Godín, de central a delantero cojo, remata junto al VAR un final de locura en el Metropolitano

Griezmann celebra con Godín el gol de la victoria del Atlético. JUAN MEDINAREUTERS

El uruguayo, con la colaboración de la tecnología, firma en el descuento la victoria del Atlético, remontando por dos veces ante el Athletic

De un mundo al revés salió erguido el Atlético, cuando el Athletic tenía agarrado del pecho al Metropolitano. Con dos mediocentros como centrales y un central lesionado haciendo de delantero. Esquizofrenia pura. Los rojiblancos salvaron una noche dispersa gracias a un epitafio irracional. Godín, cojo y jugando en punta, firmó una remontada de esas que ponen de los nervios a Simeone y a cualquiera. El uruguayo hizo el gesto del VAR cuando el línea le negó su destino, en el minuto 92, y la tecnología lo alzó de nuevo como un héroe. Como el salvador de una noche ilógica donde el Atlético perdió los estribos y, gracias a ello, firmando una remontada (3-2) con la que marcharse al parón con una buena risa floja. [Narración y estadísticas]

Simeone dio la alternativa como titular en Liga a Montero, que no paró de recibir precisamente los consejos de Godín, de regreso, a tiempo, para, en principio, sólo aliviar los dolores defensivos del Atlético. El tiempo acabaría deparándole otro papel. El uruguayo templó los nervios del chaval, que tuvo pegado como una garrapata a Iñaki Williams. El único delantero puro con el que jugó el Athetic se encaramó a la espalda del canterano, consciente de que, tal vez, por allí podría encontrar el camino hacia su gloria. Aún así, Montero se afanó por no desentonar. Incluso asomó con un cambio de juego de 30 metros, que bien podría haber firmado cualquiera de los centrales titulares que hoy copan la enfermería del atlética.

A pesar del ruido inicial del Atlético, Iago Herrerín, el portero del conjunto vasco, apenas se inmutó. Sólo tuvo que dejar pasar con la mirada un disparo mordido de Arias y lanzarse al suelo para atrapar un despeje de Núñez, que echó el cierre al centro de la zaga junto a un concentradísimo Íñigo Martínez. Volvió Diego Costa, recuperado de su paréntesis por lesión, pero apenas desprendió ese aura de otras noches, de otras mañanas, de tantas tardes, en las que transmitía miedo sólo con su mirada. Por eso se no volvió tras el descanso (le suplió Vitolo), a pesar de que el marcador (0-1) no sugería nada parecido. Lo mejor del Atlético en el primer acto fueron sus pilares del centro del campo, con Thomas, Rodrigo y Saúl dándose un atracón a devorar balones, y con un Correa mucho más estable y regular, jugando de espaldas y conectando con el resto, como hizo, magistralmente, ante el Borussia Dortmund.

El empeño por marcar fue del Atlético pero el acierto fue del Athletic. Y fue de Williams, aunque lo normal, de no haber existido Oblak, es que hubiera sido de San José. El centrocampista remató en el área un centro raso de Susaeta y el portero lo desvió a la escuadra. El balón no estaba dispuesto a entrar hasta que apareció él, Williams, y bajó unos cuantos grados el ambiente antes del intermedio.

Así estuvo la cosa durante un buen rato, a pesar de que Simeone trató de inventar alguna solución. Se le ocurrió reubicar a Saúl como central para apostar por la velocidad de Gelson, devolviendo al banco a Montero. Y también apostar por Kalinic, más remate por alto, en lugar de Correa. Porque el Athletic se sentía como en su casa. Tanto que hasta el maltrecho césped, no paró de ser rociado por un constante chirimiri. Entonces, apareció Thomas, con su cañón derecho y la gente, y sus compañeros, y hasta su entrenador, creyeron que todo sería diferente. Pero no fue así. La ilusión fue sólo un destello. Sólo un par de minutos después, Williams volvió a ajusticiar al contragolpe al Atlético, igual que el Atlético lo había hecho con el Dortmund unos días antes. Godín sólo pudo seguir con la mirada la carrera del veloz delantero vasco, que no tembló ante Oblak.

En esa impotente carrera, Godín también quedó por el camino, cojo y maltrecho. Así que al capitán rojiblanco no le quedó otra que tirar para arriba y ceder su sitio a Thomas (lo nunca visto). Un central de delantero centro y dos centrocampistas, Saúl y el propio Thomas, tratatando de contener al Athletic. Un toque de irracionalidad en medio de un final de locura. Echaron humo las manos en la grada tras la entrada de Raúl García y Rodrigo empató de cabeza tras un saque de esquina. No hubo sitio para la cordura en esos últimos 10 minutos para el Atlético. Y así, entre la locura, se cobró el Atlético su pieza. Fue con unos segundos de suspense, gracias al VAR y, por supuesto, a un delantero cojo: Diego Godín.

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