Mujeres vestidas de 'El cuento de la criada' protestan en València contra una jornada sobre vientres de alquilar

VALÈNCIA, 10 Nov. (EUROPA PRESS) –

Una decena de mujeres vestidas con la indumentaria de la distopía ‘El cuento de la criada’ han realizado este sábado una performance frente al Hotel Sorolla de València para protestar contra la jornada comercial sobre vientres de alquiler que tenía previsto celebrar la empresa americana Circle Surrogacy en el interior.

El encuentro fue suspendido ante la oposición de un centenar de organizaciones del movimiento feminista y asociaciones de diferentes ámbitos, que han decidido mantener la protesta. Entre ellas hay partidos como la rama de Feminismes del PSPV, Podem o Esquerra Unida, y sindicatos como CCOO PV, UGT PV o Intersindical.

La protesta ha contado con un centenar de activistas y un grupo de mujeres vestidas con el atuendo de la serie basada en el libro de Margaret Atwood, en el que las mujeres fértiles son sometidas a tener hijos y cederlos a parejas que no pueden procrear. Durante la performance, el grupo ha dado vueltas en círculo para después quitarse la vestimenta y gritar ‘Visca la lluita feminista’.

En el manifiesto, al que se han adherido 120 organizaciones feministas, denuncian la práctica de los úteros de alquiler por suponer “la mercantilización del cuerpo y la capacidad reproductora de las mujeres” y mantener “una expresión más de la alianza entre patriarcado y capitalismo”.

Las asociaciones rechazan así que “la mujer sea considerada como un medio y no como un fin”, lo que advierten que supone “un atentado contra su dignidad”. “En los úteros de alquiler se encuentra la escasa o nula garantía de los derechos de las mujeres gestantes y un aumento del negocio que implica esta técnica”, subrayan, para reivindicar que “el deseo de ser padres o madres nunca puede sustituir o violar los derechos que asisten a las mujeres y los menores”.

Bajo este prisma, las feministas defienden que la mercantilización de la maternidad mediante los úteros de alquiler “conlleva un condenable control sexual sobre las mujeres gestantes”, algo que ven equiparable a la prohibición del aborto o la regulación de la prostitución, además del “inevitable riesgo de tráfico de hijos e hijas nacidas de esta práctica y la desigualdad estructural entre hombres y mujeres”.

Para evitarlo, insisten en que la práctica de úteros de alquiler “no puede ser abordada sin tener presente el contexto relacional, desigual y jerárquico, en el que los hombres siguen dominando determinadas relaciones de poder que se articulan sobre los privilegios masculinos y la subordinación femenina, traducida en el sufrimiento de todo tipo de violencias que restan autonomía y dignidad a las mujeres”. Entre ellas destacan las que “mediante un intercambio comercial, ponen a disposición del varón su cuerpo”, como la pornografía, la prostitución o los úteros de alquiler.

PRÁCTICA PROHIBIDA EN ESPAÑA

Sobre esta práctica, las organizaciones recuerdan que la regulación de los úteros está prohibida en España por el artículo 10 de la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana, que considera “nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero”.

En consecuencia, “la filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto”, como recoge el artículo 10.2 de la misma ley. Asimismo, la norma no considera la gestación subrogada como una técnica de reproducción humana asistidas.

Por todo ello, con la performance, las asociaciones quieren expresar su rechazo a “una práctica que instrumentaliza a las mujeres, sabiendo que en la mayoría de ocasiones las que acceden lo hacen en unas situación de extrema pobreza y vulnerabilidad”, sobre todo “cuando manipula en su carácter altruista que dulcifica y esconde el tráfico y la explotación de las mujeres gestantes”.

De cara al futuro, advierten que su regulación “abriría la puerta a articular compensaciones económicas o acudir a otros países en el caso más que probable de que en España no hubiese el número suficiente de mujeres ‘altruistas’ para satisfacer el deseo de ser padres o madres”.

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