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Ecología Educación

Limpiar a golpe de Likes – #TrashTag

Recientemente jóvenes estudiantes de diversos lugares se han manifestado en defensa del medio ambiente. Parece un movimiento limpio – nunca mejor dicho – y genuino ante las consecuencias que el trato que venimos dando al planeta desde hace tiempo puedan suponer para su futuro. Ellos, que lo tienen por delante, están preocupados y han querido tomar cartas en el asunto.

Casi al mismo tiempo, o fruto quizás del mismo movimiento, se ha hecho viral en las redes sociales el #TrashTag, un reto consistente en limpiar de basuras playas y emplazamientos naturales que nunca debían haber albergado tales inquilinos, y colgar fotos del antes y el después. A golpe de “Likes”, muchos lectores se han congratulado de que, cosa poco frecuente, las redes y su viralidad sirvan para algo de provecho, en lugar de para asuntos triviales no exentos, en ocasiones, de enorme estupidez.

Y a mí, que soy un antiguo, también me parece algo positivo, por supuesto, pero me retrotrae a una pintada, también antigua, en una pared de acceso a la playa de La Malagueta – paradoja – que rezaba “No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia”

Cantan los Estopa ”Oye, me han echado del infierno; dicen que es que me falta un pecado”, y a mí me podría pasar también, que son más que mis virtudes. Sin embargo, fui bendecido con la fortuna de tener unos padres que, entre otros principios, me inculcaron la importancia del cuidado de lo común, precisamente porque es de todos, y no de nadie, como argumentan quienes se preocupan poco de estas cuestiones. Y a cuenta de todo esto, me pregunto si esta inquietud legítima y necesaria por el medio ambiente, estos retos internáuticos para recuperar espacios naturales transformados en basureros, estarán conectados con la recuperación de una conciencia educativa, enfocada a no contribuir precisamente a dicha acumulación de basuras, y que empieza por algo tan simple como no arrojar lo que ya no sirve al suelo por el que circulamos o paseamos.   

Cuando era niño, la reacción de mis padres si por casualidad se me ocurría dejar caer un envoltorio de caramelo en la vía pública era tal, que por nada del mundo se permitía. Si no había papelera cerca, te lo quedabas hasta encontrar una. Fácilmente se convirtió en un cuidado que de manera natural perdura hasta hoy; un principio que intento transmitir a mis hijos, con el deseo de que forme parte de los suyos también.

A la espera de que la educación sobre éste y otros principios se vuelva viral, nos conformaremos con estos retos de limpieza, que ojalá sea la manera, en el siglo XXI, de retomar el civismo de la sociedad. Resultaría realmente esperanzador.

Manuel Povea

https://www.instagram.com/p/BvCAG64AZy6/

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