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Gracias Pablo Ráez – Manuel Povea

Imposible no emocionarse. Buscas entre tanto canal algo que ver esa noche y descubres un documental sobre la vida de Pablo Ráez. No hay malagueño – o español, me atrevo a decir, dada la repercusión mediática que obtuvo – que no conozca su historia. Sabes lo que vas a ver; no imaginas cómo te va a atrapar. Para aquéllos que nos leen desde fuera de España, quisiera contarles quien es, quién fue, Pablo.

Gracias Pablo Ráez

Pablo Ráez fue un joven malagueño de Marbella, un deportista, un atleta al que se le diagnostica una leucemia a sus 20 años. Tras un transplante de médula donada por su padre, inicialmente se recupera, pero más adelante recae. Un segundo transplante no resulta efectivo y finalmente fallece. Hasta aquí podría ser la historia, inevitablemente triste, de un joven al que una dura enfermedad le arrebata la vida antes, mucho antes de su tiempo. Pero hubo más. Pablo, como cualquier hijo de su momento, era muy aficionado a las redes sociales y a colgar vídeos de sus actividades. Eso mismo comenzó a hacer tras conocer que había enfermado, relatando sus sensaciones, su deseo de vivir, de enfrentarse a la enfermedad. Después aparecieron sus malos momentos, los efectos del tratamiento, la incertidumbre, la alegría de recuperarse. La energía, el abatimiento, la calma, la aceptación.

Hay pocos donantes de médula ósea en el planeta. La base de datos mundial es escasa. A los médicos les cuesta, relata un especialista, visibilizar la enfermedad y la necesidad imperiosa de donantes como único medio para salvar vidas. Y ahí es donde Pablo significó un cambio. Su relato online de cómo evolucionaba el tratamiento fue derivando hacia reflexiones, tremendamente maduras para un joven de su edad, sobre la vida y la muerte. Un llamamiento para explicarnos la vital importancia del donante, y aunque él también estaba a la espera de uno, cada vez más su petición se volvía general, de concienciación, hasta el punto de que casi se olvidaba de sí mismo.

El documental nos muestra un chico alegre, querido, limpio de espíritu, sin más preocupación que seguir el camino formativo que ha encontrado a través del deporte, su pasión, y al que de la noche a la mañana la vida se le da la vuelta. Y eso debe ser algo que nadie entiende hasta que lo sufre. Pero el documental también nos muestra una evolución que en mi opinión, muy humilde y muy personal, quizá no se de tanto, y a la que me gustaría un día aspirar. Pablo va pasando de contarnos cómo mira a la enfermedad a la cara, a cómo mira en su interior como ser humano. Me parece algo que, con suerte, uno consigue con el paso de los años, y Pablo, que está empezando a vivir, nos lo cuenta con la madurez y la calma del anciano curtido por la vida.

Hoy les escribo sobre Pablo Ráez porque he sentido la necesidad de darle las gracias. Ya se las han dado en forma de reconocimiento público por haber ayudado a multiplicar exponencialmente el número de donantes de médula ósea. Hay un antes y un después de Pablo en las donaciones, aunque aún no se haya logrado el objetivo que se propuso de alcanzar el millón. Hoy, decía, siento la necesidad de darle las gracias, por ayudarme a entender que uno se hace más grande a medida que se vacía de sí mismo para dar a otros. Que aunque lo deseara, el mensaje de socorro que conmovió a tantos, tomaba su fuerza precisamente de la generosidad con la que no pedía para él. Le doy las gracias por las reflexiones que nos dejó, que me inspiran para intentar dedicarme a esa introspección que se nos resiste y no nos permite establecer conversaciones con nuestro yo interior que ayuden a conocernos, a valorarnos, y sobre todo, a ser conscientes de lo que importa y de lo que es superficial.

Alguno podrá pensar que vivir acechado por la muerte propicia estos cambios en nuestra percepción de la vida. Pero, ¿no nos acecha la muerte desde el mismo día que nacemos? Es tan sólo una cuestión de cómo y de cuándo nos reclama.

Pablo no dio mérito a lo que hacía, simplemente lo compartió con los demás, como habría compartido cualquier cosa que hiciera. Tuvo mérito, sin embargo, el movimiento que creó, las cosas que cambió.

Imposible no emocionarse conociendo su historia, conociéndolo a él. Imposible no sentirse inspirados. Por eso, gracias, Pablo Ráez.

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