María Teresa Fernández de la Vega: ''Lo primero que hace feminista a una mujer es pensar, observar y comprender''

Debate sobre el poder femenino entre Gloria Lomana y María Teresa Fernández de la Vega

  • Para hablar del camino a la igualdad hemos reunido a dos mujeres lideres implicadas en poner fina a las discriminaciones: María Teresa Fernández de la Vega, presidenta del Consejo de Estado y exvicepresidenta del Gobierno, y Gloria Lomana, periodista autoria del ensayo ‘#ElFinDelMiedo’ y exdirectora de informativos de Antena 3.

Hoy el feminismo se escribe en plural, con mujeres en conexión. Este año las mujeres hemos sabido explicar que la igualdad no es la suma de muchas igualdades sino una causa justa transversal, que nos reclama a todos. María Teresa Fernández de la Vega trabajó por sacar adelante la ley de Igualdad de 2007. Hoy es la primera presidenta del Consejo de Estado, y antes fue la primera vicepresidenta de Gobierno en España. Parece que está en su ADN abrir puertas antes cerradas a las mujeres, aunque ella insiste en que es un logro de todas las que, antes que nosotras, recorrieron el camino.

”¿Cómo es una mujer así?”, me pregunta gente que sabe de nuestra amistad, ”¿tiene mucho carácter?, ¿es mandona?”. Y yo pienso: «Otra vez los estereotipos, ¿acaso se dice eso de un hombre con poder? Estereotipos que María Teresa rompe: llega envuelta en los cálidos rojos y naranjas que hablan por ella, apenas maquillada, con actitud pausada, una muestra inequívoca de que mujer y poder no tiene que ser griterío, ni imposición ni las dosis de testosterona que algunos hombres exhiben. Ella ejerce el poder en cuanto la fuerza transformadora que es.

GLORIA LOMANA. En España 2018 ha sido el año del feminismo. Y hay quien lo ha visto como una botella de champán burbujeante, pero que una vez abierta pierde fuerza.

MARÍA TERESA FERNÁNDEZ DE LA VEGA. No va a ser una botella de champán, sino un río cada vez más caudaloso. Las mujeres y los hombres de este país están dando una lección de igualdad y ese es un capital que no se puede desaprovechar.

He meditado mucho sobre los noes con los que hemos crecido las mujeres, y sobre los miedos e inseguridades que eso acarreaba.

Más allá de los tópicos que se nos han atribuido, y en realidad desmintiéndolos, las mujeres llevamos mejorando la vida desde el principio de los tiempos. Entendemos las necesidades y los problemas de la gente, porque la hemos cuidado desde siempre.

¿Y si damos la vuelta a los estereotipos, podemos encontrar la oportunidad? Porque lo que sí está demostrado es que somos más comunicativas, empáticas, flexibles…

Los hechos están ahí. Un estudio del Peterson Institute for International Economics indica que las empresas con mayor número de mujeres al mando son más rentables. Las compañías con al menos un 30% de ejecutivas tienen un 15% más de beneficios. También, y lo dice Naciones Unidas, cuando participan en los procesos de paz, la probabilidad de alcanzar un acuerdo que dure al menos dos años se incrementa en un 20%, y la probabilidad de que el acuerdo dure al menos 15 años aumenta un 35%.

A raíz de la Ley de Igualdad de 2007 las empresas han ido incorporando mujeres a los consejos, pero no a puestos directivos, donde se cuece realmente el poder. Quizá los hombres que lideran están cubriendo el expediente en vez de crear una auténtica cultura inclusiva en sus empresas.

Todavía no tenemos un gran porcentaje de mujeres en los consejos, pero cada vez hay más. Es en el mundo económico donde se aprecia que avanzan con celeridad y seguridad. Solo conversando un rato con ellas te das cuenta de que son solventes, brillantes, comprometidas, de que merecen estar en puestos de decisión. Si hay que ayudar a que eso ocurra, pueden ser necesarias medidas concretas.

¿Qué deben hacer las mujeres para no perder ni una sola oportunidad? Porque muchas abandonan su carrera profesional tras la maternidad, reclaman en menor porcentaje aumentos de sueldo o puestos de liderazgo…, el famoso síndrome del impostor.

Es una cuestión de autoconfianza, y en eso hemos avanzado mucho. Tenemos confianza en nosotras mismas, avalada por nuestros logros, y confianza social en la capacidad privada y pública del sexo femenino. Esto es el bien intangible más preciado, porque hace posible la gobernabilidad y el equilibrio social público. Allí donde las mujeres son libres y actúan, la sociedad mejora. Por ello ahora se aprecian a sí mismas y se saben apreciadas. Tenemos confianza, damos confianza y producimos confianza, una de las energías más sutiles que el mundo emplea para funcionar. Y eso es ahora algo que los dos sexos conocen. El feminismo cambia y mejora el mundo.

Por cierto, ¿qué te hizo feminista?

Lo primero que hace feminista a una mujer es pensar, observar y comprender. Nací en una familia ilustrada y progresista, donde la política era importante. Sin embargo, veía que las expectativas y la forma de tratar a mi hermano eran diferentes. Y era más notorio aún en la calle, en la universidad…, ¡si cuando empecé a estudiar Derecho ni siquiera podía aspirar a ser juez! Luego, cuando conoces el pensamiento feminista te das cuenta de que la lucha por la igualdad es un camino que tienes que seguir hasta el final.

Mi familia era modesta y recuerdo a mi madre, que dejó de trabajar al casarse… Con el tiempo he valorado aún mas el esfuerzo que hizo por que yo estudiara. El caso es que siempre tuve mucho carácter y ahora me doy cuenta de que de niña era muy protestona.

[Teresa ríe, cercana]. Es que de niña una no sabe que es feminista, pero lo es. Tenemos que escribir la historia con testimonios como el de tu madre, con lo que escuché a mi abuela, a mis tías…

El término feminismo se está normalizando con un enfoque inclusivo, reclamando la colaboración masculina. Aunque el otro día en un debate cuatro hombres hablaban de la igualdad que implementaban en sus empresas. Y al preguntarles si eran feministas, se quedaron de piedra, se miraron entre sí y al final ninguno dijo sí.

No hay que extrañarse de eso, pero esta ola no tiene vuelta atrás.

A veces pregunto lo contrario: ¿qué es no ser feminista, que tu hija no tenga las mismas oportunidades que tu hijo? No creo que ningún padre quiera eso.

El término feminismo ha perdido casi todo el carácter peyorativo que el patriarcado se encargó de incorporarle. Hoy, cuando se llama feminista a una mujer se está poniendo en valor su compromiso con los valores democráticos y con la igualdad.

Donde se avanza poco es en la conciliación, ¿no? Y en la corresponsabilidad. A veces pienso que en muchos casos de bajas paternales simultáneas puede ser que ella siga ocupándose del bebé y el hombre sentado en el sofá…

Es lo que la filósofa francesa Sylviane Agacinski ha denominado «el mayor fracaso del feminismo», pero que yo prefiero considerar como nuestra gran asignatura pendiente, porque no es algo a lo que vayamos a renunciar. Y es que a pesar de haber introducido la igualdad como el gran valor de nuestro tiempo, a pesar de los millones de mujeres que han visto reconocida su valía, a pesar sobre todo de la capacidad transformadora de las nuevas tecnologías, todavía no hemos sido capaces de superar el viejo modelo patriarcal.

Las mentes otra vez… y las políticas activas que decíamos.

¡Claro! Cuando la mujer decide salir del hogar para participar en igualdad en los asuntos públicos, asumiendo junto con los hombres la responsabilidad en estos ámbitos, no se produce de manera inversa la asunción por parte de los varones de su cuota de responsabilidad en el espacio privado. También hay que poner en valor que nuestras hijas no pueden ni quieren convertirse en una nueva generación de heroínas de lo cotidiano. Mujeres para las que hacer compatible el trabajo de fuera y el de dentro se convierte en una carrera, en un récord diario que además de someterlas a una tremenda presión es una fuente permanente de renuncias y mala conciencia.

Tener que ser una superwoman ha sido tremendo. Frente a eso, cada vez se habla más de involución entre las chicas, con las crecientes actitudes de control a través de los móviles, o por la mayor tiranía que les imponen los selfies o las influencers… ¿No les hemos explicado lo que ha costado llegar hasta aquí?

Eso puede existir, pero conozco también a muchísimas jóvenes que incluso piensan que nosotras ni siquiera somos feministas… Van a por todas y no están dispuestas a dar un paso atrás.

Entre algunos hombres se nota un cierto desconcierto. He oído eso de ”mejor ni te doy dos besos en el saludo, a ver si luego vas y me denuncias”. ¿Y qué me dices de los que declaran abiertamente sentir miedo ante la ola feminista desatada por el #MeToo?

Los hombres que tienen respeto a las mujeres no sufren esos miedos. Es lógico que los que no los tienen teman verse expuestos después de tanto tiempo de impunidad. Igual hasta pueden llegar a comprender lo que siente una mujer cuando se ve acosada.

  • Terminada la charla que nos habíamos propuesto, es imposible no seguir con el tema. En el ascensor hablamos de cómo en 2018 las mujeres han llegado al final del miedo no solo a que te acosen, también a ocupar el centro de un escenario, a pedir la palabra, a no ser una ‘superwoman’. Y, del mismo modo que comenzamos reclamando implicación por la igualdad a toda la sociedad, María Teresa también aquí traza una línea transversal: ”Todos, hombres y mujeres, podemos sentir miedo. Fue precisamente combatirlo lo que ha empujado a las socialdemocracias a poner en marcha sistemas de seguridad y solidaridad que han hecho posibles los Estados del bienestar. Ni que decir tiene que la igualdad está en el centro, tiene que estarlo, de ese modelo de organización política”.

La seguridad con la que María Teresa se expresa es tal que solo me cabe reafirmarme en lo mismo que pienso: así será.

También puede interesar

Dejar un comentario