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Futbol

Muere José Antonio Reyes

Reyes festeja un gol al Betis en Europa League en 2014. Marcelo del Pozo

Antonio Reyes después de Antonio Puerta.

La tragedia golpea a una de las mejores generaciones de futbolistas que ha tenido el Sevilla. Habían nacido con un año de diferencia, en 1983 y 1984, respectivamente. En los años sucesivos lo harían Jesús Navas y Sergio Ramos, criados todos en la ciudad deportiva de la carretera de Utrera, al sol como maletillas que hacen lunas. Los dos últimos encontraron su lugar en ese sol, campeones del mundo, pero, hoy, son incapaces de recordar nada de aquello, envueltos en las sombras de quien pierde a un compañero del alma, compañero.

De Utrera era Reyes y de Utrera es Joaquín Caparrós, el hombre que hizo de aquellos niños profesionales con la pasión y la pelota. Hace unas semanas, el entrenador dijo que padece leucemia y hace unos días comentó a un grupo de amigos en Madrid sus ganas de vivir. La sangre tiene razones que hacen engordar las venas, escribió Yupanqui, diga lo que diga la ciencia. Caparrós tiene que encontrarla para pensar en mañana, porque hoy es día de vigilia, de llanto y luto.

Debe serlo en toda Sevilla, no únicamente en el sevillismo, como lo es en todo el fútbol, del que se marcha un jugador que lo representaba en estado puro, su esencia, aunque no encontrara siempre el punto de apoyo necesario para mantener el equilibrio. Es una historia tan vieja como el propio fútbol. El talento lo llevó a la Premier, entre los pioneros españoles, como a las puertas de la mejor selección de la historia, pero siempre se quedó a un paso de la cima. Luis Aragonés decidió iniciar el camino finalmente del éxito sin Raúl, pero también sin Reyes y sin Joaquín, dos sevillanos enfrentados por colores que, hoy, se funden en el dolor.

El destino ha golpeado severamente a un club que se ha reconstruido pese a todas las adversidades, la muerte de dos de sus futbolistas y la enfermedad de dos de sus entrenadores. Ninguna de ellas se merece. Otra cosa son las que tienen que ver con las responsabilidades individuales, como fue el paso de un presidente, José María del Nido, por la cárcel. Como dice una canción que habla de amor y muerte, Sevilla tuvo que ser, con su lunita plateada, ese lugar donde están clavadas dos cruces, esta vez por dos Antonios, dos futbolistas.

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