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España

Lado Mar | La noche confunde

Manuela Carmena durante un acto de la campaña electoral. Antonio Heredia

Nada más sugerente que el nombre elegido para la última propuesta de dos alcaldables con las encuestas a favor, Manuela Carmena y Ernest Maragall: el alcalde de noche. Así de entrada suena a mil cosas. A un alto cargo para que liberen media jornada, la más fiestera, que para eso ya tienen edad. A noches de neón y alta delincuencia que harían palidecer a un oriundo de Gotham. En Barcelona ya cuelga de algún balcón una bandera con el icónico símbolo de Batman, que es una señal de auxilio en el mar de sentimientos que ha embravecido el procés y que da identidad a balcones.

La noche en Barcelona no da para un alcalde ad hoc, seamos francos. El turismo sí que daría, sobre todo cuando en verano extiende su borrachera por los barrios de playa y convierte la plaza Real en un río de meados y miradas turbias que buscan tu cartera. La propuesta de Carmena tiene mucho más empaque y recorrido y experiencias a las que compararse. Londres, Amsterdam y numerosas ciudades norteamericanas la tienen en marcha con sus matices. Coinciden en dar el cargo a veteranos del mundo nocturno, desde DJ hasta dueños de discoteca, por aquello de que la noche dicta sus normas. No tienen autoridad en el sentido legal, con todo. Su figura se acerca más a la de un mediador. Y Madrid tiene en el concejal de ocio un precedente, aunque la idea de Carmena es ampliar su cometido para apuntalar un ocio nocturno con tintes culturales.

Fue la propuesta de la alcaldable madrileña lo que animó a una de las patronales del ocio nocturno catalán a poner sobre la mesa esta figura, y la candidatura de Maragall, la primera en Barcelona en recoger el guante. Ha sido un feo a Colau, que capitaliza su campaña con tolerancia cero a la noche y el ruido, precisamente: ha prometido el cierre de las discotecas de la fachada marítima que dan trabajo a 1.500 personas, según estimaciones del sindicato UGT, y soliviantó al sector empresarial, justo el que al principio de la era Colau le pidió pacificar relaciones y lanzó por primera vez la idea de crear un mediador, que a la vista de cómo ha evolucionado el mandato, cayó en saco roto.

La noche confunde las prioridades, que en Barcelona serían -en atención a los últimos barómetros- la preocupación por los efectos del turismo, y en Madrid, la suciedad de las calles. El problema de la vivienda es común. Colau, que ya se estrenó en la política municipal vestida de superhéroe contra los desahucios, con capa y todo, y saboteando a los candidatos de otra campaña, ya tarda en proponer un alcalde Supervivienda.

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