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Fútbol | El Barcelona deja el alirón a punto

Alavés – Barcelona (0-2)

El conjunto azulgrana derrota al Alavés con dos goles en seis minutos y será campeón este miércoles si el Atlético pierde en casa contra el Valencia. Messi jugó la media hora final

Suárez y Aleñá celebran uno de los goles ante el Alavés. REUTERS

Hace ya tiempo que el Barcelona navega por esta Liga con la vela mayor izada, sin necesidad de obtener más impulso que el de la inercia del calendario y esperando la llegada de un alirón que le permita centrar todas sus miradas en la Champions, ese anhelo que Messi está decidido a satisfacer en primera persona. Compromisos como el de este martes en Vitoria se convierten en estaciones de paso, en las que prima más la regulación de esfuerzos que la necesidad de sumar tres puntos. Hasta tal punto que ya con el definitivo 0-2 en el marcador, Messi salió para jugar 30 minutos y Jordi Alba 20. [Narración y estadísticas: 0-2]

Mendizorroza acogió un nuevo transbordo rutinario de ese viaje hacia un título cantado, que este miércoles será una realidad si el Atlético pierde contra el Valencia en el Wanda. O, en su defecto, si el conjunto azulgrana derrota al Levante el sábado en el Camp Nou. El cuándo hace tiempo que fue lo de menos. Entre sus propias virtudes y los defectos de los demás, el Barça está consiguiendo que algo tan difícil como ganar una Liga, otra más, parezca sencillo. Se puede permitir licencias de todo tipo, como reservar a un tercio de sus titulares o dedicar 45 minutos a sedarse hasta a sí mismo a base de sobar la pelota sin pisar el área.

Algo que, bien lo sabe Valverde, no le servirá en Anfield dentro de una semana aunque sí lo hiciera en Vitoria frente a un romo e insípido Alavés al que se le ha atragantado su propia felicidad. Una temporada histórica está degenerando en un epílogo guerracivilista, con un propietario tachando públicamente de pesetero a Abelardo, que no seguirá el año que viene -y habrá que ver si acaba la temporada-, y una grada de animación hegemónica instalada en una huelga sin fin. Una impropia guerra de egos que inevitablemente oscurece los notables méritos de un grupo pensado para evitar el descenso que, sin embargo, se mantiene todavía en la pelea por los puestos europeos.

Ajeno a todas esas guerras cainitas de su rival, el Barcelona se presentó en Vitoria dispuesto a dejar el alirón prácticamente cantado. No tiene demasiada prisa Valverde, más preocupado por la amenaza del Liverpool, y por eso dio descanso a Rakitic -que ni viajó a Vitoria-, Arthur, Alba y Messi. Su problema temporal fue que se encontró al Alavés más conservador de la temporada, con cinco defensas, cuatro centrocampistas y un delantero siempre por detrás del balón. Una estructura hiperdefensiva que el Barça no supo derribar durante 45 minutos eternos, huérfanos del desequilibrio de Messi.

Monólogo azulgrana

Toda la primera parte fue un soporífero monólogo azulgrana, un ejercicio de posesión intrascendente sólo interrumpido por un doble remate de Suárez y Coutinho a los cinco minutos y por otro más del uruguayo a la media hora. Aleñá parecía el único futbolista del Barça con voluntad de explorar caminos alternativos hacia el gol, pero ni gozaba del filo necesario para completar su cometido ni encontraba socios para hacerlo.

El Barça acabó incluso anestesiado por la ineficacia de sus pases, propiciando que el Alavés saliera de la cueva un par de veces en el tramo final de la primera parte. Ely, con un cabezazo que se fue a la grada, avisó a los de Valverde de que debían mejorar sus prestaciones. Una pequeña rebelión babazorra que tuvo su continuidad al comienzo de la segunda mitad, con un zurdazo de Duarte que Ter Stegen solventó en dos tiempos.

Toda esa amenaza, sin embargo, la disipó el Barcelona en un plazo de seis minutos. Sergi Roberto, desaparecido en la banda izquierda durante la primera mitad, arrancó desde la derecha hacia el centro y encontró a Aleñá, tras una oportuna maniobra de despiste de Suárez. El Barça, por medio de Umtiti, marcó el segundo tres minutos después, pero el juez de línea apreció correctamente el fuera de juego del francés. Lo que no vio fue una mano inmediatamente anterior de Pina. Tras revisarlo en el monitor, Cordero Vega observó un penalti que Suárez transformó en el segundo gol de los azulgrana.

Esos dos tantos no alteraron los planes de Valverde. Messi salió para jugar la última media hora y Jordi Alba disfrutó de los 20 últimos minutos. Un tiempo que le sobró por completo al partido, puesto que ni el Barça quiso apretar más el acelerador ni el decadente Alavés supo cómo hacerlo.

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