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Tenis

Nadal y sus finales sembradas de minas en Melbourne

Rafa Nadal (izda) y Novak Djokovic, tras la final del Abierto de Australia de 2012. REUTERS

«’Tú sabrás si quieres hacer el esfuerzo o no, es tu problema. Lo que sí puedo decirte es que tal vez no estarás tan cerca como hoy de ganar un Abierto de Australia. Ahora estás mal. Faltan dos horas y media y me dices que estás muy mal. Dentro de dos horas y media, tranquilo, que no estarás mejor. No va a bajar Dios a ayudarte, ni tu madre ni tu padre. Tú decides lo que quieres hacer’. Volvió a replicarme: ‘Para ti es muy fácil decirlo’. Le dije: ‘Mira: me gustaría que un francotirador se pusiera en la grada apuntándote y que te dijeran que cuando pararas de correr te dispararía, vamos que si correrías, correrías todo el tiempo’. Estuvimos charlando mucho, porque le veía muy cabizbajo. Y al cabo de una hora, la cara le cambió. Vi que aquello le había hecho efecto y empecé a hablarle de manera diferente. Hacía poco que había ganado Obama con el yes we can, y le dije ‘vamos, repítetelo’. Ya empezamos con más chistes y con una actitud más relajada».

Son palabras de Toni Nadal en una larga conversación con este periódico en la que rememoró, antes de abandonar su rincón, distintos episodios vividos junto a su sobrino. Remiten a la final del Abierto de Australia de 2009, el único que ha ganado hasta la fecha el español. Nadal había vencido a Fernando Verdasco en la semifinal del viernes después de cinco horas y 14 minutos. Estaba destruido y no se sentía en condiciones de medirse con Roger Federer en la final del domingo. En otro alarde marca de la casa, venció al suizo en otros cinco sets, después de cuatro horas y 19 minutos. «Esto me está matando», dijo Federer, desesperado ante el continuo azote del español, que le tendió el brazo en la ceremonia de entrega de premios.

Fue la primera de las cuatro finales que ha disputado en Melbourne, a la espera de la que jugará mañana (9.30 horas) contra Novak Djokovic, aquella donde logró el sexto de sus 17 títulos del Grand Slam.

Todos los litigios directos por la copa en el primer grande de la temporada han tenido un relato paralelo, sólo en aquella ocasión con feliz desenlace. Eliminado en cuartos de final los dos años siguientes por Andy Murray, ante quien no pudo terminar el partido por lesión, y por David Ferrer, también con problemas físicos, volvió a la final un año después.

Allí estaba Novak Djokovic. El serbio venció por 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 (5) y 7-5, después de cinco horas y 53 minutos. «Fue la derrota más dolorosa, junto a la de Roland Garros con Soderling, en 2009, en octavos. Me fui muy afectado. Es un partido que no he querido volver a ver nunca más. Veníamos de seis derrotas consecutivas con Djokovic y había que buscar una solución. Estuvimos todo el mes de diciembre practicando un golpe que yo creía fundamental, el winner de drive. El panorama cambió. Rafael se puso a jugar muy bien, pero al final perdimos», evocaba Toni en aquel encuentro mantenido con EL MUNDO en la Rafa Nadal Academy.

Nadal dejó escapar una victoria que tuvo muy cerca. En el quinto set, con 4-2 de su lado, recién logrado un break, dominaba 30-15 y falló un revés paralelo franco, que la réplica del Ojo de Halcón confirmó fuera de la cancha. Perdió el saque y pronto se encontró en desventaja que pudo neutralizar con otra bola de ruptura, sofocada por Nole: 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 (5) y 7-5 fue el dictamen, la ratificación del jugador de Belgrado como el gran dominador del circuito.

Wawrinka y Federer, últimos verdugos

Dos años más tarde, Nadal envidó otra vez por la copa. Se enfrentaba a Stan Wawrinka, ante el que no había cedido un set en los 11 enfrentamientos previos. Saltó a la pista, pese a sufrir una seria contractura en la espalda durante el calentamiento. Muy limitado, cayó en cuatro sets y estuvo varios meses de baja. En 2017 se reencontró con Federer, bien ganada la etiqueta de favorito. La última victoria que le había infligido el suizo en un torneo del Grand Slam databa de 2007, en la segunda de las tres finales que jugaron en Wimbledon. Federer, en el inicio de una secuencia aún vigente de cinco triunfos consecutivos, encontró la manera de neutralizarle atacando presto la pelota con su revés para que atenuar los efectos de Nadal. Con todo, se enfrentó a un 1-3 adverso en el último set, antes de encadenar cinco juegos y vencer por 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3. Era su primer torneo oficial después de seis meses ausente por lesión.

No acabaron ahí las penalidades, deportivas o físicas de Nadal en el Abierto de Australia. En 2018, se retiró en cuartos de final cuando perdía por 0-2 en el quinto frente a Marin Cilic debido a una lesión en el psoas ilíaco de la pierna derecha. Tardó más de dos meses en reaparecer, en Copa Davis, frente a Alemania. Nada es casual. Hasta este año en Melbourne, el español o bien renunció a jugar o bien abandonó en 16 de los últimos 17 torneos en pista dura. A la final llega intacto y sobrado de energía.

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