Huesos que hablan cien años después

Identificar a los caídos en el campo de batalla de Verdún es el trabajo del forense Bruno Fremont. Una tarea difícil un siglo después del final de la Primera Guerra Mundial, que en ocasiones da resultado. Esta vez no será el caso. Los huesos de este hombre aparecieron hace un año en reparaciones aleatorias en la carretera que conduce al Fuerte de Douamont, en el departamento de Mosa, en marzo. No llevaba placa militar.

Bruno Fremont, médico forense: “A falta de poder identificarlo formalmente, una cosa de la que estamos seguros, gracias a la exhumación y al examen forense, es que estos son en realidad los pies de este soldado. Es cierto que no tenemos la certeza absoluta de que era un soldado francés, pero es una pista. “

Esqueletos como este siguen apareciendo puntualmente cada año sobre todo tras los periodos de lluvia o de trabajos en la carretera. 80.000 soldados franceses y alemanes siguen siendo prisioneros de esta tierra. Algunas veces, sólo hay huesos aislados, rara vez un esqueleto entero. Pero el Dr. Fremont examina al año los restos de uno a tres poilus, como se conocía familiarmente a los soldados de la infantería francesa.

El problema es que un siglo después y en un campo de batalla como el de Verdún, donde murieron 300.000 soldados, identificar el ADN a veces no sirve para nada.

“El problema con el ADN -señala el Doctor Fremont- es que habríamos comparado el ADN de este soldado con el de todas las familias de Francia, porque casi todos los regimientos pasaron por Verdún, pero también con los de familias del norte de África y con toda Alemania, porque un combatiente que cayera en esa zona podría ser de cualquiera de esas nacionalidades”.

Dentro de unas semanas, este esqueleto será enterrado en la necrópolis nacional frente al osario de Douamont, que alberga los restos de 130.000 soldados alemanes o franceses.

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