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Bolivia

¿Ha sido Evo Morales realmente el presidente de los pueblos indígenas?

«Con este rito vamos a seguir haciendo llover para toda Bolivia». Es habitual ver a Evo Morales ataviado con los tradicionales poncho y chullo participando en ceremonias de los pueblos indígenas desde su elección como presidente del país andino en 2005.

Campesino de origen aymara y antiguo líder cocalero, Morales no solo se ha limitado a escenificar su apoyo a esta comunidad que representa el 62,2% de la población boliviana, sino que ha incorporado valores, instituciones y símbolos en la Constitución. Bajo su mandato como primer presidente indígena de América Latina, conceptos como la “Pachamama” (la madre tierra) y “Sumaj kawsay” (el buen vivir, en quechua) han entrado a formar parte del discurso político.

Según el Banco Mundial, Morales también ha mejorado el acceso de los indígenas a servicios públicos básicos como el alcantarillado o la electricidad y ha contribuido a que disminuyan sus niveles de pobreza.

Una encuesta realizada por Latinobarómetro muestra que el apoyo a la democracia entre los bolivianos aumentó un 71% en 2009, en parte debido a las políticas de inclusión de Morales. Pero, en 13 años de presidencia, han surgido voces críticas que cuestionan que su liderazgo no ha respetado los verdaderos valores indígenas.

“Morales, como presidente de Bolivia, es responsable de la violación sistemática de los derechos fundamentales que viven día sí y día también tantísimas comunidades indígenas en Bolivia”, dice a Euronews Laura de Luis de Survival International, quien critica los modelos económicos promovidos por el mandatario boliviano basados en el agronegocio y la ganadería.

Amnistía Internacional (AI) también expresa preocupación en torno a la garantía de los derechos humanos de los pueblos indígenas en Bolivia. Maria Jose Veramendi de AI señala el caso del pueblo indígena Tacana II, en aislamiento voluntario en la Amazonía boliviana. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recibió en 2016 una solicitud de medidas cautelares para proteger a esta comunidad, cuya supervivencia se vería afectada por la exploración petrolífera en su territorio. A día de hoy, esta petición aún no ha sido resuelta.

Otro ejemplo que cita Veramendi es cuando Morales anunció en 2011 la construcción de una carretera que cruzaría el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), una de las principales reservas de agua del país y donde vivían aproximadamente 14.000 personas, la mayoría de ellas de comunidades indígenas. A pesar de las manifestaciones en contra del proyecto y del rechazo de las comunidades indígenas de la zona, el Gobierno no dio marcha atrás.

Reynaldo Flores Díaz, defensor de los Derechos Humanos, fue uno de los líderes de este movimiento y asegura a Euronews que al encontrar resistencia, el Estado boliviano “compró algunos líderes indígenas”.

Estos supuestos sobornos se enmarcan en uno de los mayores casos de corrupción de la historia reciente de Bolivia. Más de 200 personas están siendo procesadas por presunta corrupción del Fondo Indígena, por el que millones de dólares destinados al desarrollo de zonas indígenas acabaron en cuentas particulares, utilizados según el activista, para “comprar líderes” y así fragmentar y dividir la Amazonía.

¿Defensor indígena o colonizador?

Para Flores, el mandato de Morales ha mezclado a tres organizaciones con una visión antagónica del medioambiente y la tierra: el movimiento indígena, el colonialista y el campesino.

Flores defiende que no es posible su coexistencia porque en la visión indígena, la tierra pertenece a todas las comunidades, y en la campesina, la propiedad privada es fundamental. A su juicio el perdedor en estos conflictos de interés son siempre los indígenas, “porque no tiene esos sindicatos que hacen aportes de recursos económicos”.

Por otra parte, el activista dice que las políticas de Morales respecto a las 36 naciones indígenas no son igualitarias y que el presidente boliviano está claramente beneficiando a la población aymara a la que él pertenece. “Practican la colonización territorial y cultural y eso ha traído mucho dolor a las culturas amazónicas que están desapareciendo”, indica.

La bandera «wiphala» fue reconocida como símbolo del Estado Boliviano en 2008, con sus rombos en los colores del arcoiris se ha establecido como un símbolo de las poblaciones indígenas en general, pero en realidad, representa históricamente a las comunidades de los Andes, obviando que en Bolivia, también existen otros pueblos indígenas.

Flores cita el ejemplo de los Yuqui, una etnia presente entre Cochabamba y Santa Cruz que ahora se encuentra en peligro de desaparición por la introducción del cultivo de coca.

La producción de esta hoja ancestral se ha multiplicado durante el mandato de Morales. El Congreso de Bolivia autorizó en 2017 a expender de 12.000 a 22.000 hectáreas los campos de cultivo de coca. Sin embargo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) afirmó que 24.500 fueron registradas en 2017.

Las cenizas electorales de los incendios

Desde el pasado mes de agosto, los incendios han asolado más de cinco millones de hectáreas, la selva boliviana atraviesa una crisis medioambiental sin precedentes y las comunidades indígenas sufren las consecuencias.

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Para recuperar la riqueza de esos territorios se necesita una inversión millonaria que, según Flores, el Gobierno tiene que modificar el decreto que permite “los asentamientos y las quemas indiscriminadas” en la región. Pero, “esos nuevos asentamientos se pagan con el voto en las elecciones”, denuncia. “Son estrategias políticas para llegar a zonas y territorios donde al actual partido le ha sido difícil llegar”.

A nivel internacional la imagen de Evo Morales es distinta. “No tiene esa cosmovisión indígena de la preservación del medioambiente, pero tiene un buen discurso”, afirma Flores. El presidente boliviano ha puesto voz a las luchas de los pueblos indígenas en grandes eventos mundiales. Por ejemplo, el pasado mes de febrero fue el principal orador de la ceremonia en la Asamblea General de la ONU para preservar las lenguas indígenas.

Pero, aunque se siga presentando como el presidente indígena, sus políticas no tienen el compromiso indígena con la Pachamama. «El humano es falible y puede fallar, pero en estas circunstancias que no falle el sueño, que no falle el anhelo, que no falte esperanza», concluye Flores.

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