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Fútbol | La Generalitat, Messi, los impuestos y la causa

Libre Directo Opinión

Torra coloca la condecoración a Messi. POOL REUTERS

Una de las principales funciones de cualquier gobierno es administrar los impuestos de los ciudadanos para que reviertan en servicios públicos. La Generalitat es un gobierno, en este caso de una Comunidad Autónoma. La entrega, pues, de su máxima condecoración a un deportista que ha vulnerado uno de sus deberes como ciudadano es un contrasentido. La Creu de Sant Jordi no es uno de los habituales premios futbolísticos, de los que Messi es acreedor con toda justicia. Es un galardón que distingue los «servicios prestados a Cataluña en el plano cívico y cultural«. El deporte es cultura, y por lo tanto cabe el mérito, pero los servicios en el «plano cívico» son difíciles de conjugar con una condena por delito fiscal, a no ser que para los dirigentes de la actual Generalitat no sea un demérito defraudar a la Hacienda española. La incógnita es si, en caso de haber defraudado a una hipotética Hacienda catalana, en una Cataluña independiente o con las competencias fiscales transferidas, el jugador habría sido distinguido con el premio.

El laberinto nacionalista impide descifrarlo, como tantas otras cosas en la Cataluña actual, mientras Messi, todo lo callado que pudo, asistía a una ceremonia de entrega de premios, presidida por Torra, que se convirtió en un acto político en defensa de la libertad de los políticos presos en Madrid. En semejante contexto, realmente, su delito era venial. La presencia de un icono de talla mundial no podía ser desaprovechada para ser instrumentalizada políticamente, aunque no se uniera a las palmas en favor de los presos. Es una vieja historia que el deporte conoce bien. El propio Messi se protegió en su renovación con el Barcelona, al imponer una cláusula por la que quedaría liberado en caso de la independencia de Cataluña, e impuso que se jugara el partido de Liga el 1-O, día del referéndum ilegal. Pero eso poco importa a Torra, que necesita dar visibilidad a su causa sea como sea.

Messi, al que no gustaron las campañas en su favor mientras dirimía su caso con Hacienda, no tiene responsabilidad alguna en la recepción del premio, aunque los personajes de gran trascendencia deben saber adónde y para qué acuden a los actos. A los catalanes, en cambio, corresponde distinguir entre unos méritos y otros, porque quien comete un delito fiscal en este país lo hace, por ahora, también contra ellos. En el mesiánico contexto político actual es complicado, porque el nacionalismo radical ha conseguido alienar a todos los catalanes en dos bandos, y para el que Messi, aplauda o no, es «uno di noi». Suceda lo que suceda, ya han ganado.

Ha habido otros deportistas distinguidos con galardones de instituciones mientras estaban inmersos en inspecciones fiscales, como Arantxa Sánchez Vicario, premio Príncipe de Asturias, pero sin existir entonces condena. Ser investigado por Hacienda, discrepar con sus criterios e, incluso, litigiar con la Agencia Tributaria no significa en absoluto falta de ejemplaridad, pese a la «pena de banquillo». Una condena en firme, en cambio, es otra cosa.

La relevancia de los deportistas en España, un colectivo muy importante en la exportación de la marca de nuestro país, no significa que deban gozar de permisividad frente a otros ciudadanos, como ha sucedido con los futbolistas y los clubes de fútbol, principalmente, en el pasado. Europa nos lo ha recordado, al denunciar a España por ayudas de Estado. Del mismo modo, es también injusto exigirles un cometido como modelos sociales, porque ellos no eligieron ser ejemplos de nada, sólo deportistas. Con cumplir la ley y las normas de comportamiento que fijen los organismos deportivos, es suficiente.

Contrasta nuestra permisividad con la actitud que tuvo Francia en el caso de Benzema, acusado de estar implicado en un escabroso caso de chantaje sexual en la selección. Pese a no estar resuelto, fue apartado del equipo nacional sin apenas debate en el país. Inmediatamente después, Francia perdió su Eurocopa, mientras Benzema sumaba Champions en el Madrid. Dos años después, ganó el Mundial.

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