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Economía

Las grandes tecnológicas ante su Rubicón

El 11 de abril de 2018, Mark Zuckerberg dejó a un lado su habitual jersey gris y sus pantalones vaqueros y se enfundó un medido traje de chaqueta y una corbata azul. Azul Facebook. No fue una elección al azar. Ese día, el fundador de la red social testificaba por primera vez ante el Congreso de EEUU para dar explicaciones por el escándalo de la fuga masiva de datos de Cambridge Analytica.

Aquel momento marcó un antes y un después en la compañía y fue la antesala de un verano en el que las grandes tecnológicas, las FAANG (acrónimo que engloba a Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google/Alphabet), se hicieron adultas. Hasta entonces habían crecido mucho y muy rápido, a nivel orgánico y bursátil.

De hecho, subieron tanto que el frenazo generalizado que sufrieron en el Nasdaq a partir de julio generó varios interrogantes: ¿Vuelven los fantasmas de una burbuja como la de las puntocom? ¿Qué deben hacer para seguir creciendo en los próximos años? ¿Afrontan su particular cruce del Rubicón?

“La valoración bursátil refleja las expectativas de ganancias de esas empresas y, pese a que nos hemos digitalizado todos, en los últimos tiempos nos hemos dado cuenta de que la actividad económica en la que se basan se ha moderado. El mercado se ha vuelto más realista“, apunta Santiago Carbó, director de Estudios Financieros de Funcas. En una paradoja, las compañías que dominan el mundo virtual han sufrido un golpe de realidad, y el resultado es una “corrección por sobrevaloración”, afirma Carbó.

Sus caídas también han tenido mucho que ver con un aspecto técnico, como explica Peter Bourbeau, gestor de ClearBridge (Legg Mason). “La inversión pasiva se ha convertido en una práctica generalizada entre los inversores, y la mayoría de fondos indexados y ETF pasivos [fondos de inversión cotizados en Bolsa] siguen ponderados por capitalización bursátil. El incremento de la exposición a los fondos pasivos contribuyó a que los precios de las empresas más grandes, incluidas las FAANG, siguieran subiendo”.

Si bien el acrónimo permite simplificar la manera de referirnos a las Big Tech, pocas cosas en común tienen las cinco grandes entre sí; entender qué ha ocurrido y por dónde puede evolucionar su situación exige un análisis individualizado.

Facebook

El annus horribilis de Facebook en Bolsa (426.180 millones de dólares de capitalización) arrancó en marzo, cuando se conoció que Cambridge Analytica disponía de los datos de 50 millones de usuarios de la red social sin que éstos hubieran dado su consentimiento.

En un solo día, la compañía perdió un 6,77%, 36.000 millones de dólares (más de 31.000 millones de euros). Pero el desplome no fue puntual: el valor bursátil de la empresa retrocedió un 27% al cierre de 2018.

“Sus acciones se han visto presionadas por los temores sobre los datos, el riesgo de la ralentización del crecimiento y el aumento de la inversión. Si bien la compañía deberá hacer frente a diversos retos a corto plazo, su marca sigue siendo sólida y creemos que se dan las condiciones para una mayor monetización en ciertas áreas, como los servicios de vídeo on line“, apunta Bourbeau.

Apple

Si uno de los problemas de Facebook es la confianza, los quebraderos de cabeza de Apple tienen el mismo nombre que sus éxitos: iPhone. La caída de las ventas en China y la revisión a la baja de su previsión de beneficios (profit warning) nada más arrancar 2019 terminó por asustar a los inversores, que han prolongado sus ventas hasta situar la capitalización de la compañía en 737.190 millones de dólares.

En una carta a los inversores, Tim Cook, CEO de la firma, atribuía las perspectivas pesimistas de la compañía a la desaceleración económica de China, pero la caída de las ventas es una tendencia al alza a nivel global. Un dato de BayStreet Research en este sentido: en 2015, el cliente de iPhone renovaba su teléfono cada 24 meses, y ese plazo se extiende ahora a 35. Además, el iPhone dura más tiempo que sus rivales: una media de 2,92 años frente a los 2,82 de sus competidores, según datos de la consultora tecnológica Hyla.

Cuando las ventas corren el riesgo de estancarse, conviene no perder de vista los ingresos. “No nos mostramos optimistas sobre la evolución de Apple, ya que consideramos que su poder de fijación de precios en el segmento de los smartphones ha alcanzado su punto álgido”, señala el experto de Legg Mason. Así, frente a los altos precios que Apple cobra por sus nuevos modelos, sus competidores asiáticos desarrollan terminales con prestaciones similares y a un coste más asequible.

Hay vida más allá del teléfono, pero en el caso de Apple no está tan claro. Son muchas las voces que le reclaman algún lanzamiento más allá del iPhone, que ya revela signos de agotamiento. Sin ir más lejos, sus últimas mejoras se limitaban al sistema de reconocimiento facial y a la animación de los emoticonos. En este contexto, proliferan los rumores sobre operaciones corporativas que no se materializan y que podrían servir a la empresa para abrirse paso en otros negocios, como el de los coches autónomos (liderado por Tesla) o el del vídeo en streaming, con permiso de Netflix.

Amazon

Beltrán de la Lastra, presidente y director de inversiones de Bestinver, define al gigante del comercio electrónico como “la mayor historia de éxito que hemos vivido”. Y por ahí van las cosas.

Su aventura comenzó en 1995 en Seattle, donde un joven ingeniero –Jeff Bezos– creó una tienda de libros por internet. 24 años después, aquel pequeño negocio se ha convertido en la mayor empresa cotizada de Wall Street –827.930 millones de dólares-, por delante de otro gigante como Microsoft.

La firma de Bezos no ha dejado de ampliar sus tentáculos en todo este tiempo. “Amazon sigue ejerciendo una posición de liderazgo e innovando a gran escala en sus diferentes negocios, y cuenta con una posición especialmente sólida en tres segmentos clave relacionados con internet: el comercio electrónico, la infraestructura cloud y la publicidad”, describe Peter Bourbeau.

Netflix

Con una capitalización próxima a 154.000 millones de dólares, Netflix presentó el pasado viernes sus resultados, según los cuales, en 2018 obtuvo un beneficio neto de 1.211 millones de dólares (unos 1.060 millones de euros), un 116,7% más que en el ejercicio anterior. Sus cifras recogen también un aumento de 20 millones en el número de suscriptores, hasta 139 millones, así como un incremento de la deuda a largo plazo, desde los 6.499 millones de 2017 a los 10.360 actuales. La deuda es, precisamente, una de sus mayores debilidades.

“Netflix continúa quemando cantidades significativas de efectivo para invertir en contenido y esto aún no se refleja en sus valoraciones”, apunta Daniel White, gestor del fondo M&G North American Value.

Con esas perspectivas y un flujo de caja negativo, Netflix necesita ingresos, bien por la vía de aumentar los usuarios, bien por vía de subir las tarifas, un cambio al que ya parece encaminar sus pasos. La compañía anunció también esta semana un alza de los precios entre el 13% y el 18% en EEUU y varios países de Latinoamérica.

Un cambio nada desdeñable si se tiene en cuenta la otra gran amenaza para Netflix: la competencia. Su dominio en el campo del streaming podría verse amenazado con nuevos rivales, entre los que destaca Disney, que ha deshecho sus acuerdos con Netflix para que sus producciones se vean sólo a través de su ventana propia.

Google

En el caso de Google, las mayores alertas parecen venir del lado de la regulación: las autoridades no van a permitir que los gigantes del sector campen a sus anchas.

El año 2018 estuvo marcado para la filial de Alphabet por la mayor multa de su trayectoria: la Comisión Europea le impuso una sanción de 3.200 millones de euros por abuso de posición dominante de Android, sistema utilizado por el 80% de smartphones del mundo.

Con una capitalización de 761.390 millones de dólares, esa indemnización preocupa en su justa medida a la compañía, ya que su facturación la cubre en un par de semanas. Su lugar predominante en las búsquedas por internet alcanzó unos ingresos de 110.000 millones de dólares (96.460 millones de euros) en el último ejercicio cerrado, en un 85% procedentes de la publicidad on line.

Ése es uno de sus puntos fuertes. “Lidera el segmento de la publicidad digital en sus plataformas de búsqueda y vídeo on line y está expandiendo sus negocios de Inteligencia Artificial, dispositivos e infraestructura cloud”, describe Peter Bourbeau.

La diversificación es, precisamente, la clave de su futuro y del futuro del resto de Big Tech. “Tienen un poder de mercado enorme por el factor productivo con el que trabajan: los datos”, señala Santiago Carbó, quien reconoce “similitudes con las puntocom en cuanto a su modelo económico”, pero descarta que su final vaya a ser el mismo. “Éstas tienen un potencial mucho mayor porque han logrado penetrar más en el ciudadano de a pie. Son empresas de gran futuro”, concluye.

Tampoco Daniel Benito, profesor del departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade, cree que exista una burbuja. “Esta compañías son mundiales y no van a perder valor de forma significativa”, afirma. Y mientras tanto, los legisladores siguen insistiendo en interrogar públicamente a Zuckerberg, en lo que sería, quién sabe, una metáfora de otra nueva etapa.

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