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Gastronomía

Hace 500 años, el mejor vino del mundo se producía en Madrid

Aunque ya en el siglo XIII aparecen escritos que detallan discusiones entre frailes y señores feudales por la propiedad de los viñedos y el mismo Arcipreste de Hita ya era devoto de los vinos de Madrid, mencionándolos en varios de sus escritos en el siglo XIV, se admite de forma general que el vino se produce en Madrid desde la lejana época de los romanos, si bien, no es hasta el siglo XV cuando los vinos de Madrid empiezan a adquirir el mayor prestigio.

A pesar de las grandes producciones que ya entonces se daba en La Rioja, era tal el entusiasmo que despertaba el vino de Madrid que, en 1481, el Concejo de la Ciudad de Madrid, envió una carta a los dignatarios de Burgos que querían importar vino de Madrid diciendo que “los que vinieran de allá por vino vengan cargados de pescado, y que si no lo truxeren que no llevarán vino”.

Debido precisamente a ese prestigio que entonces ostentaban los vinos producidos en Getafe, Pinto, Parla y Fuencarral, la autoridad municipal tuvo que tomar medidas para evitar la venta fraudulenta de vinos de otros lugares y, en 1495, el Concejo de Madrid acordó que “persona alguna desta Villa e su tierra so pena de las ordenanzas (…), e los que lo puedan bever…”. Se dice que “por los de fuera se mete mucho vino, estando abastada la Villa”.

Posteriormente, en la época de Felipe IV, es San Martín de Valdeiglesias la zona que asume el liderazgo de la calidad produciendo el denominado “vino precioso”.  De hecho, la Comisaría de Abastos de la Corte (Miguel de Cervantes fue Comisario de Abastos) era el organismo que regulaba todo el vino que se producía en cinco leguas alrededor de Madrid donde, en 1665, estaban censados 63 cosecheros que producían bajo el control del fisco y tenían que declarar tanto las cantidades de uva recolectada como el mosto obtenido, con el fin de evitar que se exportase sin control el vino que consumían tanto el rey como los dignatarios de la Corte.

No solamente se producía el “vino precioso”, también existían los “ordinarios” o “de pasto”, los “ricos” y los “moscateles” y con estos últimos se hacía la “carraspada” aguando el moscatel e incorporándole miel y especias.

La buena imagen de los vinos de Madrid se mantuvo prácticamente hasta principios del siglo XX cuando había una extensión de más de 60.000 hectáreas de viñedo repartidas, no solo por los municipios de Navalcarnero, San Martín o Arganda, sino por lugares ahora tan céntricos como Carabanchel, Villaverde, Hortaleza, Fuencarral o Barajas.

En 1914, la filoxera atacó el viñedo madrileño y, posteriormente, la guerra y el crecimiento urbanístico acabaron de arrasar el vino de Madrid. Afortunadamente, en 1984 se crea el Consejo Regulador y empieza una recuperación en la calidad de los Vinos de Madrid que invita a pensar que, en un plazo no demasiado largo, el vino de Madrid será capaz de recuperar su histórico prestigio.

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