparaban la escena, la ocultó entre las hierbas de la cuneta. Cuando comenzó la grabación del momento y mientras iban explicando lo sucedido, Merzario se agacho y sacó de entre las hierbas la oreja de cerdo y se la dio a Niki diciéndole si aquel día no se le había olvidado algo. Lauda fue el primero en comenzar a reírse a mandíbula batiente. No podía parar de reírse, lo mismo que Mathias el hijo de Niki y todos los que estábamos allí. Sin duda ese sentido del humor del piloto austriaco fue el que le hizo seguir adelante como si nada, riéndose de su propia imagen y superando así lo que para otros hubiera sido un trauma.

Niki, como buen discípulo de Bernie y aconsejado por éste, supo sacar rendimiento a las secuelas de su accidente y ayudado por el inglés convencieron a Parmalat, que ya fue patrocinador de Brabham, la escudería de Ecclestone, para que patrocinara la gorra del austriaco. Sin duda fue el mejor negocio de la industria láctea de Parma. Ese espíritu negociador y risueño, que después se fue volviendo agrio en muchas ocasiones, mantuvo a Lauda «vivo» y le permitió alcanzar tres títulos, el último en 1984 tras varios años alejado de la F1.

Aprender a reírse de sí mismo le sirvió también para superar el desastre de su abandono en Japón 1976, cuando bajo el diluvio decidió que era más importante su integridad física, que había estado a punto de perder unos meses antes, que el título, que de aquella forma fue a parar a su rival y fumador empedernido, James Hunt.

Niki en su última época de Mercedes hizo gala de su variable carácter unas veces amable y otras no tanto. Los periodistas que le entrevistaban para televisión no sabían muchas veces a lo que se iban a enfrentar. Según el humor que tuviera les podía salir una magnifica entrevista o enfrentarse a un miura que se los llevaba por delante. Para paliar esa incertidumbre, las cadenas de televisión que le entrevistaban esporádicamente siempre enviaban a una risueña periodista para conseguir lo mejor de Niki, que también ejerció de comentarista de la RTL en su última época en la F1. Con él se ha ido, además de un gran piloto, un personaje mítico de la F1, y precisamente eso es lo que está faltando en la F1 actual.

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