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Fútbol | Pablo Machín: «Cada vez se respeta menos al entrenador»

Entrevista

Tras una corta experiencia en el Sevilla, el técnico que lograra el histórico ascenso del Girona reflexiona sobre su profesión

El técnico Pablo Machín, esta semana en Girona. EDDY KELELE

Pablo Machín (Soria, 1975) fue despedido como entrenador del Sevilla el pasado 15 de marzo. Admite al periodista que no se hundió. Que trató de recuperar los momentos perdidos. No con el fútbol, sino con la familia. El reverso al que pocos atienden en una profesión en la que el desgaste, la presión extrema y, sobre todo, la ausencia, suponen una carga a veces insoportable.

¿Qué ha estado haciendo este tiempo?
Lo que no podía mientras trabajaba. Llevaba más de cinco años sin parar. Ahora he ejercido un poco de padre, que antes sólo lo hacía a ratos. Tengo dos niñas, de 11 y ocho años. Las llevo al colegio. Las regaño de vez en cuando. Antes sólo lo hacía mi mujer, porque cuando yo estaba con ellas lo que menos me apetecía era reprocharles nada. Esto del fútbol es muy bonito, pero también tienes que renunciar a muchas cosas.
¿Cómo ha llevado su familia su carrera?
Cuando vine a Girona por primera vez dejé a mi mujer e hijas en Soria. Y ese año en el que se quedaron allí, en el que además pasamos muchos problemas económicos en el club -el Girona estaba al borde de la bancarrota-, mis hijas lo sufrieron. Sobre todo la mayor. Tuvo muchos miedos. La ausencia del padre se le notó. En el colegio. En el carácter. No era la misma. Es una de las cosas que me gustaría que no se volviera a repetir. Es cierto que hoy en día los niños se amoldan a todo. Se adaptan. Y que esa experiencia le pudo venir bien. Pero ojalá no se vuelva a producir. La familia, los hijos, deben tener una estabilidad. Y el trabajo de entrenador es bastante inestable.
¿Qué le aconsejaban a usted sus padres?
A mí siempre me atrajo el fútbol, pero a mi familia no le gustaba el deporte. Empecé con esto y me iba ganando mi dinerillo entrenando a chavales. Estuve jugando en el Numancia. Pero mi padre nunca creyó que el fútbol me daría de comer. Precisamente por eso lo compaginé estudiando Magisterio. Pero también ayudaba a mi padre, que era agricultor. Compró un tractor para que pudiera ir con él. Íbamos con dos tractores. Uno cultivaba la tierra, el otro iba por detrás sembrando. Siempre cosechábamos. Incluso después de convertirme en entrenador profesional iba a echar una mano. He hecho todas las labores de la agricultura. Y trabajé como profesor de educación física hasta que vi que mi futuro podía ser el que realmente me apasionó siempre.
Para acabar haciendo historia.
Decidí acabar la carrera en el equipo de toda mi vida, el Numancia, para abrirme otros caminos. Me costó. Siempre me repetían lo mismo, que era inexperto. Tenía poco más de 30 años, tampoco podía tener mucha experiencia. Llegué a un Girona que iba último en Segunda. Quedaban 13 jornadas y estaba a nueve puntos de salvar la categoría. Decidí arriesgar. Lo normal hubiera sido descender. Pero era un reto personal, demostrarme a mí y a la gente del fútbol que era capaz de revertir la situación en un entorno desconocido. Me vine solo. Y al año siguiente, con el equipo salvado, me encontré con que el club entró en Ley Concursal. El presidente estaba fugado de la justicia. Dimitió la junta directiva, el director deportivo… Y me convertí en el alma máter del proyecto. Había una política de intercambio. Me pagaban el alquiler, la luz, la comida… Luego tenía un pequeño sueldo. El club, afortunadamente, cambió de propietario y fue todo lo contrario.
Hasta que lo subió a Primera.
Superamos las expectativas que mucha gente tenía. Siempre estuvimos por encima de lo que la tabla presupuestaria indicaba.
Saldó su primera experiencia en la máxima categoría con un décimo puesto. Pero no continuó. ¿Por qué?
Ya llevaba cuatro años y medio. Mantuvimos la categoría con mucha holgura. Sin haber estado nunca en puestos de descenso. Ganando al Real Madrid de Zidane, campeón de Europa. Y peleando con el Sevilla por Europa. Fue un año de matrícula de honor. Entonces ya había recibido cantos de sirena de equipos de Primera. Después de mirar por mi futuro, tanto profesional como económico, creí que era el momento idóneo. Estuve a punto de renovar con el Girona. Hasta que llegó la oferta irrechazable del Sevilla. Todo el mundo en su sano juicio hubiera hecho lo mismo que yo.
En un documental en el que se grabó parte de sus negociaciones con el Girona, el director deportivo, Quique Cárcel, le recordó que usted no marcaba goles para exigir un mayor sueldo. ¿Un entrenador, como líder del equipo, debería cobrar más que sus jugadores?
Eso lo creo yo y todos los entrenadores. Fue Capello el que dijo que quería cobrar un euro más que el futbolista que más cobrara. Cruyff también hacía algo similar. El entrenador es una figura muy importante, pero quizá está cayendo en la infravaloración. Si así se lo ha ganado, el entrenador debe cobrar al nivel de los mejores futbolistas del equipo.
¿Y la carga psicológica?
Somos el escudo de todo.
Parece una eterna condena.
Es una cuestión estadística. Por lógica, los entrenadores tienen muchas más posibilidades de dejar un club por un despido que no porque le vaya a fichar otro equipo mejor. Es ley de vida. Lo que sí es cierto es que cada vez se tiene menos respeto al trabajo de entrenador. Siempre, el primero que tiene que asumir su responsabilidad es el técnico.
¿Cómo se gestiona eso?
En cualquier trabajo, tú haces tus ocho horas y normalmente te vas a casa y eres capaz de desconectar. El entrenador, por el trabajo que tiene, es muy difícil que lo haga. Seguro que en otros oficios también hay gente que se lleva las preocupaciones a casa. Pero seguro que no tanto como el entrenador. Siempre estás o en una concentración con el equipo, o preparando un entrenamiento, o pensando en la táctica del siguiente partido… Quizá por eso también el aspecto físico de los entrenadores es muy comentado. Antes pasaba sólo en los equipos grandes, pero ahora esa exigencia se tiene en cualquier club. Es cierto que eso pasa factura y se nota bastante en nuestro físico. Las tensiones… .
¿Envejece uno más rápido?
Parece que un año en un banquillo es como tres en la vida normal. La gente sí me dice que se me nota. Las experiencias que te va dando el fútbol hace que generes un cayo. Que puede ser más o menos permeable. Pero siempre te van afectando las cosas. Como mecanismo de seguridad te creas un escudo. Te encierras en tu mundo. Es bueno que no te afecte todo lo que hay en el entorno, sobre todo con las redes sociales. Y la mejor forma de que no te afecte es estar pendiente de ellas lo menos posible. Yo no digo que vivas fuera de la realidad. Pero tampoco ayuda el estar excesivamente metido en el qué dirán. Sobre todo gente que tampoco tiene un criterio o una reputación, pero sí que puede plasmar sus ideas en un tuit.
¿Cómo se tomó su despido del Sevilla?
Fue mi primera experiencia de ese tipo. Por mucho que Luis Aragonés dijera que hasta que no te destituyen tres veces no puedes considerarte entrenador, siempre aspiras a que eso se produzca lo más tarde posible. Pero no te queda otra que asumirlo. Con el tiempo reflexionas y te das cuenta de que esas situaciones dolorosas te hacen más fuerte.
Lo habitual es hundirse cuando uno pierde su trabajo.
Me considero una persona bastante equilibrada. Ni cuando las cosas van excelente soy el tío más eufórico del mundo, ni cuando van mal soy el más pesimista. En el término medio está la virtud. Tienes que analizar todo y por qué se producen las cosas. Yo tenía muy claro que había hecho todo lo que estaba en mi mano. Para mí es muy importante tener la conciencia tranquila. Son situaciones del fútbol que a veces no dependen de ti mismo.Ya no digo el hecho de la destitución, sino el poder perder algún partido de la forma en que se perdió. Me acuerdo en Huesca, pasamos de ganar a perder. En el último partido que dirigí al Sevilla, contra el Slavia de Praga, de tener una clasificación que hubieran denominado como épica, con una remontada después de tener muchísimos infortunios, en el último segundo volvimos a tener un contratiempo que no pudimos controlar. Y fue el detonante de que fuera la última vez allí.
¿Se reprocha algo de su etapa en el Sevilla?
El 99% de las situaciones las volvería a repetir. Entre otras cosas porque lo que hice fue con la máxima implicación. Las cosas que dependen de mí, creo que las hice bien. Pero también debemos tener en cuenta que hay un rival que también quiere ganarte.
¿Vio las lágrimas de Eusebio Sacristán tras el descenso virtual del Girona?
Sé que lo que mostró es lo que realmente siente. Es un equipo que me ha dado mucho, pero que también me ha hecho sufrir y padecer. Que descienda… Duele. Mucho.
¿Se imagina volviendo en un futuro?
En el fútbol, la realidad ha superado a la ficción. Nunca se puede decir ‘de este agua no beberé’. Aunque con la vinculación que tengo con la ciudad, y sobre todo viviendo mi familia aquí, es difícil compaginar eso. La gente no lo sabe separar. Además, la implicación que tienes es tan grande que todo te afecta muchísimo. Estoy muy preparado para eso, pero no tengo tan claro que mi familia tenga que asumir una presión que no le corresponde. Tiempo al tiempo.

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