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Mónaco Motor

Las quejas de Hamilton y una victoria en Mónaco «con el espíritu de Lauda»

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«Quería que Niki se sintiera orgulloso», asegura el líder del Mundial tras su apurado triunfo en las calles del Principado.

Hamilton, tras su triunfo del domingo en Mónaco. Mark Thompson

Ayrton Senna lo había demostrado en 1992 ante Nigel Mansell y Daniel Ricciardo lo repitió el año pasado, pese a la alarmante pérdida de potencia en el motor de su Red Bull. Se puede ganar en Mónaco aunque el coche que circula segundo sea bastante más rápido que el primero. Lewis Hamilton lo acreditó de nuevo ayer ante Max Verstappen. También se puede vencer en Mónaco como último homenaje a Niki Lauda, aunque esa victoria signifique superar al austriaco en el selecto palmarés del Principado. Con tres victorias, el líder de Mercedes iguala ya a Stirling Moss, Jackie Stewart y Nico Rosberg. «Ha sido la carrera más dura que he tenido, pero la luché con el espíritu de Niki. Se que ahora está mirándonos desde arriba. Por eso quería que se sintiera orgulloso», valoró Hamilton.

Todo el ceremonial de la dedicatoria póstuma a Lauda, con la gorra y el casco rojos, toda la euforia por la cuarta victoria en seis carreras, se alternaba ayer con la agonía en el cuerpo de Hamilton. Al fin y al cabo, debió alcanzar la bandera a cuadros tras 66 vueltas (16 más allá del límite) con el mismo neumático medio. Exactamente los mismos giros que Daniel Ricciardo y sólo una menos que Nico Hulkenberg con el duro.

Aún no se sabe muy bien qué debió de pasar por la cabeza de James Vowles, máximo responsable de la estrategia en las Flechas de Plata. Lo único que quedó ayer claro fue su tajante respuesta al genio de Stevenage. «Si confías, puedes lograrlo», espetó Vowles, harto ya de tantos lamentos de su líder.

«Su pilotaje nos salvó»

Cualquier grieta en Mercedes, por mínima que resulte, merece la atención de los expertos. Después de cinco dobletes consecutivos, el patinazo estratégico se combinó ayer con una mala parada en boxes de Valtteri Bottas, aprovechada por Verstappen en el mismo pit lane. «Sabíamos que la elección era errónea y deberíamos haber montado el compuesto más duro», asumió Toto Wolff, jefe de Mercedes. «Rara vez cometemos este tipo de fallos, pero esta vez fue Lewis quien hizo la diferencia. Su pilotaje nos salvó», añadió el ejecutivo austriaco.

Esa cantinela fatalista, esa continua apelación al «milagro», realzaba ayer aún más el tradicional baño en la piscina, donde Hamilton, siempre tan suyo, se tiró de espalda. «De algún modo, el piloto necesita liberar la presión por algún lado y a a través de esas conversaciones Lewis logra vomitar su enfado», explicó Wolff. Los 55 puntos de ventaja sobre Sebastian Vettel suponen un colchón demasiado cómodo para el líder del Mundial.

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