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Murió para que otro viviera

“Recuerdo que fue el 14 de noviembre, recibimos instrucciones para ir al campamento de Naru, en Kididiwe, en el este de la República Democrática del Congo. Era una operación conjunta con los cascos azules de Malawi”, narra Ali Khamis Omary, el cabo tanzano y miembro de las fuerzas de mantenimiento de paz de la ONU, también conocidos popularmente como los cascos azules.

En esa fecha, Omary, estuvo cerca de la muerte, pero recibió ayuda justo a tiempo. “Había un combate intenso, y me dispararon en la pierna. Afortunadamente estaba cerca del soldado raso Chancy Chitete, que en medio del tiroteo me hizo un torniquete y me puso una venda”.

Chitete arrastró a Omary hasta un lugar seguro y luego ambos fueron evacuados para recibir tratamiento médico. Es lo último que recuerda el soldado de su héroe, hasta que se enteró que había muerto de los balazos que recibió mientras intentaba ayudarlo. “Los grupos armados le dispararon muchas veces, y falleció”, lamenta.

El soldado Chitete sabía que tenía que actuar o su camarada moriría. Mientras volaban las balas, arrastró al cabo Omary de vuelta a un área más protegida.

La tragedia ocurrió durante la “Operación Usalama”, un operativo de apoyo a la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo contra las llamadas Fuerzas Democráticas Aliadas, un grupo armado que aterrorizaba a la población civil e interrumpía las operaciones de respuesta al ébola en la parte oriental de la nación africana.

 “El soldado Chitete sabía que tenía que actuar o su camarada moriría. Mientras volaban las balas, arrastró al cabo Omary de vuelta a un área más protegida. Mientras le protegía y administraba los primeros auxilios, el soldado Chitete fue alcanzado por fuego enemigo. Ambos lograron ser evacuados para recibir tratamiento médico. El cabo Omary sobrevivió.  El soldado Chitete, no”, describió el Secretario General de la ONU durante la reciente entrega de la “Medalla Capitán Diagne al Valor Excepcional”, otorgada de manera póstuma a Chitete.

MONUSCO

El soldado Chancy Chitete, de Malawi, fue herido fatalmente al salvar a un compañero de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

Un acto de sacrificio

El cabo Omary logró sobrevivir gracias al heroísmo y el sacrificio de su camarada, quien ayudó a conseguir el objetivo de las fuerzas de mantenimiento de la paz y a desalojar el operativo de las Fuerzas Democráticas Aliadas, algo por lo que siempre estará agradecido.

“Honestamente, me siento mal, porque era mi compañero con el que trabajaba. Mi deseo es que no hubiese terminado así, pero es la voluntad de Dios y ahora rezo por él”, dice.

António Guterres alabó el heroísmo y el sacrificio del casco azul  malauí quien abandonó su unidad para asistir a su camarada.

“Salvó a sus compañeros y ayudó a la ONU a proteger a los más vulnerables. Marcó la diferencia de manera profunda”, destacó.

El secretario general adjunto para Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Jean-Pierre Lacroix, también resaltó que el sacrificio del soldado Chitete «pone de relieve los peligros que afrontan a diario” los cascos azules al efectuar sus tareas de protección en algunos de los escenarios más complicados del mundo. El soldado Chitete representa una fuente de inspiración para todos y estamos orgullosos de honrar su memoria y conmemorar su valiente y desinteresada acción».

Desde el comienzo del año 2018, 119 miembros del personal militar, policial y civil de mantenimiento de la paz de la Organización perdieron sus vidas en cumplimiento del deber.

ONU/Eskinder Debebe

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres (d), consuela a Lachel Chitete Mwenechanya, la viuda del soldado Chancy Chitete, un exmiembro de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas de Malawi.

La viuda de Chancy Chitete fue quien recibió la Medalla Capitán Diagne de manos del Secretario General, en honor a su fallecido esposo, y quien pasó a la historia de las Naciones Unidas como un héroe.

El Consejo de Seguridad estableció la distinción el año 2014 con el objetivo de “reconocer al personal tanto militar como civil que demuestre un valor excepcional” en el desempeño de su tarea.

La condecoración lleva el nombre del difunto capitán Diagne, quien salvó cientos de vidas el año 1994, antes de ser asesinado mientras prestaba servicio como miembro de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en Rwanda. La medalla inaugural la recibió la familia del capitán el año 2016.

“He aprendido mucho sobre paciencia y colaboración en este trabajo. El mundo debe seguir ayudando a los cascos azules y darnos apoyo, y reconocer nuestro trabajo, porque lo que hacemos es bueno”, concluye Ali Khamis Omary.

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