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Francia

Francia: se multiplican las denuncias por violencia policial

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Un muerto, decenas de mutilados y más de 2.500 heridos. Tras más de un año negando lo que numerosos videos mostraban y lo que manifestantes, ONG, colectivos de abogados, periodistas y políticos de oposición venían denunciando, el gobierno francés reconoció, este mes de enero, «comportamientos inacceptables» por parte de las fuerzas del orden contra los manifestantes, ya sean ‘chalecos amarillos’ o críticos de su reforma de las pensiones.

>>> Un programa de Lucile Gimberg. Realización por Pierre Zanutto. Selección musical por Fabien Hily.

Desde finales de 2018, el gobierno francés se enfrenta a una fuerte protesta social. Decenas de miles de personas han salido a las calles con el movimiento de los ‘chalecos amarillos’ y, más recientemente, en contra de su reforma del sistema de las pensiones. Y desde hace más de un año, una infinidad de videos han inundado las redes sociales. Muestran a agentes de la policía golpeando a manifestantes en el piso, manifestantes con heridas graves en las manos, los pies, la cara…

En total, el periodista independiente y especialista de la violencia policial, David Dusfresne, ha registrado más de 2.500 manifestantes heridos, más de 300 heridas en la cabeza, 25 personas que quedaron tuertas y cinco que perdieron una mano.

Yann, de 41 años, es uno de estos heridos. El 19 de enero de 2019, al salir de su trabajo de mesero, se unió a la manifestación nocturna de los ‘chalecos amarillos’ en las calles de Toulouse, en el sur de Francia. Por el futuro de sus hijos, las pensiones, para protestar contra la vida cada vez más cara y contra los impuestos, explica.

«A mí me golpearon con bastón policial, me sacaron once dientes y me dejaron con fractura de la mandíbula superior y fractura de costillas. Fue muy duro, nos golpearon duro. Había 15 heridos más. Yo me desmayé después de recibir un golpe directo en la boca. Cuando me desperté unos cinco minutos después, ya no había nadie. Los policías se habían ido. Nos habían dejado heridos en el piso, solitos, sin ayudar ni detener a nadie», contó Yann a Radio Francia Internacional. Un médico le dio una licencia de 15 días por las heridas que le produjo esta golpiza.

Sin dientes o casi, el cuadragenario perdió su trabajo en un restaurante. Y el seguro no le quiso pagar los gastos en salud porque había participado en una manifestación no autorizada. En el caso de muchos ‘chalecos amarillos’ heridos, las compañías de seguro argumentan que no cubren los «siniestros en contexto de movimientos populares y disturbios».

«Tengo mucha rabia», dijo Yann a RFI. «Estoy triste también porque mi vida ya nunca volverá a ser igual, solo porque salí a la calle para decir que no tenía suficiente para comer… ¡Y ahora mi situación es peor!», afirmó. «Antes a mí me gustaba la policía, tengo familiares que son militares y agentes aduaneros», añadió, «pero ahora cuando veo a un policía, tengo miedo porque ahora sé que esto le puede pasar a cualquiera».

«Mi mano estaba hecha trizas»

Para Antoine Boudinet, 26 años, la herida fue todavía más grave. En una manifestación de los ‘chalecos amarillos’ en Bordeaux, al suroeste de Francia, su mano fue destruida por una granada ensordecedora, la GLI F4, que contiene una carga explosiva.

«En ese momento, ya era de noche», contó a Radio Francia Internacional. «El ambiente había cambiado muchísimo con respecto a la manifestación de la tarde. Parecía una escena de guerra, con barricadas de fuego entre los manifestantes y los policías. Dejé a mi hermano y mis amigos y me fui solo hacia adelante para ver qué estaba pasando y avisarles después. Fue justo en ese momento. Duró un segundo apenas. Cuando adelanté a los manifestantes, vi que un objeto estaba rodando hacia mí. Largo, cilíndrico. Pensé que era una granada lacrimógena, es decir algo que no explotaba. Como no quería que me llegara todo el gas a la cara, me incliné para tomarla y apartarla de mí. Y cuando la tenía a la altura de mi rodilla, mi mano explotó. Sentí un impacto muy fuerte en mi mano, pero no miré. Me fui corriendo hacia los manifestantes y cuando llegué, los vi alejarse de mí con horror. Entonces miré mi mano… y vi la herida… o sea, ya ni era una herida… Mi mano estaba hecha trizas. Y me puse a gritar.»

Era el principio del movimiento de los ‘chalecos’, recuerda Antoine. «Yo, mi hermano y nuestros dos amigos no sabíamos que la policía utiliza estas granadas GLI F4 con explosivos… Tampoco sabíamos lo peligroso que son los Lanzadores de Balas de Goma, que te pueden dejar tuerto. No éramos conscientes de esto. En aquel momento, nadie hablaba de eso, nadie sabía. La gente descubrió las granadas GLI F4 en diciembre de 2018 y enero de 2019, con los chalecos amarillos», subrayó.

Con varias decenas de ‘chalecos amarillos’ heridos, Yann y Antoine han formado el colectivo «Mutilados por el ejemplo» para alertar sobre la violencia policial, reclamar la prohibición de dichas armas y pedir un cambio en la doctrina de mantenimiento del orden público.

Lanzadores de balas de goma y granadas explosivas en la mira

Hoy, estas armas llamadas «sub-letales», como las granadas explosivas y los lanzadores de balas de goma (LBD por sus siglas en francés), están en el corazón de una polémica. El gobierno ha dejado de comprar granadas GLI F4, pero las sigue utilizando hasta que se agote su stock.

Inglaterra, la mayoría de las regiones de Alemania y Cataluña, por ejemplo, han prohibido el uso de los lanzadores de balas de goma, por considerarlos demasiado peligrosos.

«La violencia policial es un tema tan viejo como la sociología de la policía, es un vicio de la policía», analiza el sociólogo Sebastian Roché, investigador en el CNRS y autor del libro «La policía en democracia». «El tema se reactivó en Francia porque las manifestaciones, a partir del 2016 contra la reforma laboral y luego de los ‘chalecos amarillos’ contra la precariedad social, llevaron al gobierno a recurrir masivamente a las fuerzas del orden. El gobierno, para responder a las protestas, movilizó a más policías y por más tiempo, como nunca lo había hecho desde hace varias décadas. Esta movilización policial y el uso de estas armas menos letales causaron decenas de mutilaciones y un muerto. Ningún otro país de la Unión Europea ha dejado esa cantidad de mutilados en unos meses. La mala gestión de esta crisis social dio lugar a esta violencia policial que hoy se ha convertido, después de un año, en un tema central del debate político.»

Los habitantes de los suburbios pobres y con importante inmigración ya conocen esta violencia policial desde hace años. E incluso se ha plasmado en varias películas… La última, candidata al Oscar, la de Ladj Ly, ‘Los Miserables’, relata el abuso de un policía que le dispara a un niño con un lanzador de balas de goma… Ahora, quedó patente que estos abusos policiales pueden alcanzar a todos los sectores de la sociedad.

Condena internacional

A nivel nacional, organismos de defensa de los derechos humanos, colectivos de abogados, periodistas y políticos de oposición han denunciado estos abusos ahora filmados en tiempo real por los smartphones. Y a nivel internacional, Francia ha recibido críticas de instituciones como la ONU y el Consejo de Europa.

Y es que al balance de los heridos y mutilados, hay que agregarle tres muertos vinculados a operaciones de la policía desde finales de 2018: una anciana en Marsella, que murió en el hospital tras recibir una granada lacrimógena en su balcón; un joven en Nantes, en el marco de una intervención policial violenta durante la Fiesta de la Música; y a principios de enero, un padre de familia que murió tras ser asfixiado en el suelo durante un control policial cerca de la Torre Eiffel en París.

Frente a la conmoción nacional, y tras meses negando el concepto mismo de «violencia policial», el ejecutivo finalmente cambió de tono. En su mensaje de año nuevo, el ministro del Interior llamó a los policías a la «ejemplaridad». Y pocos días después, el presidente Emmanuel Macron pidió al ministro del Interior proponer acciones para mejorar la ética y el control de las fuerzas del orden. «Espero de nuestros policías y gendarmes la mayor deontología», declaró a la prensa el mandatario francés que reconoció que «se han denunciado comportamientos que son inaceptables». «No hablo de la mayoría ni quiero generalizar, pero tampoco quiero que estos actos dañen la credibilidad y la dignidad de nuestras fuerzas de seguridad interior», agregó.

Se trata de una inflexión clara en el discurso del gobierno. «Lo que causó este cambio es el costo político, el cual se volvió demasiado importante, en particular al acercarse las elecciones municipales», analiza el sociólogo y especialista de la policía, Sebastian Roché. «Antes de estos comicios, el presidente quiere que su partido tenga posibilidades de ganarlos entonces su postura política anterior, que consistía en decir que no hay problema, ya no le parece posible».

¿Oportunismo electoral o toma de conciencia?

Del lado de los sindicatos de policías, la bronca es palpable. Se sienten abandonados. En la prensa, sus portavoces recuerdan que las fuerzas del orden le permitieron al gobierno mantenerse en el poder a pesar del descontento social. Y, sobre todo, subrayan que los agentes están exhaustos y que muchos también resultaron heridos en las protestas. Algunas organizaciones de policías reconocen la posibilidad de comportamientos inapropiados por parte de algunos agentes, pero consideran que el gobierno es responsable.

Para el sociólogo Sebastian Roché, no se trata de algunas ovejas negras sino de un problema sistémico porque el control de los policías no es independiente. «En Francia no se controla bastante a la policía y los sindicatos de policía rechazan cualquier progreso en la materia. Hoy, el ministro del Interior ejerce el control jerárquico. Pero no lo ha hecho bien porque no se aseguró de que todos los agentes llevaran su número de identificación, no recordó las reglas de uso de las armas sub-letales sino después de un año, cuando ya había decenas de heridos graves. Por otra parte, cuando hay una denuncia contra un agente, quien investiga es una inspección interna de la policía, que responde al ministro y al presidente… entonces no es independiente. Y finalmente el control que ejerce la prensa ha sido parcialmente obstaculizado porque, por ejemplo, se ha detenido a periodistas».

En diciembre pasado, la justicia pronunció las dos primeras condenas contra policías por actos violentos contra ‘chalecos amarillos’, a dos y cuatro meses de cárcel respectivamente, por lanzar un adoquín y dar una bofetada. Pero muy a menudo, los casos son archivados porque la policía de los policías no identifica a los responsables.

Protestar, a pesar de todo

Así fue para Antoine. No se logró identificar al policía que lanzó la granada que le arrancó la mano. Demandó entonces al propio ministro del Interior y al Estado.

Hoy, el estudiante tiene una prótesis que le ayuda a vivir, pero todo se ha vuelto más difícil. Y cada vez que este militante de izquierda, que aparece en la lista del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) para las elecciones municipales de marzo en Bordeaux, vuelve a manifestar en las calles, tiene el miedo en las tripas. «Me da mucho susto sabiendo lo que puede pasar, pero era impensable para mí quedarme en mi casa con miedo», explicó a RFI. «Entonces hoy sigo yendo a manifestaciones, declaradas o no. Cada vez tengo miedo, honestamente. Pero no me va a impedir ir marchar. Manifestar es un derecho fundamental en Francia. Mientras haya injusticia social saldré a las calles para gritar que no estoy de acuerdo».

Varios cientos de investigaciones están abiertas y el ministro del interior ha prometido un nuevo esquema nacional para mantener el orden público. ¿Irá la desescalada más alla de las palabras?

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