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¿Las baterías de iones de litio merecen realmente un Nobel por su ayuda al medioambiente?

La Academia Sueca de Ciencias ha concedido el Premio Nobel de Química a los tres científicos que han desarrollado las baterías de iones de litio porque estos acumuladores recargables «han revolucionado nuestras vidas y se utilizan en todo tipo de aplicaciones, desde teléfonos móviles hasta ordenadores portátiles y vehículos eléctricos». A través de su trabajo, los laureados de Química de este año han sentado las bases de una sociedad inalámbrica y libre de combustibles fósiles» según el veredicto del jurado.

Sin intención de rebajar los méritos de los tres venerables científicos galardonados, B. Goodenough, M. Stanley Whittingham y Akira Yoshino, la elección del Comité del Premio Nobel, celebrado por muchos como una apuesta por un «futuro verde», plantea algunas preguntas sobre el compromiso real de la Academia Sueca con la protección del medio ambiente.

En primer lugar, mencionando «un futuro libre de combustibles fósiles» el comité está apostando claramente por un futuro de vehículos eléctricos para reducir las emisiones de CO2 en la lucha contra la crisis climática.

Pero hay otras alternativas como los automóviles de hidrógeno, el biogás o el biocombustible ¿Entonces la Academia Sueca ha decidido qué es lo mejor?

Por otro lado, la industria del automóvil parece haber decidido lo mismo… Y muchos consumidores: bicicletas eléctricas, patinetes y esas ruedas que parecen moverse solas son ahora parte del paisaje urbano.

Segundo, en su fallo el jurado del Nobel celebra una «sociedad inalámbrica» que está generando enormes cantidades de residuos, incluyendo los omnipresentes plásticos, con el crecimiento exponencial del consumo de dispositivos desechables, cuya producción y distribución es además una importante fuente de emisiones de gases de efecto invernadero.

Por no hablar de los altos costes energéticos de mantener y almacenar los datos de la «sociedad inalámbrica» mencionada por el comité Nobel.

En tercer lugar, la transformación de nuestra sociedad que ha provocado la introducción de las baterías recargables en nuestra sociedad es innegable, pero si no se hace nada para reducir el impacto medioambiental de la extracción de las tierras raras y los metales necesarios para producirlas, y si no se optimiza el proceso de reciclaje y reutilización, las baterías pueden convertirse en la próxima gran crisis medioambiental después del actual cambio climático.

Reciclaje: mucho por hacer y una fuente de gases de efecto invernadero

Incluso el galardonado Akira Yoshino ha planteado la cuestión: celebrando su premio ante de la prensa, afirmó que la clave para el futuro de la movilidad eléctrica es el reciclaje de las baterías, un proceso que presenta muchas lagunas.

La industria trabaja desde hace tiempo en mejorar el ciclo de reciclado. No tanto por motivos medioambientales sino como una solución a las incertidumbres de la cadena de suministro de materiales brutos y un medio de reducir costes.

Actualmente, las baterías de iones de litio que equipan los vehículos eléctricos se reciclan principalmente en Asia, con China a la cabeza (el gigante asiático recicla el 70% según los expertos), pero gran parte de los materiales no se recuperan y el proceso no está exento de riesgos ambientales.

China y Corea del Sur lideran el mercado del reciclaje porque, al liderar la fabricación mundial de baterías, se dieron cuenta de que era una oportunidad para depender menos de las importaciones de materias primas, cuyo precio ha aumentado con el rápido aumento de la demanda mundial y que además en algunos casos provienen de países inestables política y económicamente.

Europa y América del Norte envían las baterías recuperadas a Asia para su reciclaje, a pesar de que hay algunas empresas locales de reciclaje en proporciones testimoniales, respecto al número de baterías utilizadas.

«Aunque el litio se recicla cada vez más e incluso se refina para convertirlo en material apto para pilas, las cantidades siguen siendo muy pequeñas para tener algún efecto en el mercado total del litio. La situación es la misma para metales como el níquel, el aluminio y el cobre. La excepción es el cobalto», dice el informe de la Global Battery Alliance sobre el final de la vida útil de las baterías.

Una reciente evaluación de la Directiva Europea sobre Baterías estima que los costes de recogida, almacenamiento seguro y transporte de las baterías usadas recogidas «pueden anular los beneficios del reciclado». La volatilidad de los precios de las piezas es una preocupación para los recicladores que pueden poner en cuestión las ventajas de continuar con una actividades de reciclaje cuya rentabilidad es incierta».

En otras palabras, reciclar todavía no da beneficios. O son inciertos. El informe concluye que lo que mantiene en funcionamiento el sistema de recogida es la «obligación» instaurada por la Directiva .

Además, la mayoría de los procesos de reciclaje «no se centran en la recuperación de materiales, sino en la eliminación de sustancias peligrosas de los ciclos industriales», señala la evaluación.

El informe advierte que «el reciclaje de baterías de iones de litio emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero como resultado del proceso pirometalúrgico. El refinado de cobre, cobalto y níquel es también intensivo en energía y produce emisiones adicionales de gases de efecto invernadero», aunque estima que el reciclaje de cobalto y níquel -evitando la extracción y transporte desde los países de origen «compensa total o parcialmente este aumento de las emisiones».

Otros problemas señalados por la evaluación son la falta de información completa sobre la vida útil de las baterías y la falta de una cadena clara de responsabilidades y obligaciones específicas para las baterías de iones de litio (actualmente clasificadas como «otras baterías» sin ninguna regulación particular).

El informe revela que el objetivo de eficiencia de reciclado de este grupo de baterías establecido por la Directiva es de sólo el 50%. Y según los últimos datos de Eurostat, la UE sólo recoge para su reciclado el 46% de las baterías vendidas (de todos los tipos).

Extracción de metales y tierras rarras: un desastre social y humano

La razón principal de las tímidas mejoras en el reciclaje es que la extracción de metales y tierras raras no consigue seguir el ritmo acelerado de la demanda. «Los recicladores también nos recordaron que su actividad no sólo está impulsada por consideraciones legales o políticas, sino sobre todo por consideraciones económicas», afirma el informe de la Comisión Europea.

Los altos costos sociales y ambientales de las tierras raras y de metales como el cobalto están bien documentados.

«En un mundo de vehículos 100% eléctricos, la demanda de materia prima [cobalto] aumentará en un 2.000%», según un estudio de UBS.

La minería del cobalto ha contaminado grandes áreas de la República Democrática del Congo, el principal productor mundial, y otras áreas de África Central. La minería ha diseminado grandes cantidades de residuos y se ha convertido en un grave problema medioambiental.

«Además, el cobalto es altamente tóxico y tiene un impacto directo en la salud humana, dado que hay una elevada exposición al cobalto en la población del sur de la R.D. del Congo», dice un artículo sobre el tema el geoquímico Olivier Pourret.

«Las actividades de extracción son responsables de la mayoría -pero no de todos- los materiales brutos utilizados en las baterías, especialmente metales como el plomo, el litio o el cobalto. Estas actividades se asocian a menudo con impactos ambientales muy negativos, dependiendo del material extraído, el lugar y la tecnología aplicada. Puede haber emisiones de sustancias peligrosas de las instalaciones extractivas (por ejemplo, procesos pirometalúrgicos o hidrometalúrgicos) durante la fase de producción», dice el informe de la Comisión Europea, advirtiendo también sobre la «propensión a las interrupciones» de la cadena de suministro de cobalto «que probablemente persistirá en el futuro».

La Unión Europea promueve una Alianza Europea de las Baterías para reducir su dependencia de esta industria que pronto será estratégica (o ya lo es).

El litio es un poco más fácil de extraer y la minería está menos concentrada geográficamente, pero no se obtiene sin consecuencias para el medio ambiente.

Se extrae de la sal, en Chile, pero a costa de usar grandes cantidades de agua en un territorio árido.

«En el Salar de Atacama de Chile, las actividades mineras consumieron el 65 por ciento del agua de la región», según una investigación de Wired. También conlleva riesgos de contaminación. «La extracción de litio tiene impactos ambientales y sociales significativos, especialmente debido a la contaminación y agotamiento del agua», declaró la ONG Amigos de la Tierra en 2013.

Las malas condiciones en las que trabajan muchos empleados de la minería -a menudo menores- también están más que documentadas.

Entonces, ¿Las baterías de iones de litio merecen un premio Nobel?

El grupo de presión europeo de Transporte y Medio Ambiente, muy combativo contra los combustibles fósiles, retuiteó el anuncio del Premio Nobel como una victoria. A petición de euronews, la directora de la sección de vehículos limpios Julia Poliscanova dijo:

«El premio Nobel reconoce el papel crucial que desempeña la batería de iones de litio en nuestras vidas, sobre todo en los próximos años, cuando ayudará a descarbonizar el transporte, la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en Europa. La pequeña cantidad de minerales que utiliza una batería nos permite conducir un coche durante 10 años o más sin quemar miles de litros de combustible».

«Pero depende de nosotros usar este invento de manera responsable, asegurándonos de que sólo se utilice energía limpia en su producción, que requiere mucha energía. También debemos exigir el reciclado de los metales clave, más del 90 % de los cuales pueden recuperarse. Los legisladores europeos también deberían conceder a los fabricantes de vehículos y baterías una licencia para vender baterías de iones de litio sólo si pueden demostrar que los minerales se obtuvieron de forma ética y en conformidad con las normas internacionales del trabajo».

La sección española de Greenpeace destaca que el Premio Nobel reconoce el papel «fundamental» de las baterías de iones de litio en el uso de la electricidad de una manera limpia y segura.

«Una función para la que serán imprescindibles en la descarbonización del transporte, cada vez más necesaria.

Es importante destacar la paradoja de que fue una gran empresa petrolífera (Exxon) quien apostó por descubrir una nueva tecnología de baterías, y cómo esta misma empresa bloqueó el desarrollo de las mismas cuando la quema de combustibles volvió a ser rentable. 40 años después, seguimos pidiendo a las grandes corporaciones que impulsen el desarrollo de fuentes de energía no contaminantes, en lugar de alargar el uso de combustibles fósiles.

Hoy, las nuevas baterías aún deben enfrentarse a ciertos retos de sostenibilidad, como el reciclaje de los metales y la obtención de los mismos de forma respetuosa con el entorno y los derechos sociales. Pero no hay duda de que serán una pieza clave para reducir las emisiones. No obstante, desde Greenpeace recordamos que el futuro del transporte no pasa únicamente por reemplazar la gasolina por la electricidad, sino que es necesario evolucionar hacia una movilidad compartida, eficiente y donde el automóvil sea un complemento útil y no el protagonista absoluto de nuestras ciudades y pueblos.

El investigador Benjamin Hitchcock de la ONG London Mining destaca los impactos humanos: «Hay comunidades indígenas en Argentina y en Chile defendiendo su tierra, el agua y los ecosistemas de los impactos destructivos de la extracción de litio. Para que la transición a un sistema energético basado en energías renovables sea justa, debemos ser solidarios con estas comunidades y no permitir que sus territorios ancestrales se sacrifiquen en nombre de una ‘sociedad inalámbrica y libre de combustibles fósiles’ como dijo el comité Nobel».

Añade que la tendencia actual es perpetuar el modelo de multiplicar los vehículos privados.

«Esencialmente, la creciente demanda de litio está impulsada por la perpetuación de un modelo basado en un consumo en gran medida innecesario, concentrado en el Hemisferio Norte y principalmente para uso y beneficio de los particulares. Para que una transición sea verdaderamente justa, debe llevar consigo transformaciones estructurales que garanticen justicia y equidad, que vayan mucho más allá de cambiar una tecnología por otra».

En vista de todo lo anterior, quizás vale la pena plantearse que esta vez la transición energética podría buscar una diversificación de las fuentes de energía y las formas de tranporte, además de una reducción del uso de aparatos y baterías… visto dónde hemos llegado poniendo todos los huevos en la cesta de los combustibles fósiles y el consumo de dispositivos de usar y tirar.

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