La final Boca-River: del barrio al infinito

Aficionados de boca, el jueves, en los alrededores de La Bombonera. EITAN ABRAMOVICHAFP

La Bombonera acoge hoy (21:00 horas) el partido de ida por el título continental entre la euforia, los nervios y el miedo a la violencia

Tensión en la hinchada ‘bostera’: decenas de miles se quedan fuera

En Argentina pasan cosas increíbles. ¿Qué probabilidad hay de que una final continental sea un clásico de barrio? El desenlace de la Copa Libertadores se juega hoy por última vez con dos partidos y sin estadio neutro. Y será a lo grande: con el clásico de mayor voltaje que ha habido nunca en una competición internacional. Los dos archirrivales argentinos, Boca y River, se juegan hoy en La Bombonera y el 28 en el Monumental el sueño más épico de sus hinchadas. No hay nada como vencer al otro en el gran torneo del fútbol sudamericano.

Argentina ha tenido cinco presidentes en una semana, un papa y dos de los mejores jugadores de la historia del fútbol. Maradona y Messi, los dos zurdos. Desde hoy puede sumar a su lista de hitos increíbles la primera final internacional entre dos equipos del mismo país, de la misma ciudad y protagonistas del clásico por antonomasia del fútbol patrio. Lo más cercano a un enfrentamiento como este fue el Juventus-Milan en la Champions de 2003. Entre los españoles, nunca el Madrid y el Barcelona se midieron en una final internacional. La máxima rivalidad ibérica fue la del derbi madrileño entre el Real y el Atlético, que ganaron los merengues tanto en 2014 como en 2016. En la Libertadores nunca hubo una final entre dos eternos rivales del tamaño de este superclásico argentino.

La prensa de Inglaterra, el país que enseñó a los pibes la pasión por el esférico a orillas del Río de la Plata, se habla de uno de los encuentros deportivos que hay que ver antes de morir. Para la ida, han pedido acreditación 2.500 periodistas de 25 naciones. De Europa y Latinoamérica, pero también de China, EEUU, Japón, Qatar y Omán. 850 reporteros contarán al mundo el partido argentino de todos los tiempos en una Bombonera a reventar.

Cumbre del G-20

Hay varias capas de caos en este gran evento deportivo, social y hasta antropológico. Los dos duelos de la final deberían haberse jugado el 7 y el 28 de noviembre. Esas eran las fechas que los hinchas habían reservado para no casarse ni tomar aviones. Es primavera y temporada BBC en Argentina: bodas, bautizos y comuniones. Pero el nerviosismo del Gobierno de Mauricio Macri por la seguridad de la cumbre de líderes del G-20, que se celebrará en la capital el 31 de noviembre y el 1 de diciembre, lo cambió todo.

El Ejecutivo argentino exigió que la vuelta se pasara al 24 de noviembre, lo que movió la ida al 10 y ha provocado un terremoto en la vida social de muchos hinchas. Claudio González, un treintañero bonaerense del conurbano, se casa hoy por la iglesia a regañadientes. No logró convencer a su novia de mover la fecha ni a sus dos mejores amigos de dejar de ir a la Bombonera por asistir a su casamiento. “No puedo creer que me vaya a perder el partido más importante de todos los tiempos, ni siquiera voy a tener una pantalla para seguirlo”, explica a EL MUNDO.

Como Claudio, son muchos los bosteros que se están hoy tirando de los pelos por quedar fuera de un acontecimiento social por el que les preguntarán sus nietos. Algunos han hecho virguerías para que eso no ocurra: desde cambios de vuelos prohibitivos en un país en grave crisis económica, hasta la reventa de entradas para el esperado recital de Roger Waters (Pink Floyd).

Pero el mayor enojo lo tienen los hinchas del Boca que han acompañado a su equipo durante toda la Copa y se han quedado sin entrada. El jueves tuvo que desplegarse la infantería de la policía de Buenos Aires en la puerta de La Bombonera por la tensión entre los aficionados sin pase. El club no puso el filtro para socios, con el que tienen más posibilidades de obtener un pase los que han asistido a más partidos. “Angelici, botón (soplón, policía), da la cara, la puta madre que te parió”, fue lo más suave que le gritaron los hinchas al presidente del Boca, en medio de empujones e intentos por entrar en el estadio a la fuerza.

Mientras se desarrollaba esa escena, Daniel Angelici daba una entrevista en el estadio, argumentando que hay 90.000 socios activos para un total de 29.000 carnets habilitados. “Siempre hay un gran número de simpatizantes que lamentablemente queda afuera”, dijo, para insistir en su idea de que es necesario construir un nuevo coliseo. La mayoría de los aficionados no quieren moverse de la Boca. No habló Angelici de los costosos paquetes turísticos que el club vende para el partido. Una noche en habitación doble en el Hotel Boca Juniors con dos entradas en platea alta, guía y traslado a la cancha costaba 110.000 pesos argentinos (2.737 euros) en la mañana del viernes, según el presupuesto que el establecimiento facilitó a EL MUNDO.

De Macri a los cardiólogos

Desde el presidente Macri hasta los cardiólogos, todos piden precaución ante un evento de esta potencia. 1.000 efectivos de policía, pagados por el Boca, custodiaran el superclásico. La modesta Parrilla de Matías está en el primero de los cuatro anillos de seguridad. Silvia Policicchio lleva 18 años sirviendo bondiolas y choris a una cuadra de La Bombonera. Si hay barullo, hará lo de siempre: mandar entrar a la gente y cerrar la reja. “El peligro es la hinchada que está fuera sin ticket”, cuenta Marcelo Oliveira, uno de los que tendrán que verlo en casa, en un bar o en una peña.

Las dirigencias de ambos clubes han querido blindarse al máximo y por eso desoyeron el llamado de Macri a permitir hinchada visitante precisamente en el partido potencialmente más peligroso. La conocida violencia en los estadios llevó a prohibir hace años, algo normal en varios países vecinos. Macri, presidente del Boca durante 12 años, seguirá el partido por televisión. Su presencia era demasiado en un noviembre porteño de crisis económica, calles calientes de protesta social, superclásicos y seguridad e indignación máximas por el G-20.

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