La yegua que se aferró a la vida y fue coprotagonista de un récord mundial

Hope Glory casi se muere en el vientre y a poco de nacer; su dueño no pudo venderla y le costó arrendarla; en 2018, le dio a Ricardinho el éxito más buscado Crédito: Gentileza La Anunciada

La imagen recorrió el mundo el 7 de febrero pasado. En San Isidro, el brasileño Jorge Ricardo terminaba de convertirse en el jockey más ganador de la historia, récord que hoy sigue ampliando, y el público se acercaba hasta la verja que separa las tribunas de la pista de césped para ovacionarlo mientras él saludaba montado sobre la yegua con la que había vencido de punta a punta. La que parecía una prueba común había adquirido un significado histórico y Ricardinho quebraba la marca del canadiense Russell Baze en las riendas de una zaina que había apostado en carrera al mismo coraje que había tenido para ganarle a la muerte y al rechazo: Hope Glory.

La hembra de la mancha blanca en el centro de la cabeza es la parte de la historia dentro del hito. Primero, estuvo en riesgo de vida en el vientre, y también a poco de nacer en Luján, al presentar bajos síntomas de vitalidad. “Cuando Mikita, su madre primeriza, estaba preñada, sufrió una lesión en una corona y estuvo a punto de perder ese casco. Disminuida físicamente y dolorida comenzamos el tratamiento y logramos recuperarla, sin que la cría se vea perjudicada”, recordaron los veterinarios Martín Brunetti y Juan Pedro Giles, que vivieron los momentos cruciales en La Anunciada, el campo en el que se criaría y crecería Hope Glory. El peligro de laminitis quedó atrás y los nuevos obstáculos llegaron desde el 7 de septiembre de 2013, tres días después de un nacimiento que no había ofrecido complicaciones.

A los tres días de vida, en La Anunciada trabajaron sin dormir para salvar a Hope Glory Crédito: Gentileza La Anunciada

“No la veíamos bien a la potranca. No era la misma de las primeras horas y la madre tenía un tanto cargada la ubre. Con nuestra ayuda, Hope Glory dio unos sorbos como para complacernos pero enseguida se volvió a echar. Estaba decaída, con temperatura alta, le hicimos análisis de sangre y los resultados parecían de un cadáver”. El relato es crudo y sentido, aunque se conozca el final feliz. A aquello le siguió un operativo de urgencia, que incluyó la improvisación de una cama quirófano en un box y 48 horas seguidas aplicándole suero, transfusiones del caballo de andar inmunizado con todas las vacunas y dándole calor con mantas y el cuerpo de los profesionales que se iban turnando a su lado, con la compañía del equipo de capataces y peones del haras. No había margen para traslados. Sí, para consultas con otros colegas. “La segunda noche transcurrió más lenta. Estábamos cansados, con el desvelo, siguiendo a rajatabla los horarios de las medicaciones, la rehidratación, las mamaderas (tras ordeñar a la yegua) y la medición de los latidos y la frecuencia respiratoria”. Entre mate y mate, lentamente comenzaron a verla más lúcida y animada. Fue el prólogo de la mañana en la que volvió a pararse sola y a mamar de su madre. En un puñado de días, el único rastro de la descompensación era el pescuezo rasurado para pasarle las vías.

Dos años más tarde, su físico menudo (unos 420 kilos) y un árbol genealógico sin atracciones exuberantes provocó que pasara por un remate sin que encontrara nuevo dueño. Horacio Marconetti, propietario de la yegua y de su madre, tomó la decisión de arrendarla, una de las maneras que existen en las carreras de conservar una parte menor de las ganancias que logren los caballos sin estar involucrados en los costos mensuales. Hope Glory viajó a Entre Ríos y el primer interesado en ella no quiso seguir teniéndola tras la doma.

Hope Glory le dio a Jorge Ricardo su victoria número 12.845 y el récord Hope Glory le dio a Jorge Ricardo su victoria número 12.845 y el récord Crédito: Hip. de San Isidro

Pero el entrenador, Alfredo Mendieta, tuvo la corazonada de que la historia de autosuperación de la yegua iba a ofrecer algún capítulo más y se convirtió, además, en su arrendatario. Y tras probarla en esa provincia la llevó ocho veces a San Isidro, donde ganó dos carreras consecutivas y la última de ellas quedó inmortalizada. Aquel triunfo 12.845 de Ricardinho tuvo una socia con su mismo temple y corazón para afrontar la adversidad.

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