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Meghan y Harry, una historia de amor sin héroe ni princesa en apuros (más bien al contrario)

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Ha dejado picueto incluso a los más entendidos en la materia, pero desde luego el anuncio de los duques de Sussex de renunciar a sus privilegios como parte de la Familia Real británica, ese «dar un paso atrás» de su comunicado, se venía barruntando. Sobre todo porque algo se podía intuir de paralelismo entre la historia de Meghan Markle y el príncipe Harry con la de los padres de este último, el príncipe Carlos y Lady Di, en el sentido de que ambas fueron mujeres fuertes que no quisieron pasar por el aro monárquico tal y como se esperaba de ellas en Buckingham Palace.

¿Cómo ha sido entonces esta historia de amor y qué pistas nos ha ido dejando? Tenemos que situarnos en julio de 2016, cuando un amigo en común, Markus Anderson, les organiza una cita a ciegas. Flechazo: actriz y príncipe se enamoran y, aunque viven a 5.700 kilómetros de distancia, en Toronto y Londres, respectivamente, nunca pasaron «más de dos semanas sin vernos».

«Lo único que le había preguntado a mi amigo cuando me dijo que nos quería presentar fue ‘¿es amable?’, porque si no, no iba a pasar nada. Así que quedamos para tomar algo y enseguida nos preguntamos ‘Oye, ¿qué vas a hacer mañana? Deberíamos salir otra vez’. Todo fue muy rápido», contó Meghan Markle en el documental Cuando Harry encontró a Meghan, emitido en Channel 4.

«Las estrellas estaba alineadas. Todo fue simplemente perfecto», recordaba el hermano de Guillermo de Inglaterrra. Él, dos años antes, les había dicho a sus amigos que la intérprete de Suits era su «mujer ideal». Tenían, además, un proyecto común: cambiar el mundo. Algo que, por separado, una actriz y un príncipe pueden hacer a medias, pero juntos…

Bajo las estrellas de Botsuana…

Comienzan a salir y ese deseo les lleva, tres o cuatro semanas después de conocerse, a Botsuana, país especial para el hijo de Diana de Gales, que más tarde elegiría en la nación africana el diamante de su anillo de compromiso. La primera escapada romántica es inolvidable. Descubren que son sus respectivas medias naranjas.

«Pude convencerla de venir conmigo y nos encontramos en Botsuana. Acampamos bajo las estrellas…», rememoró Harry haciendo una pausa dramática, «y estuvo conmigo cinco días. Fue totalmente fantástico». Allí deciden que, hasta que salte la liebre (de la prensa rosa), continuarán viéndose en viajes relámpago entre Canadá y Reino Unido.

La liebre salta en octubre. Los rumores son ya casi apabullantes. No se esperan más porque no hace falta ocultar nada: en noviembre la Casa Real se refiere a Meghan Markle como la «novia» del príncipe Harry. Fue, posiblemente, uno de los peores momentos de la vida de la actriz. El comunicado en cuestión no era por el amor que sentían, sino por la campaña incesante contra ella (de la que algunos periodistas, como Piers Morgan, han seguido siendo adalides).

«Su novia, Meghan Markle, ha sido objeto de una ola de abusos y acoso. Algunos de ellos públicos» se podía leer en las palabras provenientes de Kensington, que admitía que Harry estaba «preocupado por la seguridad de la señorita Markle y profundamente decepcionado por no haber sido capaz de protegerla. No es correcto que a los pocos meses de relación con ella, la señorita Markle deba ser objeto de esta tormenta mediática».

Las primeras polémicas

Años más tarde, en octubre de 2019, la duquesa de Sussex admitió: «Me advirtieron de que los tabloides destruirían mi vida». Pero en aquel momento aún no es consciente de lo que está por llegar. Esas Navidades las pasan por separado, cada uno con su familia, pero mientras que la de Harry no da titulares, se comienza a conocer la familia de la futura esposa del príncipe: madre divorciada, no se habla con su padre ni con sus hermanos y sacan todos los trapos sucios que hubo en dicha casa.

Deciden pasar el Fin de Año solos, alejados de todo ruido: ya han salido publicadas sus primeras fotografías juntos paseando por Londres en The Sun, así que se marchan a ver auroras boreales y excursiones para divisar ballenas en Noruega, en la ciudad de Tromsø, famosa por sus fiordos.

Se dan su primer beso en público durante un partido de polo del Audi Polo Challenge en el que jugaba Harry, pero antes han hecho su primera aparición oficial, en la boda de unos amigos del príncipe en Jamaica, lugar donde tuvo lugar la primera boda de Meghan Markle: con el productor Trevor Engleson, en 2011. Los tabloides vuelven a la carga recordándolo.

Meghan entra en Buckingham Palace

Para entonces, en uno de los gestos que mayor repercusión tuvo (significaba que ella estaba dispuesta a renunciar a todo por amor), Meghan Markle había cerrado su blog de estilo de vida, The Tig. Entre eso y que asistió al convite (no al enlace) entre Pippa Middleton -hermana de la duquesa de Cambridge- y James Matthews, su relación iba viento en popa. Como la popularidad que adquirían.

Pero todo cambió tras su viaje en verano a África (visitaron Zambia y Zimbabue, donde visitaron las cascadas Victoria, que llevan el nombre de su antepasada): Meghan Markle concede una entrevista a Vanity Fair en la que habla abiertamente de su relación con Harry, saltándose cualquier protocolo. Será la primera vez que no callarse le haga enfrentarse a la familia real británica.

«Somos felices y estamos enamorados. Estuvimos saliendo de manera discreta durante seis meses antes de ser noticia y, mientras, yo estuve trabajando todo el tiempo, lo único que ha cambiado es la percepción que la gente tiene de mí. No ha cambiado nada. Soy la misma persona, mi relación no me define», aseguró.

Poco después, su primer acto oficial y público: los Juegos Invictus, en Toronto, a los que también asiste la suegra del príncipe, Doria Radlan. Ese mismo octubre, ya no hay marcha atrás: tras una cita para tomar el té con la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham, la maquinaria informativa empieza a elucubrar con la idea de matrimonio. Que una de sus compañeras en la serie Suits, Nicky Bursic, se despida de ella a través de Instagram no deja lugar a dudas.

El esperado anuncio de su compromiso llega a finales de ese mismo noviembre. La popularidad se dispara. Todo lo relativo a ellos es motivo de escrutinio: desde la ropa que llevan hasta sus gastos o sus gustos. Un gesto mínimo puede suscitar sospechas, y así comienza el rumor de su mala relación con Kate Middleton y, por ende, del distanciamiento de los hermanos.

Ahora sí: los duques de Sussex

La boda es en primavera. 18 de mayo de 2018. Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor. El mundo se para. Y a partir de entonces, todo ha sido un continuo bregar con las informaciones, la crispación en la familia real británica, con Isabel II, Carlos de Inglaterra y el príncipe Guillermo como los principales mediadores para cambiar los ideales de su nieto, hijo y hermano.

Pero la decisión casi está tomada. No puede más: es un príncipe que se encuentra cohibido y ella no gusta porque no sigue los protocolos ni las reglas. Hasta que volvió a estar sobre la mesa el tema de los abusos sexuales del príncipe Andrés, eran Meghan Markle y las repetidas polémicas con su padre, Thomas Markle, el principal quebradero de cabeza de Kensignton.

También desde fuera se comienza a ver que Meghan Markle no se amilana y que con ella va su marido, que se ve con más potestad que nunca para decir su opinión. Meghan es una mujer poderosa, que no teme hablar de feminismo y posicionarse, apoyando la despenalización del aborto (los miembros de la familia real británica tienen prohibido hacer públicas sus opiniones políticas).

En comparación con Kate Middleton, mucho más consciente de lo que significa guardar las formas, es normal que Markle sea considerada por algunos medios conservadores la oveja negra de Buckingham. Vuelven a empeorar las cosas cuando, tras los constantes ataques, se anuncia que está embarazada.

El embarazo trae bajo el brazo una cantidad de rumores asombrosos, como que quiere dar a luz en casa. Pero las declaraciones de que no les importaría criar a su hijo en género neutro o que protegerían a su hijo y solo lo mostrarían cuando ellos quisieran no casan con la política de palacio.

La ruptura total

Para cuando nació, el 6 de mayo de 2019, Archie Harrison Mountbatten-Windsor, sus padres ya tenían casi tomada la decisión de marcharse de la familia real, de ahí que se separasen de la fundación que compartían con los duques de Cambridge, no entrasen en más polémicas, a pesar de que todo era una para los medios británicos: medioambiental por sus gastos en viajes, política por su desplante a Donald Trump, Meghan como editora puntual de la revista Vogue (con muchas mujeres racializadas y de izquierdas, para más señas), etc…

El punto culminante y que da a entender que esta necesidad de ellos de seguir cambiando el mundo lejos del ala protectora de Isabel II es que la matriarca inglesa eliminó la fotografía de ambos de Buckingham Palace en un gesto inaudito. Para cuando queramos saber más, habrá que esperar a la temporada de The Crown de los días recientes…

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